Dos cuentos sobre mujeres

Dos mujeres atadas sobre el pavimento.
Foto: Dunia Cordero.

Sentada en el portal de la casa, Clara Estrella siente una impresión de soledad. La nostalgia de otras caras, otras voces, otros lugares que no recuerda, están en lo profundo de su mente, en la consistencia de cada una de sus células.

Súbitamente se ha enfriado el día, aunque es agosto y el calor sofoca. Los ruidos de la noche semejan un violín desafinado: el pitazo insistente de un tren, el pleito de su madre con Jorgito… Ella se va perdiendo en otra noche, en el recogimiento de un lugar pequeño y el calor de una hoguera. Todo es silencio, se siente envuelta por mantas, cierra sus ojos para disfrutar de ese recuerdo. A lo lejos, el aullido de un lobo resuena.

Al despertar en la mañana, con el contacto suave de las sábanas, Clara Estrella cierra sus ojos para deleitarse en aquella caricia del agua en su cuerpo desnudo, escucha el canto de un pájaro mientras que el viento trae el sonido de tambores que encienden sus venas y su sangre caliente se agita con la danza que conoce desde siempre…

Regresa a su casa al terminar el día de trabajo, cansada e irritada por la atención a la interminable fila de clientes que pasó por su caja registradora; deseosa de paz y sosiego se acuesta en la tumbona de la terraza,  pero un sentimiento de miedo e intranquilidad recorre su cuerpo, y está allí, encerrada en aquella jaula, sus manos atadas se aferran a los barrotes  para no caer con el vaivén del caminar de aquellos hombres que la sostienen: lentamente se acercan a la multitud reunida alrededor del montón de leña que haría arder la hoguera… Clara Estrella, asustada, abre sus ojos al escuchar a su madre que la llama, se levanta y ve en sus muñecas las marcas de ataduras que duelen todavía. Escucha a su madre en la cocina que le dice a su hermanito: —Tú acabando con todo y tu hermana siempre en otro mundo.

MIRANDO AL ESPEJO

Una mujer llora. Su marido, de espaldas, duerme en el borde de la cama. La claridad de la luna entra por la ventana y se refleja en el espejo. Se levanta, observa su rostro en la penumbra, se sonríe. Regresa a la cama y cierra sus ojos, en espera.


Amparo García Ocampo

Amparo García Ocampo

(Ciego de Ávila, 1956). Contadora y Profesora de Dibujo Técnico, Topográfico y Arquitectónico; actualmente jubilada. Masajista y Reikista. Obtuvo 1er lugar en narrativa y mención en poesía en el Encuentro Debate Municipal de Talleres Literarios de Morón en 2009 y 1er lugar en Narrativa en el concurso “Corazón de Poeta”, Morón, 2010. Alcanzó el 1er Lugar en el Encuentro Debate Provincial de Ciego de Ávila 2010, en el género narrativa. Como centro de sus narraciones sitúa a la mujer cubana en su cotidianidad.
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