Cuba necesita un debate feminista sobre salud pública (Parte 1)

Una perspectiva feminista, y no necesariamente de género, es fundamental para abordar los cuidados en salud de forma compleja e integral en Cuba, donde las políticas públicas al respecto han estado dominadas por perspectivas biomédicas.

01/12/2022
Mano de mujer sosteniendo pastillas en referencia a la perspectiva feminista en la salud pública.
Necesidad de una perspectiva feminista para abordar cuestiones de salud pública. / Imagen: Pexels.

Históricamente en Cuba, el campo de las políticas públicas de salud ha estado dominado por perspectivas biomédicas y, en menor medida, por enfoques críticos de las Ciencias Sociales y Humanidades.

Esta hegemonía de los saberes biomédicos tiene consecuencias en todas las dimensiones de la salud humana justamente porque se anulan otros saberes que pueden ser relevantes para el cuidado de la salud.

En este texto particularmente me propongo invitarles a pensar por qué una perspectiva feminista, y no necesariamente una perspectiva de género, es fundamental para abordar la producción de cuidados en salud, de forma compleja e integral. 

Entender la producción de cuidados en salud desde una perspectiva feminista significa observar atentamente las relaciones de poder que están envueltas en esos cuidados, aun cuando los mismos apelan a narrativas como “acceso universal”, “igualdad de género” y otras gramáticas predominantes en el discurso estatal.

Observar a las políticas públicas de salud a través de un lente feminista e interseccional1 invita a escudriñar permanentemente las respuestas a la pregunta: ¿Qué sistemas de privilegio/opresión —(cis)género, territorio, raza, (hetero)sexualidad, corpornormatividad, entre otros— están presentes en los servicios sanitarios?

Una tarea feminista crítica

Como tales sistemas de dominación no siempre se revelan de forma explícita, es importante revisar los diferentes componentes del sistema de salud. En esta tarea feminista crítica2, observemos cuestiones tales como: 

  • Los enunciados formales de las políticas y programas en salud recogidos en sus documentos oficiales
  • Las dinámicas institucionales (por ejemplo, cómo se accede de hecho a un servicio “X” de salud), sus mecanismos burocráticos
  • Red de infraestructuras y servicios, las conexiones que establecen entre sí, su descentralización o no, etc. 
  • Los imaginarios cotidianos de los profesionales que trabajan en servicios de salud. O sea, cómo las normas culturales moldean el actuar cotidiano del personal de salud y se filtran en sus protocolos de actuación y en las entrelíneas de los documentos oficiales que orientan las políticas públicas de salud

Diferencias entre una perspectiva de igualdad de género y una perspectiva feminista

El hecho de que las agendas públicas de salud creadas por un Estado enarbolen categorías como “género”, “igualdad de género” nos desafía a comprender críticamente de qué modo esta narrativa realmente ofrece garantías en materia de derechos en salud.

El hecho de que políticas públicas de salud adhieran a una perspectiva de género, ¿significa automáticamente que tal perspectiva opera como una herramienta política de transformación de relaciones de poder?

Veamos un ejemplo del Plan Nacional de Seguimiento a los acuerdos de Beijing’ 95, una plataforma política que suele ser considerada como un marco histórico importante en materia de “igualdad de género” en Cuba. 

En el año 1999, la acción 97 de dicho Plan establecía:

“Diagnosticar, en mujeres de diferentes sectores poblacionales y regiones del país, sus necesidades de género relacionadas con la salud sexual, como punto de partida para la elaboración e implementación de programas interventivos encaminados a una mayor realización de la mujer en esa esfera. Responsable: Ministerio de Salud Pública”. 

Perspectivas esencialistas sobre el sujeto “mujer”

Podríamos preguntar: ¿cuáles mujeres? Por ejemplo, las mujeres lesbianas y bisexuales tienen demandas de salud específicas aun cuando sean de diferentes regiones del país? ¿Qué podemos entender por “mujeres de diferentes sectores poblacionales”?

Este tipo de retórica, aún cuando incorpora el vocablo “género”, refuerza perspectivas esencialistas y, deja de reconocer a otras matrices de desigualdad tales como raza, sexualidad que impactan a este sujeto “mujer”.

Podríamos agregar que el hecho de no considerar esos otros marcadores sociales que atraviesan al sujeto mujer instaura una condición de desigualdad en el acceso. Porque esas otras mujeres no son siquiera nombradas. ¿Cuáles son entonces las garantías de atención a su salud que esa perspectiva (supuestamente de género) les ofrece? Eso sin hablar de la marcada invisibilización de mujeres trans dentro de esa gramática. 

Falta de interlocuciones entre los estudios feministas y los actores políticos que diseñan políticas públicas

Esto revela que la falta de interlocuciones entre los estudios feministas (que hace décadas vienen reivindicando una expansión y multiplicidad de ese sujeto “mujer”) y los actores políticos que diseñan políticas públicas termina por definir al sujeto mujer (cisgénero y heterosexual) como beneficiaria principal de dichas políticas.

Esta modalidad de políticas públicas, que declara adherir a una “perspectiva de género”, pero en la práctica no transforma desigualdades de género, ha sido entendida como perspectiva de gender mainstreaming. O también conocida como transversalidad de género en los países de América Latina. 

Este tipo de política, con la retórica de “igualdad de género” como pieza central, fue establecida en la IV Conferencia Internacional de Beijing ´95 como la estrategia más idónea para poner en práctica el principio de igualdad entre hombres y mujeres en las políticas públicas.

Así, la transversalidad de género se erigió como el marco interpretativo por excelencia en torno a la desigualdad de género en las políticas públicas. Sin embargo, tal marco no se ha mostrado suficientemente transformador de las perspectivas universalistas, patologizantes y esencialistas del discurso biomédico. Al contrario, apenas ha reformado la retórica y no la práctica, manteniendo un conjunto de vulnerabilidades en salud y creando otras. Principalmente la vulnerabilidad en salud que es causada por la acción de regímenes de poder como la cisgeneridad, la heterosexualidad obligatoria y otras normas culturales.

Tal posicionamiento presupone un uso instrumental y descriptivo del término género, incorporado a la gramática política del MINSAP. Ello no supone accionar el concepto de género como una herramienta teórico- política que sirva de fundamento para el establecimiento de una política pública como un instrumento de justicia social.

Tal uso descriptivo se distancia de un abordaje feminista. En este, la perspectiva de género implicaría un compromiso con el análisis de situaciones de dominación y la correspondiente intervención para transformar las mismas. La pregunta que queda es: ¿cómo podríamos (re)imaginar a las políticas públicas con un enfoque feminista?

Yo le invito a que piense en ello y me deje comentarios para la segunda parte de este texto.


1 La interseccionalidad es una contribución del feminismo negro de matriz estadunidense, específicamente de autoras como Kimberle Crenshaw y Patricia Hill Collins.

2 En mi tesis de Doctorado abordé, de forma más detenida, algunos aspectos a tener en cuenta para un análisis feminista e interseccional de políticas públicas de salud. Para más detalles ver: https://repositorio.ufsc.br/handle/123456789/227181

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Psicóloga por la Universidad de Oriente, Cuba. Máster en Intervención Comunitaria (CENESEX). Doctora en Ciencias Humanas (Universidad Federal de Santa Catarina). Investigadora de Post Doctorado vinculada a la Universidad de São Paulo, Brasil. Feminista, con experiencia en varias organizaciones y movimientos sociales.