“La lesión primordial”. Poesía de Anisley Miraz

Foto: Francis Sánchez.

PRESUNCIÓN IURIS TANTUM


Tengo un sistema respiratorio, un corazón,

una carne que, llegada la hora,

poco después de la definitiva noche de mi tiempo,

se volverá sustento de anélidos y arqueas.

No quedará memoria del tinte de mi piel,

no constará en archivos mi estremecida voz,

nadie rubricará mis oblaciones.

Pero no solo soy aspecto, masa de músculos y células:

asumo parestesia de Jackes–Laurent,

agorafobia, miedo al miedo,

a la gran plaza llena se stoas, pritaneos, baños públicos,

donde no descuartizaron a Hipatia de Alejandría,

aunque podrían asesinarme a mí,

nacida en 1981, año del Gallo y de la Invalidez,

año en que detienen al célebre “destripador de Yorkshire”,

     en que despega desde el Centro Espacial Kennedy

     la nave Columbia…

Yo además padezco mioclonía,

neurastenia, anagnórisis,

y otras tantas virtudes, presumo, imperdonables,

que serán señaladas para siempre.



SELECCIÓN NATURAL


Digo (sin tiempo a rescindir):

la trampa es quien provoca,

y juego a ser fantoche

a veces manejado por mis propios instintos,

otras, por una petulante autoridad.

Expreso (sin vocación por la oratoria):

la evolución de las especies comenzó

por una partícula sobrante,

por la náusea de dios,

por su estridente vómito…

Aún duermo con la esperanza

de no ser un simple hominoideo

cuando despierte.



LÓGICA PROPOSICIONAL


Sentarme en un puntal muy parecido

a la concavidad donde el Poeta

(derramado y auténtico)

extravió la espada Ex Calce Liberatus.

Descansar donde una vez al poeta infalible

transfundieron con sangre de otro siglo,

dializaron con fluido inmortal.

Como yo, el Verdadero,

malgastó su oro, su lengua, sus inviernos,

la mordida del animal correspondiente.

El problema no es el de asentarse:

las manos posadas sobre el filo,

estribado sobre un borde el espinazo…

Son las runas que pronto quedarán olvidadas,

la palabra que a menudo no brota,

la exégesis de la profundidad

en discordancia eterna con la altura.

Si me atrevo a sentarme en el puntal

ya no es para escribir,

acomodar mis miedos, descreer

como el poeta desértico, ultrajado,

que ha sido Homero

y en breve será Ulises, será Nadie…

Yo asumo este puntal, el que me toca

por designio, por absurda estadística,

imaginando que las bestias

no afilan sus taludes en mi rostro,

pero sigo sin lengua, sin oro, sin inviernos,

aunque destine un tronco menos áspero

una sinuosidad menos profunda

que la escogida por el gran poeta maldito.

Simplemente traspaso esta sospecha,

este melindre al cáliz de jugo envenenado.

Escribo en las cenizas del tigre de Bengala,

el tigre que jamás conocí, que nunca fue mi tigre,

y se me va la época esperando.

Yo habitaré el puntal posible,

el mástil sin remedio,

la oquedad divergente,

y acaso

me recuerden alguna que otra vez.



MOVIMIENTO BROWNIANO


He visto ampliarse repetidamente

los círculos del agua,

sin saber hacia que confines van,

de qué confines vuelven.

He visto acaecer la oscuridad sin propósito alguno,

el movimiento de las trizas de polen,

privado de razón como mis pensamientos…

Lento agujereo de sombras.

Lenta la soledad royendo paso a paso…

Y en el umbral del tiempo, el mismo eclipse,

el perdurable fin

anunciado por babilónicos y asirios.

Cíclicos los gigantes gaseosos,

la lesión primordial;

pausado ruido de cruzadas

volviendo cada vez,                                     

flemática contienda que solo tiene génesis…

Ah… pero el tiempo hoy se ha detenido

en el justo momento en que comienza

el desangrado.



PARASOMNIA


Mis pupilas se abren a una legión oscura

que no teme abrir más la ventana,

metérseme en el cuerpo y reventar.

Así, interpretando un rol inadmisible,

comienza mi miedo a las preguntas,

a la hoz cercenando, a la avidez sin fin.

Comienzan a dolerme

el soplo, los domingos,

la cena pascual repetida cien veces,

tal vez otro silencio

donde se han descubierto

humildemente solos

mis demonios de ayer.

Yo padezco de insomnio.

Un perdurable insomnio

de ventanas abiertas

cuando duermo.

Anisley Miraz Lladosa

Anisley Miraz Lladosa

Anisley Miraz Lladosa (Cienfuegos, 29 de octubre de 1981). Narradora, poeta y artista de la plástica. Egresada del centro de formación literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Graduada de Diseño Gráfico en la Academia de Artes Plásticas “Oscar Fernández Morera”, Trinidad. Autora de los poemarios Un ruido que nadie entiende ahora (Ed. Vitral, Pinar del Río, 2003), Proyectos para un día en la isla (Ed. Luminaria, Sancti-Spíritus, 2004), El libro de la salvación (Ed. Vitral, 2004), Hadas en la cornisa (Ed. Mecenas, Cienfuegos, 2005), El filo y el desierto (Ed. Luminaria, 2006), entre otros. Ha publicado los libros de narrativa: Todos los árboles llegan al cielo (Juvenil. Ed. Mecenas, 2007), Humo sobre agua (Ed. Luminaria, 2018).
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