Las sendas ignoradas

Emma Pérez Téllez.
Emma Pérez Téllez.

I. Acceso a Emma Pérez Téllez

Si bien Carlos Montenegro1 ha recibido —digamos— cierto reconocimiento por su obra narrativa en la arena nacional (también escribió poesía, la cual llegó a publicarse en la revista Renacimiento, órgano del penal, en 1924), llama mi atención el hecho de que su esposa Emma, quien gozara de gran prestigio como poeta, periodista y educadora, no haya corrido con la misma suerte. Es probable que haya influido en ello el hecho de que, en 1960 y en divergencia con el proceso revolucionario cubano, Pérez Téllez decidiera partir a México, estableciéndose luego en Florida, Estados Unidos, donde finalmente murió a los 88 años. Condenada al silencio absoluto, la obra y figura de esta mujer ha permanecido injustamente, en el légamo del olvido, muy lejos del lugar que le corresponde ocupar en los ábsides de la memoria literaria de Cuba.

Nacida en Cartagena, Murcia, España, el 13 de enero de 19002 y contando solo con seis años, emigró a Cuba junto a sus padres, un militar español y una cubana. Inicialmente residió en la provincia de Villa Clara, donde se graduó de bachiller en mayo de 1924. Allí comienza su labor periodística y llegó a dirigir la revista Villa Clara. Publica su primer cuaderno de poemas en esta ciudad, titulado Versos (1923). Casi a finales de los años veinte se traslada a la capital, donde alcanza, en la Universidad de La Habana, el título de Doctora en Pedagogía, en diciembre de 1927. Dos años más tarde culminaría la carrera de Filosofía y Letras.

Establecida ya en la metrópoli habanera, Emma Pérez Téllez establece contacto con la hornada literaria del momento, liderada por el Grupo Minorista y la Revista de Avance, la cual llevaba una campaña por la liberación del escritor Carlos Montenegro, recluido en la prisión del Castillo del Príncipe por cometer asesinato. Aunque Avance encabezaba la empresa por la excarcelación de Montenegro, toda la comunidad literaria estaba sumamente conmovida por aquel autor que, desde la celda y bajo las orientaciones de José Zacarías Tallet (quien por entonces trabajaba como contador en las oficinas del recinto penitenciario), comienza a escribir y publicar poesías y narraciones cortas para la revista Social; alcanzando en 1928, por votación popular, el Primer Premio en un concurso convocado por la revista Carteles con el cuento “El renuevo”. Miembro de aquel ámbito literario, Emma también se interesó en la suerte del ya para entonces, aunque novel, afamado escritor. Ambos inician una estrecha comunicación epistolar que más tarde se transformaría en relación amorosa. Se conocen a través de José Zacarías Tallet y en el año 1929, Montenegro y Pérez Téllez contraen matrimonio en la fortaleza del Príncipe.3

El casamiento con un recluso —convicto por homicidio— suponía un acto de coraje y rebeldía para una mujer de la época, semejante relación y consorcio matrimonial iban en contra de todas las normas morales. Pero no fue sólo este suceso el que permitió vislumbrar la actitud y pensamiento vanguardista de Emma Pérez Téllez; mientras su esposo esperaba la libertad, la escritora y periodista fue concibiendo un poemario donde quedaban plasmadas todas las tribulaciones padecidas durante el encarcelamiento de su amado. En 1932, un año después que Carlos Montenegro saliera de la cárcel, vio la luz el cuaderno Poemas de la mujer del preso, bajo el sello de Carrasa y Cía.

II. Poemas de la mujer del preso: otra arista de la poesía carcelaria (desde afuera y para el recluso)

Aunque en la literatura cubana ya había habido escritores que recurrieron a las letras para abordar o denunciar el sistema penitenciario (El Presidio político en Cuba (1871), de José Martí; A una golondrina (1871), de Juan Clemente Zenea; El Renuevo y otros cuentos (1929), de Carlos Montenegro, entre otros), Emma Pérez Téllez se destaca, a inicios de la primera mitad del siglo XX, por tratar, desde otros matices, la experiencia carcelaria con el libro Poemas de la mujer del preso. Concebido no a partir de la perspectiva del reo, sino desde afuera y para él, desde el distanciamiento, en la constante añoranza del ser querido (lo cual resulta novedoso), este poemario —compuesto por textos que guardan en su conjunto unidad temática— ofrece una desgarradora secuencia de testimonios —mutando de lo amoroso a lo erótico, a la denuncia, de lo íntimo a lo corpóreo, de lo melancólico a la vivaz esperanza— que lo hacen auténtico en muchos sentidos.

El perfil escritural y estilístico de Emma Pérez Téllez, mantuvo —en este cuaderno al menos— una evidente propensión a la corriente vanguardista. Coincidiendo con algunos artículos que lograron hallarse,4 es posible encontrar, como importantes rasgos de vanguardia, poemas desprovistos de signos de puntuación (concediendo significados plurales, ambiguos, que ofrecen nuevas dimensiones a la lectura), la utilización de elementos visuales y algunas palabras en mayúsculas (asumiendo matices experimentales), el uso de guiones para introducir aclaraciones en el texto poético (como si la voz propia del poeta, o una voz otra interviniera, de improviso, en la dinámica del cuerpo rítmico y gráfico del poema), metáforas e imágenes frescas y diferentes para la época, la aproximación a otros medios artísticos y el propio tema carcelario como directriz. Sin embargo, considerando el momento histórico y las reglas sociales entonces imperantes, conjeturamos que la escritura de un libro de tal índole es ya meritoria, sobre todo por su condición de mujer, la madurez personológica y emocional que proyectó —siendo muy joven todavía— al asumir los escenarios y desafíos de su casamiento y escritura. 

Para Pérez Téllez la prisión no es un fenómeno metafórico (encadenamiento espiritual, moral o de ideas a pesar de un aparente albedrío), sino el espacio físico, tangible, donde se priva al hombre de su derecho más elemental: la libertad. La piedra, el foso, las rejas, los guardias, son elementos que construyen el ámbito reducido, la sensación de asfixia ante la inutilidad y digresión de un tiempo que parece transcurrir como en otra dimensión, el sometimiento, todo lo que separa al reo de la realidad más allá de las verjas. La condición del preso —asumida y vivenciada desde el cuerpo/alma y con el cuerpo/alma, tanto por el que se encuentra tras las rejas, como por el que aguarda fuera de ellas— es en este libro causa de martirios corporales —entiéndase palpables— y emocionales. Siendo que el recluso no es la única víctima de su encarcelamiento (la madre, esposa e hijos también lo son, o pueden serlo), este cuaderno encierra un notable valor sentimental al ser forjado desde el dolor, la frustración y el constante flagelo de la espera de la mujer que evoca y desea a un hombre que no puede poseer porque impávidos barrotes lo mantienen lejos, aislado de toda súplica y lamento exterior.

Este volumen de poemas alberga una esencia —profusa en sus matices—reveladora de una fuerza contundente y un carácter de atrevido vuelo que no sólo impactó a la sociedad y al círculo literario del momento, sino que sirvió de umbral, de punto de partida para que años más tarde llegaran otras voces —tanto femeninas como masculinas— a engrosar el universo de la poesía carcelaria cubana.

Tras Poemas de la mujer del preso aparecieron libros como Versos míos de la libreta tuya (1934), de Teté Casuso, dirigido a Pablo de la Torriente Brau mientras se encontraba en prisión; Presidio Modelo (1935) del propio Pablo. Las cartas y las horas (1977) y Mar entre rejas (1977), ambos de Juana Rosa Pita, escritos para el recluso Ángel Cuadra; Poemas en correspondencia (desde prisión) (1979), de Ángel Cuadra en respuesta a Juana Rosa Pita; y Donde estoy no hay luz y está enrejado (1981), de Jorge Valls.

Emma Pérez Téllez publicó, además del libro dedicado a su esposo, otros poemarios como Niña y el Viento de Mañana (1937), Niños de Dostoievski (1938), Isla con sol, poesía en la escuela (1945), estos últimos dirigidos al público infantil; y todos fueron muy bien acogidos por los críticos de entonces, recibiendo comentarios positivos de autores como Jorge Mañach, Emilio Ballagas, Félix Lizano y el propio Nicolás Guillén.55  

Su trabajo como periodista quedó recogido en el diario Hoy, en la sección “Mi Verdad y la Vuestra”, también fue redactora de Tiempo en Cuba y en 1945 publicó Cuentos cubanos (Antología). Dirigió la revista Gente de la Semana entre 1953 y 1954. Trabajó en Aurora, Gaceta del Caribe, Nosotros, Revista de la Educación, Bohemia, Social, Universidad de La Habana, entre otros. Su obra formó parte de importantes antologías como Los poetas villaclareños (1927) y La poesía cubana (1936) y (1937).6

Todas las líneas poéticas y periodísticas en las que se destacó esta autora, resultan hoy poco o nada conocidas para el público lector, incluso para el medio académico cubano, salvo su antología que ha sido algo comentada y su labor como maestra del Instituto de la Víbora, donde tuvo alumnos como Roberto Fernández Retamar, quien ha dejado testimonio de aquella faena.

Sirvan estas palabras —escritas cercanamente al 118 aniversario de su natalicio— a modo de homenaje y evocación de Emma Pérez Téllez, para que su impronta encuentre sitio en el imaginario de aquellos que, habiendo desatendido las rutas de sus signos, ahora descubran que algunas sendas pueden ser ignoradas, pero no olvidadas.

  1. Fragmento del poema “primera carta” de Emma Pérez Téllez
  2. En las diferentes publicaciones que se confrontaron para la realización de este artículo, hemos encontrado divergencias en cuanto a la fecha de nacimiento de Emma Pérez Téllez. Algunos críticos y periodistas señalan como año de su nacimiento 1900, otros el año 1901. Como fuente fidedigna hemos tomado el Diccionario Bio-bibliográfico de escritores españoles en Cuba Siglo XX, de Jorge Domingo Cuadriello, publicado por la Editorial Letras Cubanas (2010), donde se ubica el nacimiento de Pérez Téllez en el día y año utilizados en esta propuesta.
  3. Cfr. Introducción de Jorge Domingo Cuadriello a Carlos Montenegro: Hombres sin mujer, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2013, pp. 19-20.
  4. Cfr. “Al otro lado de la piedra: cárcel y escritura en Poemas de la mujer del preso de Emma Pérez”, por Ana Casado Hernández: http://www.habanaelegante.com/Spring_Summer_2013/Dossier_Poetas_CasadoFernandez.html; y “La desaparición de Emma”, por Rafael Rojas: http://www.librosdelcrepusculo.net/2012/06/la-desaparicion-de-emma-perez.html.
  5. Cfr. Repertorio Americano, semanario de cultura hispánica, 8 de mayo de 1937, pp. 280-287.
  6. Cfr. Jorge Domingo Cuadriello: Diccionario Bio-bibliográfico de escritores españoles en Cuba Siglo XX, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2010.
Milho Montenegro

Milho Montenegro

(La Habana, 1982). Seudónimo de Alain Santana López. Licenciado en Psicología por la Universidad de La Habana. Ha publicado: Rostros de la ciudad (Ed. Montecallado, 2015).
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