Fina García Marruz, una vida dedicada a la literatura

La obra poética de Fina, reconocida y traducida en gran parte del mundo, ha sido galardonada además con numerosos premios de la crítica.

| Vidas | 28/04/2022
Fina García Marruz. / Imagen: Internet.

El 28 de abril de 1923, en La Habana, nació Josefina García-Marruz Badía, conocida más tarde como Fina García Marruz. Esta poeta e investigadora cubana de probado calibre, condensa en su vida toda una época de esplendor literario para Cuba y marca a su vez la caída de la intelectualidad cubana en el ostracismo estatal.

Fina García, junto a su esposo, el destacado crítico y poeta Cintio Vitier, formó parte de la Revista Orígenes (1944-1956), publicación cubana fundada por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, que agrupaba a la intelectualidad de los últimos años de la República y los primeros de la Revolución, así como a todo el panorama hispanoamericano, y en ocasiones europeo, que la situaron como la publicación cubana más importante de su época.

Fina García-Marruz: “Una dulce nevada está cayendo”.

Fina García fue, durante muchos años, investigadora de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y trabajó en el Centro de Estudios Martianos desde su fundación en 1977 hasta 1987, donde formó parte del grupo de estudiosos encargados de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí.

Su obra poética, reconocida y traducida en gran parte del mundo, ha sido galardonada con numerosos premios de la crítica: el Premio Nacional de Literatura (1990), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2007), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011) y el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2011).

Hoy, 28 de abril de 2022, Fina cumple 99 años y todavía resuenan en la historia literaria de la Isla libros de ensayos y poemarios suyos, como Hablar de la poesía, Los Rembrandt de l’Hermitage y Darío, Martí y lo germinal americano.

Poema “Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna”

Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real.