Pensando en común: Conversación con Any Bares, feminista uruguaya

Entrevista a Any Bares. Por: Ileana Álvarez.

Si a las mujeres en Cuba nos queda mucho por avanzar en cuanto a la articulación y el crecimiento de la ideología feminista que tanto bien le ha hecho al mundo, tenemos la suerte de contar, en nuestra región, con un movimiento feminista muy vital que está transformando la legalidad y ayudando a desmontar la cultura patriarcal. Las feministas cubanas necesitamos asumir los referentes de este movimiento y sus logros en la erradicación de cualquier injusticia por carácter de género.

Entre las muchas alegrías que me ha traído la realización de la revista Alas Tensas, está precisamente la posibilidad de conocer a activistas y académicas de Latinoamérica.

Converso, ahora, en la terraza de mi casa, con Any Bares, feminista uruguaya, residente en Montevideo. No nos conocíamos personalmente. Ha viajado atraída por la historia y la realidad de una isla diferente, envuelta en mitos y símbolos, y por la labor de las feministas cubanas. Graduada de Psicología, se ha especializado en temas de género, y en sus estudios muestra interés por cómo Cuba y otros países del área piensan el feminismo.

Any, es un gusto tenerte en casa, conocerte personalmente y hablar de feminismo. Quisiera comenzar preguntándote el por qué eres feminista.

Gracias, Ileana, el gusto es mío. Me preguntabas por qué soy feminista, y yo siempre cuento que, en realidad, mi abuela que tenía 92 años fue la que me inculcó el feminismo sin saber exactamente que lo hacía. Ella una vez me dijo: “Yo quería ser maestra, vivía en el campo, era muy pobre, y no pude ser maestra porque era mujer. Me tocó cuidar a mis hermanos y no pude ir más a la escuela rural, que quedaba lejos”. Yo tenía 7 años cuando me contó esto y me dije: “¿porque es mujer?, no entiendo”. Empecé, entonces, a pensar qué sería aquello de “ser mujer” y por qué había una diferencia con ser varón en relación a las oportunidades de estudiar, por ejemplo, que era lo que mi abuela quería haber hecho y no pudo. Y bueno, a partir de ahí mi vida fue como cuestionándose un poco ese tema, hasta que finalmente, luego que me recibí de psicóloga en la Universidad de la República, me formé en género, y ahí descubrí el feminismo y le puse nombre a aquello que mi abuela tan sencillamente había dicho.

Después de ahí empecé a investigar un poco más sobre el tema del machismo, sobre el patriarcado, y cómo se manifiesta en los distintos lugares de Latinoamérica. Bueno, es súper interesante también vivirlo desde Cuba; es otro código, otra forma, pero que sí que está, evidentemente hay que estudiarlo mucho, pero por lo menos quería experimentarlo, vivirlo, caminar por las calles y ver qué ocurría, y, en ese sentido, tenía ganas también de encontrarme con feministas que estuvieran aquí trabajando estos temas, que es diferente a como ocurre en Uruguay.

¿Y cómo es en Uruguay?

Nosotras en Uruguay tenemos políticas públicas en relación al género. Tenemos un grupo de feministas que hablamos de feminismos diversos porque hay feministas que están dentro del Estado, trabajando por la igualdad de género, con mucha fuerza, y es una lucha muy válida; y también están las feministas autónomas, que son una masa importante de mujeres, y también varones. Tenemos grupos de varones anti-patriarcales que están ayudando mucho al tema del feminismo también desde fuera del Estado. Son, generalmente, las feministas autónomas las que están proponiendo a las feministas que están dentro de las instituciones cuáles serían los temas a ingresar dentro del Estado. Eso no es intención, obviamente; eso genera una tensión permanente entre aquello que está en la gente, que se percibe como una forma de desigualdad, y lo que el Estado interpreta que son las desigualdades que hay que abordar. Pero esas luchas tienen un canal de comunicación aún en nuestro país, y son luchas que son necesarias en ambos lados, tanto en las autónomas como en las feministas institucionalizadas.

Bueno, ¿y qué información tenías acerca de las feministas cubanas?

Una de las cosas que me daba más curiosidad de Cuba era que, desde Uruguay, los números en relación al feminicidio eran que no existía en Cuba, cosa que me llamaba mucho la atención. A través de la revista descubrí que sí, que se estaban registrando algunas muertes, obviamente no como una problemática social tan grave como, por ejemplo, en Uruguay; pero sí me pareció interesante el proceso, porque nosotros en Uruguay desde hace muy poco tiempo estamos contando cuántas mujeres mueren por razones de feminicidio y eso fue a través del movimiento de mujeres que salieron a la calle cada vez que una mujer moría por el solo hecho de ser mujer. Comienzan las movilizaciones a ser muy fuertes en Uruguay. En la calle principal de Montevideo empiezan a salir las mujeres; primero las mujeres organizadas a nivel de los colectivos logran visibilizar que aquel número de otra mujer muerta no era una cuestión privada, no era una cuestión de que su marido le pegó, que su marido la mató porque ella hizo algo malo, sino que tenía que ver con razones de género y relaciones de poder, y a partir de ahí el Estado comienza a contabilizar.

Terminamos el 2017 con 37 muertes de mujeres en Uruguay, cuantificadas por las organizaciones sociales, y ahora un poquito más visibilizadas por el Estado, y se está generando una ley, algo también controversial, porque evidentemente lo que se está planteando con la ley del feminicidio es justamente lo punitivo y eso también es un debate de las feministas uruguayas, de si es con lo punitivo que se puede dar un mensaje claro sobre la muerte de las mujeres, o si es a través de un cambio cultural. Por lo pronto esa ley ayuda a que realmente disminuya ese número que va en aumento en relación a la muerte de las mujeres. Del cambio cultural todavía estamos un poco más lejos, pero bueno, dentro y fuera del Estado se está intentando ese movimiento.

Y con relación a otros feminismos latinoamericanos, ¿cómo lo ven las uruguayas?

En Uruguay tenemos también mucho debate en relación a los feminismos latinoamericanos de que cómo se tienen que pensar, si en relación al contexto latinoamericano o a los feminismos que vienen de Europa o de otros países. En realidad, eso siempre está como en debate, sobre todo porque tenemos una mezcla. Nosotros tenemos una mezcla muy fuerte, obviamente somos latinoamericanos, y también tenemos mucho de la cultura que no es latinoamericana y que está ahí como queriendo ser el modelo. Muchas de estas cuestiones de índole teórica están siendo discutidas necesariamente en nuestro país. Entonces, de alguna manera, las activistas feministas de Latinoamérica intentan leer, nutrirse de esas mujeres que escriben en contextos latinoamericanos para contextos latinoamericanos, y visibilizando lo que tienen en común.

En este momento estoy pensando en el feminismo poscolonial, en cómo influye y se desarrolla en nuestros países. Yo también creo que, como plantean sus teóricas, se hace necesario mirar la problemática de la mujer de los países poscoloniales teniendo en cuenta además del género otros factores como la pobreza, la raza, la sexualidad, las creencias religiosas. Factores que transversalizan, intersecan la categoría género, y que no se pueden obviar a la hora de su análisis. ¿Qué crees acerca de esto, existe para ti una teoría feminista latinoamericana?

Sí, creo que sí, se está leyendo a un montón de autoras, como en México a Marcela Lagarde. Son temas controversiales, porque generan siempre como una tensión, ¿no?, pero es bueno pensar que cada una en su contexto va llevando su propia lucha. Lo situacional del feminismo es difícil. Pensar las cosas en situación, y a la vez poder ver los aportes de otras feministas en otros lugares. Eso es una tensión que todavía es bien fuerte en Uruguay, es parte del debate todo el tiempo. Estamos hablando no de feminismo sino de varios feminismos, sobre todo en Brasil, el feminismo negro, el feminismo afro… Se está pensando en las múltiples opresiones que atraviesan las mujeres en el sistema patriarcal, que son muchas más que las que tienen que ver solamente con las cuestiones de género. Existen otras opresiones como las de la raza, la orientación sexual, el nivel educativo…

¿Quisieras compartirnos algo más?

Solo agradecer a Alas tensas el hecho de recibirnos con tanta fraternidad y poder pensar juntas sobre estos temas tan importantes y actuales, que, por supuesto, continuaremos, seguramente desde Uruguay. Y con relación a Cuba, no quería dejar de comentarte que tenía muchas expectativas de ver algo más humano, y que en mi caso fue indudablemente colmado. Percibí algo afectivo, cálido, que circula en las calles, porque, bueno, es donde estuvimos, donde transitamos, y que es súper fuerte, sobre todo porque en nuestro país estamos habituados también a otro tipo de registro. En ese sentido estamos como súper contentas de haber podido venir y estar por acá.

Ileana Álvarez

Ileana Álvarez

(Ciego de Ávila, Cuba, 1966). Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas (1989). Máster en Cultura Latinoamericana. Fue directora editorial de la revista cultural Videncia. Tiene publicados, entre otros, los títulos: Libro de lo inasible (1996), Oscura cicatriz (1999), El protoidioma en el horizonte nos existe (2000), Los ojos de Dios me están soñando (2001), Desprendimientos del alba (2001), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (2001), Los inciertos umbrales (premio “Sed de Belleza”, 2004), Consagración de las trampas (premio “Eliseo Diego”, 2004), Trazado con cenizas (Antología personal. Ed. Unión, 2007), El tigre en las entrañas (Crítica, 2009), Escribir la noche (2011), Trama tenaz (2011) y Profanación de una intimidad (ensayo, 2012). Realizó Catedral sumergida, antología de poesía cubana escrita por mujeres (Ed. Letras Cubanas, 2014), donde por primera vez se publicó, en Cuba, un panorama tan amplio de autoras residentes dentro y fuera del país.
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