Historia de una prisionera

Primer plano de una vela encendida 
 y detrás una mujer borrosa.
Foto: Yosel Falero Luna. Cortesía de: País de Píxeles.

(Habla una mujer de treinta y dos años, que los últimos siete años y cinco meses ha estado interna cumpliendo una sentencia de veinte años por haber dado muerte a su pareja. Testimonio ofrecido por Iyamira Hernández Pita, autora de: Violencia de género. Una mirada desde la sociología, Ed. Científico Técnica, La Habana, 2014.)

Soy de Ciudad de La Habana, municipio Habana Vieja, me crie con mi madre hasta la edad de ocho años en que ella cae presa por quemar a mi padrastro, quien me violó, este era un hombre violento, tomaba mucho, pero nos golpeaba a mí y a mi mamá estuviera tomado o no, yo recuerdo que le tenía terror, varias veces en la noche me despertaba asustada porque sentía los gritos de mi madre mientras él la golpeaba.

Después que mi madre cae presa me ponen a míen un hogar de niños sin amparo filiar, la vida allí fue difícil, yo no me adaptaba muy bien, me fajaba con todo el mundo, hasta que me tuve que resignar y así sobreviví; me visitaba una tía, que era hermana de mi mamá, ella me sacaba de vez en cuando.

En la escuela era buena, aunque tenía dificultades para aprender, me esforzaba porque en el hogar te obligaban a estudiar, alcancé el noveno grado, mi madre salió de la prisión cuando yo tenía trece años, me fue a buscar al hogar y me llevó con ella, nunca más se volvió a casar, ella me daba cariño, pero yo era un poco seca.

Cuando estaba en onceno grado no quise seguir estudiando, me quedé en la casa ayudando a mi mamá mientras ella trabajaba para poderme mantener.

Tengo pocos amigos, porque no soy muy amigable, aprendí que la mujer es un trapo para el hombre, que si no hacen lo que ellos quieren se ofenden, que sólo les importa el sexo. Se comportan como bestias, no consideran a nadie. La mujer, sin embargo, tiene que cuidar de los hijos, luchar el peso, ocuparse de la familia porque eso no está dentro de las obligaciones de un hombre.

Tuve mis primeras relaciones a los quince años con un chiquito que conocíen la calle, fueron regulares porque estuve con él por embullo, me voy de mi casa cuando esto pasa a vivir con él, para casa de su familia, porque yo no me atrevía a decirle a mi mamá lo que había pasado entre ese muchacho y yo.

Esta relación fue un desastre, éramos muy jóvenes y no teníamos fundamento ninguno, salí embarazada y volví para mi casa por insistencia da mi madre, ella nos dio un pedazo del terreno de la casa y él me construyó un cuarto al lado de mi mamá para vivir nosotros, nunca tuve problema con él, pero era muy suelto [mujeriego], no le gustaba trabajar, no se ocupaba de nosotros y decidí separarme de él. Mi madre me ayuda a criar al niño, yo luchaba sola para mantenernos, vendía viandas, iba al campo a buscarlas, nunca pensé en trabajar para el estado porque no tenía estudios que me permitieran tener un buen trabajo con un buen salario, vendiendo ganaba más dinero.

Cuando mi hijo tenía como cinco años, conocí al difunto, este era mayor que yo, trabajaba, todo Indicaba que era una persona estable, al principio todo fue maravilla, pero al año y medio de estar juntos la relación se hizo insostenible.

Él tomaba mucho alcohol y se fajaba por cualquier cosa, mientras no tomaba era una bella persona, aunque puedo decir que nunca fue muy espléndido con el dinero, pasaba trabajo para comprarme las cosas mías y de mi hijo, mi mamá siempre lo estaba defendiendo, decía que yo a veces buscaba los problemas, pero no podía permitirle que me maltratara a mí ni a mi hijo, el niño se alteraba mucho cuando se discutía delante de él y ya yo cuando fui niña había pasado por algo similar, que me mantenía en zozobra, no quería eso para él.

Salgo embarazada de este hombre y esto me ata más a él, yo ya tenía un hijo que no se había criado al lado de su padre, tenía que pensar mejor las cosas, nada cambió cuando tuve el niño, al contrario, empeoraron, eran más las exigencias dentro del hogar con las que él no quería cumplir.

Las cosas se fueron complicando para mí y mis hijos, los maltratos eran cada vez peores, vivía marcada por él, hablé con un tío mío y este me aconsejó que lo dejara, que me acordara por todo lo que había tenido que pasar mi mamá por una situación similar, yo le planteo a este hombre que no podíamos seguir juntos y él se encaprichó en no irse de mi casa.

Ya nuestro hijo tenía seis años y presenciaba todo, el mayor era un adolescente que cuando nos veía enredados a piñazos se metía y lo golpeaba hasta con palos para defenderme a mí, la cosa se complicaba porque ya estaban mis hijos en medio de estos problemas.

Un día, después de una de sus borracheras, llegó como siempre buscando problemas, me golpeó muy fuerte a tal extremo que tuve que ir al médico para que me atendieran, aproveché que me hicieron un certificado de lesiones y fui a acusarlo a la policía, específicamente a la PNR de Santa Amalia, me acerqué al carpeta y este me cogió pa’ el bonche, me decía qué le hiciste tú a ese hombre que no te quiere soltar, qué le diste a tomar, mira mejor te vas y resuelven ese problema entre ustedes,y no pasó nada, ni me escucharon.

Después de esto me fui, acudo a mi mamá para que hablara con él y lo convenciera de que dejara la casa, ella lo hace, pero él se niega nuevamente a abandonar el hogar, y mi mamá seguía diciendo que yo no debía de provocarlo porque a veces era yo la que lo provocaba, reclamándole cosas, esto no era cierto porque solo le exigía que fuera más responsable con su hijo y que nos atendiera, porque yo nunca supe qué era salir con él a ninguna parte, ni un cariño ni un halago, al contrario, vivía burlándose de mí, me decía mi bembona, mi capirra, qué es eso, chico, le decía yo, tú no tienes otra cosa que decirme.

Cuando conocí a este hombre estaba trabajando en los ferrocarriles, allí estuve hasta los veintiún años en que lo tuve que dejar porque el niño se me enferma, comienza con crisis de asma, fue el único trabajo que tuve, ganaba muy poco y como dije anteriormente me era más negocio trabajar particular, luchando en la calle.

Pienso que depender de la pareja económicamente, es lo peor que pueda pasarle o una mujer, al igual que conozco mujeres que permiten que los hombres vivan de ellas, una debe ser independiente y luchar.

Un día nos levantamos, preparé al niño más chiquito y lo llevé a la escuela, al regresar le serví el desayuno al difunto, este me dijo que se iba para la calle a atender un negocio y buscar un dinero que le debían, se demoró todo lo que él quiso, regresó a las cuatro de la tarde, ya yo estaba molesta, le dije al niño que se pusiera un short y saliera a jugar, comenzamos a discutir, él me da una galleta, yo lo boto de la casa y se resiste, voy a la cocina, cojo un pomo de alcohol, se lo tiro, le vuelvo a decir que se fuera de mi casa porque si no lo iba a quemar, él se sienta en la punta de la cama y me dice que yo no iba a ser capaz de hacer nada de eso, estaba borracho, yo estaba embarazada de mi hijo que tiene ahora seis años, voy a la cocina, cojo un papel, lo enciendo y le pego candela al colchón, y lo quemo a él, que se había acostado.

Creo que fui impulsiva porque no pensé en mis hijos, ni tan siquiera tuve en cuenta que estaba embarazada nuevamente de este sujeto, no me dio tiempo a medir las consecuencias, le creé tremendo trauma a mis hijos, sobre todo al que tenía siete años y es hijo de él, este lo vio encendido y se puso muy mal, no sé si algún día me lo perdonará.

Llegué a este lugar embarazada, me separé de mi hijo cuando él tenía un año, mi madre se está encargando de ellos, estoy viviendo lo mismo que vivió mi madre hace unos años atrás, con la única diferencia que a mí me echaron más años que a ella porque yo cometí el hecho cuando el difunto se encontraba en estado de embriaguez, no importó que en ese estado fue capaz de maltratarme sin respetar que estaba embarazada de él.

Lo que más siento es no poder estar con mis hijos, a ellos les está pasando lo mismo que a mí cuando fui pequeña y eso es terrible.

Nunca he tenido pensamientos machistas, mi madre, sin embargo, sí, ella me culpaba a mí de todo, decía que yo quería ser liberal y a los hombres había que respetarlos, yo le decía que yo también merecía respeto, me molestaba tener que ser sumisa.

Durante el juicio fui maltratada, parecía que yo era un bicho raro por haber hecho lo que hice, no les importó todo el daño que él me hizo, ni que yo había pedido ayuda y fui burlada por la policía, nada me da el derecho a hacer lo que hice, pero pienso que podía haber sido mejor juzgada.
Recibir mínima, en este lugar, es muy difícil, sobre todo si se trata de un asesinato, nunca ven atenuantes para nosotras, ni aunque estemos arrepentidas, que no es mi caso.

Cuando salga de aquí, intentaré volver a empezar, trataré de escoger mejor mi pareja, aunque eso es una cajita de sorpresas, daré a mis hijos el apoyo que les he quitado.

Iyamira Hernández Pita

Iyamira Hernández Pita

(La Habana, Cuba, 1971). Socióloga. Oficial de investigación Docente del Centro Integral de Salud Mental de Playa. Autora del libro Violencia de género. Una mirada desde la sociología (Editorial Científico Técnica, La Habana, 2014).
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