Fotorreportaje | Nicaragua: un país de mujeres subempleadas y jefas de hogares que mantienen solas a sus familias

Las mujeres nicaragüenses enfrentan una difícil situación en su día a día para llevar el sustento a sus casas.

Nicaragua: un país de mujeres subempleadas y jefas de hogares que mantienen solas a sus familias
Las nicas representan a nivel nacional el 38 % de familias liderada por una mujer. / Fotos: Marlen Gutiérrez / A.T.

El alto índice de mujeres nicaragüenses jefas de hogar, trabajando en el sector informal como empleadas domésticas, vendedoras ambulantes de frutas y comidas, dueñas de tiendas, entre otras actividades, abundan en las calles de las principales ciudades del país. Sin seguro médico ni prestaciones sociales, las nicas a nivel nacional lideran el 38 % de las familias, según el informe de resultados de la Fundación Internacional para el Desafío Económico de 2017, FIDEG.

En el presente fotorreportaje, mujeres entrevistadas por Alas Tensas, expresan la difícil situación que enfrentan en su día a día para llevar el sustento a sus casas y lograr el mantenimiento de sus hijas e hijos. Esta situación se ha acrecentado debido a la crisis política incrementada con el levantamiento social del 2018, que escenificó la población para pedir libertad en un país que lleva gobernado 15 años por el izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

La pandemia y la crisis política en Nicaragua desde el 2018 ha significado un aumento del costo de la vida, en un país cuyo crecimiento económico venía en ascenso. El crecimiento anual del PIB de Nicaragua estuvo por encima del 4% hasta 2017, con dos incrementos superiores al 6% en 2011 y 2012.

La pandemia del COVID y la crisis política del país afectan el ingreso de las mujeres
La pandemia y la crisis política en Nicaragua desde el 2018 ha significado un aumento del costo de la vida.

En 2018 y 2019 la caída fue más allá de -3%, y en 2020, de -2%. También de acuerdo con cifras que recoge el Banco Mundial, el PIB per cápita (en dólares estadounidenses a precios constantes de 2010) llegó a su pico reciente en 2017, antes de un descenso a partir de 2018.

La pandemia del COVID y la crisis política del país afectan el ingreso de las mujeres

En Nicaragua el 51.7% de las mujeres ocupadas se encontraban en condición de subempleo. Esto deja entrever que la participación de las mujeres en el ámbito laboral se da esencialmente en condiciones inestables y posiblemente, en muchos casos, como una extensión del trabajo doméstico en actividades que realizan dentro de sus viviendas.

Esta crisis económica se refleja en el aumento del costo de la vida. Mujeres del sector informal cuentan a Alas Tensas que una manera de mantener el costo de sus productos, para no afectar las ventas, lo hacen reduciendo el tamaño de lo que producen como tortillas y demás alimentos básicos que elaboran manualmente.

Mujeres del sector informal cuentan a Alas Tensas que una manera de mantener el costo de sus productos, para no afectar las ventas lo hacen reduciendo el tamaño de lo que producen
Mujeres del sector informal cuentan que una manera de mantener el costo de sus productos, para no afectar las ventas, lo hacen reduciendo el tamaño de lo que producen.

“Mi nombre es Lourdes Rodríguez Sánchez nací en el departamento de Wiwilí, a 280 kilómetros al norte de Managua. Yo palmeo tortillas con otra señora y entre las dos hacemos el día. Para mantener siempre al cliente el precio, hacemos el producto más pequeño, pues si le damos un precio más alterado se bajan las ventas”.  

“Yo ganaba unos 200 córdobas (equivalente a 5.71 dólares) al día en la venta de tortillas y me duraban hasta dos días para comprar comida. Ahora me duran solo para la compra de un tiempo de comida. Ya no es como antes. Con todo lo que ha subido ya no es igual, ahora se compra menos: si antes compraba dos libras de arroz, ahora sólo puedo comprar una”, dice Lourdes.

“Cuando empecé con mi negocio propio a la edad de 21 años, lo que me impulsó a trabajar fue ver las dificultades que teníamos para mantener a mis cuatro hijos solo con el ingreso de mi esposo. El dinero de mi esposo no daba abasto para los gastos que uno tenía, por eso yo quise independizarme y tener mi propio negocio para sacar adelante a mis hijos, eso me hizo enfocarme más en mi trabajo independiente.

“…(en Nicaragua) en la mayoría de los casos la jefatura del hogar por las mujeres no debe interpretarse como un avance en términos de equidad de género…”

“Además yo miraba que muchas mujeres como dependían de su esposo las trataban mal y yo no quería pasar por situaciones de violencia por la dependencia económica. Empecé haciendo un crédito en una microfinanciera y pensaba, ´¿cómo voy a pagar esa deuda?´, pero recibí capacitación y charlas de cómo iba a administrar el dinero. Pero desde la crisis del 2018, las microfinancieras cerraron y ya no cuento con ese apoyo”, concluye Villalta.

Según el informe del FIDEG del 2017 sobre la situación del empleo en el país, el 90.7% de los hombres jefes de hogar se encuentran acompañados por un cónyuge, en cambio el 75.7% de las mujeres jefas de hogar se encontraban solas (ya sea porque están separadas, divorciadas, viudas o solteras). Esto sugiere que en la mayoría de los casos la jefatura del hogar femenina no debe interpretarse como un avance en términos de equidad de género.

El “orgullo” de las nicas de ser madres solas y proveedoras

“No es fácil criar a tres hijas sola, pero a pesar de las dificultades me siento orgullosa de haberlas sacado adelante. Es una carga, una se vuelve papá y mamá a la misma vez. Una toma la responsabilidad y tiene que salir adelante, a lo que se le venga, cualquier trabajo, no se puede esperar a que me salga algo mejor porque hay que llevar comida a la casa”, cuenta con orgullo Yajaira Robles, a sus 42 años, quien trabaja como doméstica en tres lugares diferentes para hacerse un salario equivalente a 170 dólares.

El “orgullo” de las nicas de ser madres solas y proveedoras
El “orgullo” de las nicas de ser madres solas y proveedoras.

“En mi casa nunca he tenido apoyo del padre de mis tres hijas. Nos separamos y yo asumí sola a mis chavalas. Me fui a los 16 años de mi casa con el papá de mis hijas y me separé a los 21. Desde entonces las mantengo, nunca les faltó ni comida ni escuela. Nunca hubo un año, un tiempo que se quedaron sin estudiar, todo el tiempo fueron a clase”, dice.

En Nicaragua hay una cultura de no demandar a los hombres por la manutención de los hijos, para Yajaira eso se debe a que “nosotras nos hacemos responsables, si el hombre se va, bueno. En mi caso nunca lo busqué y dije, ´yo puedo sola´, no tengo necesidad de humillarme, porque si él no se hace responsable como padre, yo no tengo por qué andarlo buscando, rogándole los pesos”.

“A veces es culpa de una, nosotras no los hacemos responsables de sus actos. Los hijos crecen viendo eso normal y lo repiten en sus vidas cuando son padres. No los obligan. Hay muchas demandas y lo que hacen los hombres es dejar de trabajar para no ser obligados a pagar las cuotas de sus hijos abandonados. En mi barrio somos muchas las mujeres jefas de hogar que no recibimos ayuda de los padres de nuestras hijas e hijos. Se ve normal”, cuenta Yajaira.

mujer emprendedora
Conforme aumenta el nivel educativo, las mujeres, las condiciones y las exigencias hacia sus ex parejas para la manutención cambian.

Conforme aumenta el nivel educativo, las mujeres —aunque padezcan los mismos problemas de crianza solas y subempleo—, las condiciones y las exigencias hacia sus ex parejas para la manutención cambian, tal es el caso de Natalia.

“Mi nombre es Natalia Gutiérrez, tengo 36 años, como mujer emprendedora y madre soltera hay algo muy importante que es la seguridad que una tiene. Cuando yo estuve trabajando para otras tiendas, siempre pensando en hacerme independiente, buscaba cómo ahorrar para poco a poco guardar algo de dinero para poner mi propio negocio. Yo sabía que más adelante podía empezar algo propio, algo mío. Muchas veces recuerdo que me sobraban 500 córdobas (unos 15 dólares) y en lugar de gastarlos en comida, compraba una docena de ropa interior, porque yo decía: ´esto va a ser para cuando empiece mi negocio propio´. Y así lo fui guardando hasta que puse mi negocio propio, es una tienda en un espacio pequeño, pero es mío”.

Natalia tiene dos hijos que viven con ella después de su divorcio. “Soy Licenciada en Periodismo y eso me ha ayudado a tener más seguridad sobre mis derechos y a tener otra amplitud. Aunque no trabaje en mi carrera, tengo muchos conocimientos que me ayudan a tomar decisiones y por ello he logrado tener mi propio negocio. Empleo a una persona y, en temporadas buenas, a dos o tres, y eso me da mucha satisfacción, poder ayudar a otras familias”.

“No niego que como otras mujeres trabajadoras paso difíciles momentos para criar a mis dos hijos en un país de constantes crisis económicas y políticas.  No se puede definir en qué se puede invertir con seguridad y calcular ganancias por la volatilidad del país y eso me genera mucha incertidumbre. Como mujer, tenemos más temores porque hay que pagar deudas y tenemos la carga de la casa, de los hijos.  Muchas veces me da dolor en el cuerpo, siento que me enfermo, pero no es más que estrés porque es carga, la parte económica es difícil mantenerla estable”, dice Natalia.

Y aunque ella sí recibe la ayuda que el Estado obliga al padre de sus hijos, el día a día de los problemas de sus hijos lo vive sola. “Los padres resumen su apoyo a lo económico que le dicta las leyes. Él, de vez en cuando, atiende a sus hijos, los lleva de paseo. Pero la carga total es mía, pues como madre día a día debo luchar con el tema de la escuela, traerlos, llevarlos, garantizar de que lleguen a clase, que lleguen bien a casa, garantizar quién les dará de comer porque debo trabajar, buscar dinero, garantizar que estudien. Se trata de tenerles lista la ropa, ya sea que pagues o lo gestiones entonces, todo eso es parte de tu trabajo como mujer emprendedora, como madre cabeza del hogar”, concluye.

Las mujeres solas y vendedoras: expuestas desde niñas a abusos sexuales

“Mi nombre es Lorena Martínez. Yo comencé desde la edad de seis años a trabajar en el mercado Oriental de Managua. Tengo 42 años. De niña, mi madre nos mandaba a vender agua helada y refrescos. Cuando fui adolescente, comencé vendiendo elote asado (mazorcas de maíz). Yo viví una infancia muy dura, mi mamá me echó primero a trabajar. Las madres de antes hacían que sus hijos trabajaran y no estudiaran, por eso yo crié a mis dos hijas diferente. Ellas fueron a la escuela, yo nunca aprendí a leer y escribir. Hice el rol de papá y mamá. El padre de mis hijas me dejaba apenas nacían.

Las mujeres solas y vendedoras expuestas desde niñas a abusos sexuales
Las mujeres solas y vendedoras: expuestas desde niñas a abusos sexuales.

“Otro problema que enfrentamos como trabajadoras por cuenta propia es el hecho de que como no somos sujetas de crédito, caemos en manos de los prestamistas, quienes nos prestan al 20% del monto solicitado. Si las ventas están bajas, trabajamos para ellos (los prestamistas), es como una esclavitud. Esa es la situación actual de Nicaragua, no hay préstamos, el costo de la vida no hace crecer las ventas, pero nos toca seguir.

“Y eso sin contar lo que una arrastra de sufrimientos personales. Yo fui violada de niña, crecí pensando que no valía nada, pero con la ayuda de otras mujeres y el cristianismo, salí adelante. Esa es una experiencia terrible que padecemos las mujeres, y aunque es algo que no se puede olvidar, se llega a comprender que una fue víctima de abuso y no culpable. Las mujeres llevamos ese sufrimiento personal y debemos seguir trabajando en las condiciones duras que nos que nos ofrece la vida”.

La pandemia del COVID también está dejando secuelas en la vida de las mujeres  

La Organización Panamericana de la Salud ha afirmado que “El COVID-19 ha creado una nueva urgencia para la acción. Las medidas de aislamiento y distanciamiento social obligatorio, junto con el estrés, la ansiedad y las preocupaciones sociales o económicas, han podido aumentar el riesgo de violencia en el hogar. A medida que aumentan los factores de riesgo de violencia, disminuyen los factores de protección, incluido el acceso a los servicios de salud y protección necesarios”.

La pandemia del COVID también está dejando secuelas en la vida de las mujeres
La pandemia del COVID también está dejando secuelas en la vida de las mujeres.
“…La falta de recursos, la limitación de conseguir alimentos en tiempos de pandemia, acrecienta la violencia hacia las mujeres en el seno de la familia…”

Por su parte, ONU Mujeres declaró a inicios de la cuarentena (mediados de marzo 2020) que un tercio de las mujeres de la región centroamericana sufriría violencia de género. Según organizaciones internacionales, el hecho de que las mujeres ya viven en permanente condición de violencia, esta se acrecienta con el confinamiento, debido a las relaciones desiguales de poder que viven con sus parejas hombres. La falta de recursos, la limitación de conseguir alimentos en tiempos de pandemia, acrecienta la violencia hacia las mujeres en el seno de la familia, coinciden en afirmar activistas feministas de la región.