Gioconda Belli: “Un país no puede ser solo de un grupo que piensa igual”

La participación de las mujeres, entre las que se encontraba Belli, en el derrocamiento de Somoza fue decisiva para el triunfo del entonces izquierdista Frente Sandinista.

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Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense.

Entrevistar a una de las escritoras latinoamericanas de renombre como Gioconda Belli no deja de ser un privilegio para una periodista nicaragüense, más si se trata de una figura literaria que se encuentra en el exilio por oponerse al actual régimen de Daniel Ortega que gobierna el país con mano dura desde hace 15 años.

Llegar a ella no fue difícil. A través de una colega y con el apoyo de otro escritor joven nicaragüense pude tener acceso a Gioconda. Me comentó su anuencia a darme la entrevista a pesar de encontrarse devastada por la noticia de la muerte de Hugo Torres, su compañero de lucha en el Frente Sandinista, primero, y luego en contra de la dictadura en Nicaragua. Torres, murió en condiciones terribles como preso político de Ortega, a quien, irónicamente, él sacó de la cárcel en 1974 en un operativo militar. Actualmente, sobre el gobierno de Daniel Ortega pesa la acusación por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el levantamiento popular de abril 2018, que dejó más de 328 muertos, centenares de presos políticos y millares de exiliados.

Años atrás, durante la lucha contra el gobierno de Somoza —el tercer y último miembro de la dinastía somocista que ejerciera el poder dictatorial en Nicaragua desde 1937— Gioconda, Torres y Ortega compartieron una misma causa. Por aquellos años, la participación de las mujeres nicaragüenses en el derrocamiento de la dictadura fue decisiva para la toma del poder del entonces izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN (1979). 

Ahora, la escritora Gioconda Belli, a través de esta entrevista para Alas Tensas, reflexiona sobre aquel proceso idealista de los años ´80, que fue derrocado en 1990 y terminó, años después, con la conformación de una nueva dictadura, encabezada por el Frente Sandinista y quien habría sido su compañero de lucha, Daniel Ortega.  Belli nos habla sobre las contradicciones ideológicas que pesan sobre el sandinismo de Ortega, sobre el sandinismo soñador de una sociedad más justa, la falsa participación de las mujeres en el actual gobierno y sobre el por qué todavía hay sectores de la izquierda a nivel internacional que apoyan el autoritarismo militar de Ortega.

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Gioconda Belli: “Leyendo un poema mientras todas demandábamos que pare la violencia contra las mujeres”. / Imagen: Tomada del perfil de Facebook de Gioconda Belli.

Alas Tensas (AT): A partir de su historia como militante del FSLN e integrante de la guerrilla en tiempos de clandestinidad contra la dictadura de Somoza y luego como parte del proceso revolucionario que se instauró en su país en los años ´80, ¿cuáles considera fueron los errores que se cometieron para finalmente dar al traste con ese proceso esperanzador de liberación de un país que había perecido 45 años de dictadura y ofrecía una revolución con justicia social para todos los sectores de la sociedad?

Gioconda Belli (GB): “Pienso que hay varias cosas que no se toman en cuenta cuando se analiza lo que pasó en la revolución de Nicaragua (1979-1990). En primer lugar, que quienes dirigieron la lucha contra la dictadura de la familia Somoza (1934-1979) éramos un grupo de gente joven que no tenía experiencia de dirigir gobiernos ni de administración pública. La dirigencia del grupo de guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tenían una mentalidad muy de izquierda, de una izquierda tradicional. Éramos muy ideológicos; por otro lado, la Revolución tuvo un año de paz, la embestida empezó prácticamente un año después del triunfo (1979) en 1980, cuando mataron a Georgino Andrade, un alfabetizador que participaba de la campaña de alfabetización. Desde entonces empezó la resistencia.

“Posterior a este caso, la Revolución emprendió cambios muy rápidos. Uno de los grandes problemas que han tenido varios proyectos de izquierda es que quieren cambiar la sociedad de un día para el otro y eso es imposible; esa es una enseñanza para mí. Otra enseñanza, es que no se puede pretender creer que se puede instituir un sistema en el que va a poder estar solamente la gente pura, buena y santa; hay gente que tiene sus intereses, los que se deben respetar. Un país no puede ser solamente de un grupo que piensa de una determinada manera, en eso se falló. No fuimos democráticos, queríamos que el pueblo tuviera una oportunidad y lo demás no importaba. En lo demás siempre se tuvo una actitud de enfrentamiento y de irrespeto a las creencias, a los valores, de otras personas.

“Se enfrentó a los empresarios, lo que se llamaba ´la burguesía´. Era una revolución clasista que quería que el pobre tuviera por fin lo que merecía, la justicia, pero al creer eso falló en no entender que una sociedad no puede solo funcionar para un grupo. Para que el pobre mejorar su situación, se necesita que el país entero mejore sus condiciones, se necesita comprender que las personas tienen motivaciones individuales y que el interés colectivo tiene que tomar en cuenta el interés individual de las personas.

“Esa falta de comprensión, de madurez, en creer que la Revolución podía cambiar todo de un día para el otro, fue muy negativo. La Revolución hizo acuerdos con otros grupos que no se respetaron. Cuando el Frente Sandinista se vio con todo el poder, no se imaginó que iba a ser como fue: que el triunfo quedó absolutamente en manos nuestras, pues en un inicio hubo pláticas para ver si iba a quedar una parte de la Guardia Nacional y otra con la conformación de los combatientes. Al final el ejército de Somoza se desbandó y nosotros llegamos a Managua y entramos a la capital. Se entró y se tomó todo el país.

“El país quedó desolado. Se tuvo que empezar prácticamente desde cero porque todos los ministerios fueron abandonados, no había ministro, no había jueces. Esa es una realidad que las personas que no conocen juzgan tan duramente. Tampoco recuerdan y se ponen a pensar lo que significó la guerra de la contra: eran grupos que eran parte de la guardia somocista y que querían volver a tomarse el poder, empezaron a reclutar campesinos descontentos porque metieron unas propagandas de que, por ejemplo, las vacunas de la polio los iban a enfermar, que les iban a quitar a los hijos o sea, toda una propaganda anticomunista que empezó a tener efecto en el campo y ahí entonces los campesinos se juntaron con los guardias y Estados Unidos inmediatamente empezó a darles millones.

“La cantidad de dinero que dio Estados Unidos a la contra eran más 27 millones de dólares en una de las tantas sumas que recuerdo. A Nicaragua se le dinamitaron tanques de petróleo, se minaron los puertos. Se atacó a Nicaragua con la furia de una capacidad militar mucho mayor y eso descarriló también la Revolución, porque la fuerza de la guerra descarrila cualquier proyecto de mejorar las condiciones de un país.

“Llegó un momento en que era una cuestión de entregar el poder o enfrentarse a la contra. Había también una raíz antimperialista muy grande que todavía existe en Nicaragua por toda la historia de intervenciones norteamericanas y había que enfrentar esa situación. Eso obligó a dedicarle a la guerra mucho esfuerzo y esto, sumado a la mentalidad autoritaria del sandinismo, le hizo un gran favor a la contra porque había justificación para actuar militarmente en muchos sentidos y no había manera de llevar adelante un proyecto más democrático, porque cuando hay una situación de guerra toda la sociedad se militariza, se tiene que obedecer órdenes porque estás en situación de guerra.

“Esta situación fue pésima para la Revolución y dio lugar a que no se tratara de avanzar más en el proyecto social. Se empezó a confiscar la propiedad privada, a hacer cosas que no estaban dentro del proyecto inicial que era de solamente usar los bienes tomados de Somoza y con eso hacer el área de propiedad del pueblo. Fueron muchos los errores”.

AT: El FSLN y su proyecto revolucionario fue derrocado en las urnas en 1990, por una coalición de partidos opositores denominada Unión Nacional Opositora (UNO) y encabezada por una de las primeras mujeres en ser presidentas a nivel latinoamericano, Violeta Barrios (1990-1996). Usted y un grupo de dirigentes solicitaron al partido revisar en qué se había fallado, a fin de darle un giro y oxigenar al FSLN y continuar su premisa de grupo abierto a la inclusión de todos los sectores. ¿Qué pasó con este esfuerzo de crítica interno?

GB: “Cuando se da la derrota electoral, yo por lo menos, vi venir esa situación. Había mucho descontento por el reclutamiento de jóvenes al servicio militar, había escasez de alimentos, todos nos alumbrábamos con bombillos soviéticos que le explotaban a la gente en sus viviendas. Realmente era muy dura la situación y era de esperarse que la gente no quisiera que siguiera el sandinismo. La gente sabía que, si seguía el sandinismo, seguía la guerra, la escasez.

“Cuando se termina la Revolución nosotros, un grupo, planteamos que había que hacer una autocrítica, que había que hacer un análisis primero y en segundo lugar que había que proponer una revolución dentro del sandinismo para que hubiera democracia, para que dejaran de haber órdenes, que se acabara esa consigna esa “dirección nacional ordene” (consigna obligada a la militancia sandinista que hacía referencia a la sumisión de los 9 comandantes que dirigían colegiadamente el FSLN y el gobierno sandinista de entonces), que no se atacara al gobierno de doña Violeta, que se tratara de ser una oposición constructiva, que aprendiéramos de los errores y no siguiéramos en esa misión ideologizada que había hecho daño.

“…hay una falla muy grande en esa idea de que se puede manejar un país solo para un grupo, aunque en principio suene romántico, no es realista, porque se tiene que decidir que una parte del país va a sufrir y que los vas a tener que mantener bajo control...”

“Sentíamos que nos habían quitado la Revolución, que tanto había costado. Además, coincidió con la caída el muro de Berlín —el desastre del mundo socialista— y te dabas cuenta que después de 60 años de la Unión Soviética la gente ya no quería ese sistema, los países del Este ya no querían una Europa socialista. De ahí que uno se preguntaba por qué, qué fue lo que pasó.

Hay una falla muy grande en esa idea de que se puede manejar un país solo para un grupo, aunque sea una idea idealista y en principio que suene romántico, eso no es realista, porque se tiene que decidir que una parte del país va a sufrir y que los vas a tener que mantener bajo control. De esta experiencia surge un sistema que asfixia a la gente y que al final acaba empobreciendo a los países y acaba siendo muy perjudicial para la gente que supuestamente querías ayudar.

“Cuando planteamos eso dentro del Partido, nos atacaron en el congreso, nos dijeron ´traidores´, ´vendidos al imperialismo´, que no podíamos renunciar a nuestro antimperialismo o a nuestra lucha de clase, etc. y que éramos social demócratas. Y sí, en realidad nosotros pensamos si se pudiera hacer una social democracia en Nicaragua sería un gran avance para un país tan pobre, atrasado. Realmente lo que debía lograrse era una democracia que pudiera contribuir al bienestar de todos y aprender a vivir en un país donde todos tuvieran derechos a existir.

“Empezamos a luchar dentro del mismo FSLN hasta que nos dimos cuenta que, igual que están haciendo ahora, había una propaganda muy concentrada dentro de los grupos de base de ese partido, que tenían una adoración por Daniel Ortega, por la idea de la Revolución, del romanticismo que nosotros creamos con la Revolución, ese sentido ético. La gente no quería renunciar a eso, estaba muy dolida por la pérdida de las elecciones y entonces nos empezaron a marginar. Nos dimos cuenta que no teníamos posibilidades de cambiar esas situaciones entonces y decidimos crea otro partido.

“A ese partido le empezaron a hacer todo un trabajo de socavamiento, decían que éramos traidores, burgueses y se quedaron con Daniel Ortega. Los que se quedaron con él, se quedaron con todos los instrumentos del Partido y con las posibilidades del acceso a la base del Partido”.

AT: ¿Cómo se siente respecto al preso político Hugo Torres, quien murió recientemente sin ser liberado, siendo uno de los guerrilleros que liberó en 1974 en un operativo a Daniel Ortega cuando era preso de Somoza?

GB: “A mí me da mucho dolor y tristeza leer en las redes sociales sobre los ´crímenes sandinistas´. Por supuesto que la Revolución fue fallida, pero también hay que tener en cuenta lo que enfrentó la Revolución y eso nunca se toma en cuenta. Me duele que hablen de Hugo Torres, guerrillero histórico y luego general del Ejército Sandinista, quien participó en dos asaltos durante el somocismo para liberar presos políticos, incluyendo a Daniel Ortega en 1974. Torres, se opuso a la dictadura orteguista y fue preso desde junio de 2021 y muerto enfermo, sin ser liberado, en febrero 2022.

Hugo Torres, compañero de lucha de Gioconda, recientemente fallecido en prisión.
Hugo Torres, compañero de lucha de Gioconda, recientemente fallecido en prisión. / Imagen: Internet.

“Torres no estuvo vinculado en crímenes en los ´80, eso no fue así. Estábamos en una guerra y hubo batallas, muertes, hubo Inteligencia, Seguridad del Estado; pero también hubo esa enorme lucha contra la Revolución, toda esa cantidad de dinero, esa cantidad de apoyo que tuvo la contrarrevolución”.

AT: Hay gente de izquierda a nivel internacional que todavía apoya el proyecto orteguista que no tiene nada que ver con los ideales de la revolución que se quiso instaurar en Nicaragua. ¿A qué obedece, según su criterio, esa especie de “fidelidad” a una ideología que, en la práctica, tiene más en común con la dictadura que combatió el sandinismo?

GB: “Yo pienso que los grupos de izquierda que todavía apoyan a Daniel Ortega son grupos que no han analizado realmente la situación de Nicaragua, ni las acciones de Daniel Ortega. Que no han leído lo suficiente sobre lo que ha pasado y que están influenciados por la propaganda orteguista que presenta una película totalmente diferente a lo que está sucediendo en la realidad.

Hay un problema en la izquierda: está híper ideologizada. Esta realidad conlleva a asumir que las sociedades se dividen en ´los buenos´ y ´los malos´ y no hay nada ´gris´ en el medio, en el centro. No existe el ´justo término medio´ del que hablaban los griegos. Realmente ese medio en países pobres donde hay que avanzar poco a poco no lo ven, quieren tomarse ´el cielo por asalto´ de una sola vez y eso es lo que lleva al dolor, a la separación de la familia, a la pobreza y al aislamiento de los países que se dicen de izquierda. Y, en Nicaragua, yo sinceramente pienso que de izquierda no tiene nada el gobierno de Daniel y Rosario”.

AT: En algunos informes internacionales Nicaragua aparece como uno de los más equitativos en el acceso de las mujeres a una participación política y de puestos públicos. ¿Qué opina al respecto?

GB: “Por ejemplo, eso de que las mujeres en Nicaragua representan el 50% en cargos públicos y demás instancias gubernamentales y gremiales del sandinismo, no es cierto. Esas mujeres no tienen ningún mandato, no tienen autoridad porque se ha centralizado el poder en Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“Hubo un documental muy bueno en el que le preguntaban a la gente quiénes eran las ministras en la calle y nadie sabía los nombres, porque son fichas, las tienen como pantallas. A mí, como mujer, me molesta que en las estadísticas internacionales aparece como que somos el quinto país más desarrollado en la igualdad entre hombres y mujeres, en momentos que Nicaragua tiene el mayor índice de embarazo adolescente de la región, hay muertes maternas, hay violencia intrafamiliar y un altísimo número de feminicidios.

(De derecha a izquierda) Gioconda Belli junto a la periodista nicaragüense Sofía Montenegro en una marcha.
Gioconda Belli (derecha) junto a la periodista nicaragüense Sofía Montenegro (izquierda) en una marcha. / Imagen: Tomada del perfil de Facebook de Gioconda Belli.

Hay un pregón desde el gobierno, que es falso, sobre la familia. En Nicaragua no existe la familia nuclear y se hace, desde el gobierno, un uso extremo de la religión, que lo dirige la esposa de Ortega, Rosario Murillo: lo que es apelar a los valores más conservadores, a la superstición. Todo eso no lo ve la gente de izquierda, no ven la contradicción entre el discurso antimperialista y nacionalista y lo que está pasando en realidad en Nicaragua cuando entregaron el país a un comerciante chino para la construcción de un canal que a la fecha no se ha concretado. Los campesinos que serían afectados por esta sesión del territorio se levantaron durante cuatro años.

“Esta situación no la quieren ver. No aceptan como evidencia lo que pasó con el dinero venezolano que aportó del 2007 al 2013 el difunto presidente Hugo Chávez. Ese dinero nunca pasó por el Presupuesto Nacional de la República. No hacen eco de la manera en la que han atacado a los medios de comunicación, a las organizaciones sociales. Muchas organizaciones no gubernamentales, ONGs de desarrollo, han sido cerradas.

En las últimas semanas 12 universidades privadas fueron confiscadas, en un afán de controlar el pensamiento de la gente. Las ONGs de origen sandinista intervenidas tenían una relación muy fuerte con la población porque llegaron precisamente muchas de ellas cuando la Revolución las necesitaba e hicieron proyectos de agua. La organización Padre Fabretto, recién intervenida le daba atención a más de 2000 niños y todo eso se quedó en el aire por un deseo de control, de venganza y de centralizar con una ideología: una ideología que ahora no se sabe qué es, mitad religiosa, mitad dogmática. Hay una manipulación absoluta, desde el estado, de los sentimientos populares”.