Poesía española | En el tiempo que dura una canción de amor

"La eternidad habita en el abrazo, / cabe toda en la música / que se mide en minutos / y es siempre más pequeña / que la pista de baile".

Guitarra con flores y la partitura de una canción de amor encima.
"Canción de amor". / Imagen: Pixabay.

La eternidad habita en el abrazo,

cabe toda en la música

que se mide en minutos

y es siempre más pequeña

que la pista de baile.

En el amor

el cuerpo es el más frágil

de todos los espejos

y es cristal vulnerable

ante la más volátil

de todas las caricias

y, sin embargo,

nos hace despreciar el universo

y sentirnos más grandes

que todas las estrellas.

Cuando amamos,

el mundo se concentra

en la mirada mutua,

incandescente,

e insumisa ante el tiempo de los otros,

los que no importan nada

a quien está de amor recién nacido.

La eternidad habita en el abrazo,

en el tacto,en el fuego

y en el momento único.

Lo demás ya no importa.

Pero la música

va contando compases en el tiempo

y se convierte en pausa que se alarga

hasta alcanzar silencios en el aire.

Y entonces el amor

se transforma en camino interminable

de espejismos sin nombre,

donde un sueño palpable y siempre esquivo

se ríe mientras juega con nosotros,

otra vez niños

perdidos como antes

(pero ahora culpables)

entre los árboles del bosque imaginario

donde creímos detenernos para siempre.

El amor, incluso si es el nuestro,

carece de reposo

y nos deja jugando en el camino

sin descubrir su ausencia todavía.

Empezamos entonces a rompernos,

y con toda la vida por delante.

(“En el tiempo que dura una canción de amor” está publicado originalmente en el libro Astrología interior, Ed. Deslinde, Madrid, 2019).