Emma Artiles: “Tiempo es lo que necesito”

La escritora y artista visual Emma Artiles. Foto: Tony.

Pese a ser mi coterránea, conocí su obra antes que a la propia Emma Artiles. Es más, cuando leí su primer texto, hacía años que esta autora de delicado manejo de la palabra había emigrado hacia otras geografías para vivir un primer exilio en Chile, al que seguiría otro en Estados Unidos.

Así, sólo ese prodigio moderno llamado e-mail nos permitió establecer un diálogo marcado por las lógicas pausas que impone la agitada vida de Emma como creadora no sólo en el campo de las letras, pues ella es una mujer todoterreno que ha sabido superar obstáculos para abrirse paso también en el complicado universo de las artes visuales con una obra muy singular, amén de ser representante de su esposo Pible, conocido humorista fundador del legendario grupo villaclareño La Leña del Humor. En fin, sacando ratitos de aquí y allá, Emma nos cuenta algunos aspectos de su ajetreado día a día.

Al analizar su bibliografía, resulta curioso que sus primeros libros aparezcan recién en los noventa. ¿Vocación tardía, timidez ante el libro inédito, rechazos editoriales previos? En fin, ¿podría usted aclararnos el tema?

En realidad, nunca me creí escritora. Participaba en talleres literarios desde los años setenta, había obtenido un premio en un Encuentro Debate Nacional y escribía continuamente, pero mis prioridades eran otras. En 1992, Ricardo Riverón Rojas fundó la Editorial Capiro en Santa Clara y me pidió un poemario para niños que llevaba algunos años escrito: Ocurrencias y —ahora que me pones a pensar— sí, creo que me daba un poco de vergüenza publicar. Pero la acogida de aquel cuadernito fue buena y, cuando la crisis se recrudeció, me encerré en mi torre. Pensaba mucho en Julián del Casal y en el otro fin de siglo. Santa Clara comenzaba a oler a estiércol de caballo por los carretones tirados por estos infelices animales. Yo trabajaba como profesora en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela y debía hacer enormes recorridos caminando bajo el sol del mediodía cargada de libros. Los poemas de El alma en una nube surgieron como flores por esas carreteras. Llegaba a la casa y les daba forma. Mi hija y mi esposo eran los jueces al final de la tarde. Margarita del Transvaal se convirtió en mi otra yo y cuando terminé el poemario me di cuenta de que me quedaba mucho por decir. Entonces comencé a escribir Ikebana.

El alma en una nube ganó el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, luego entró en el proyecto Pinos Nuevos y fui seleccionada para su presentación en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Ya para entonces (en 1993, año del centenario de la muerte de Julián del Casal) Ikebana estaba terminada, pero no se me ocurrió presentarla a ninguna editorial. En el noventa y cinco, viviendo en La Habana y en plenos preparativos para viajar con mi familia a Chile, envié el único ejemplar que tenía al concurso La Edad de Oro y obtuvo el premio. Recibí, además, una preciosa carta de amor firmada por un clavel. Es decir, por Esteban Llorach, magnífico editor y miembro del jurado.

Seguimos con sus primeros cuadernos, aparecidos entre 1993 y 1995, uno de los períodos más tensos en la historia reciente de nuestro país, como bien usted refería, y en el que la contracción de nuestra economía afectó sobremanera a las editoriales. ¿Recuerda alguna anécdota respecto a la edición, presentaciones, si existieron notas críticas, reseñas?

Editorial Capiro es un recuerdo luminoso. Los libros se hacían con recortes del periódico Vanguardia, salían y de inmediato ya no quedaba un ejemplar en las librerías. Por su parte, Ediciones Vigía hacía maravillas en Matanzas. Ellos publicaron sesenta ejemplares de El Alma en una nube, eran verdaderas obras de arte.

De mis libros escribieron notas Félix Luis Viera, Carmen Sotolongo —investigadora y gran amiga—, Aramís Castañeda, Noel Castillo y Enrique Pérez Díaz.

La Dra. Elena Yedra hizo una profunda investigación de Ikebana con alumnos de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Yo he sido muy afortunada.

En su poesía llama la atención la diversidad métrica. ¿Fue un propósito lograr esta variedad o hablamos más bien de un resultado aleatorio?

Sí, lo tomé como un propósito. De la saga de Margarita del Transvaal queda inédito el poemario Postales de Clivia. Es un libro objeto, un cofre donde Margarita guarda las postales que su amiga Clivia Miniata le envía desde distintas partes del mundo. Es un poemario lleno de referencias y juegos verbales. Y hay una sección de haikus. Me divierte ese juego con la métrica. Con formas que vayan de un sitio a otro. Que paseen por la historia de la literatura.

¿Qué referentes tuvo en cuenta para sus poemas?

Supongo que muchos, pero siempre traté de ser yo. Tanto en mis poemas “para adultos” como en los poemas para niños.

Sin dudas, uno de sus libros de LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) más conocidos es Ikebana, al que ya se ha referido. ¿Cómo se produce el contacto de Emma con la cultura japonesa y en especial con este arte tradicional? ¿Existe algún “Método Artiles” para trasponer esta manera de construir adornos florales a la “fabricación” del texto narrativo?

Son conexiones mágicas y universales. La inspiración va por delante. La novela estaba casi terminada y no tenía un título. No me preocupaba mucho. Los títulos siempre vienen revoloteando y se posan sobre los libros como las mariposas sobre las flores. Luego, resulta que Alejandro Campos García, el ilustrador de El Alma en una nube, dibujaba geishas desde antes de que mi libro le fuera encomendado.

Y cuando vivía en La Habana me tocó de vecina una niña de apariencia rústica y familia que nada tenía que ver con la literatura: Yaniset.

Yaniset tenía ocho años y yo le regalé un ejemplar de El Alma en una nube. Un día se me apareció en la casa con un lujoso libro de regalo, era Sendas de Oku, de Matsu Basho en versión castellana de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.

—Emma, esto se parece a lo que tú escribes— me dijo la niña.

—¿Y de dónde lo sacaste?

—Lo tenía mi abuela…

Fue mi primer contacto con la poesía japonesa.

Seguimos con Ikebana. ¿Por qué un libro premiado en 1995 no se publica hasta 1998?

No tengo una respuesta para eso.

Por las páginas de Ikebana se mueven personajes reales vinculados a diversos complejos culturales y su protagonista cambia constantemente de geografía. Teniendo en cuenta esta variedad, ¿hubo un proceso de investigación previa para la elaboración del texto?

Cuando comencé a escribir las memorias de Margarita tenía una idea general de las rutas que ella había escogido. Debía salir de África hacia Cuba, luego viajar por el mundo dejando constancia de los eventos más importantes de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Ella, además, debía ser dueña de su destino y rendir siempre homenaje a Julián del Casal; y sí, tuve que investigar bastante, aunque fabulara todo el tiempo; como cuando Rubén Darío compone para ella “Margarita está linda la mar” o cuando va más lejos y José Lezama Lima le entrega en Atenas las obras completas de Casal que ha editado. Margarita se cuestiona ciertas realidades ¿y quién va a negarle que Lezama nunca salió de Cuba?

¿Qué textos, amén de los expresamente citados en el libro, utilizó para construir Ikebana?

Casal, de Emilio de Armas, fue un libro recurrente, y creo que estuve influenciada por Miguel Barnet y su denominada “novela testimonio”.

El conde C, presunto autor del libro, utiliza en los finales de la delirante historia de Margarita la palabra transculturación para definir la esencia del peregrinaje de la “Gerbera de Transvaal”. ¿Es ese el propósito del libro, mostrar la intensidad que adquiere el proceso de intercambio cultural a fines del del siglo XIX y primera mitad del XX, merced a las mutuas retroalimentaciones entre los distintos complejos culturales?

Ese era el propósito y también mostrar “cómo está el mundo” y la importancia del viaje para encontrarse a uno mismo.

¿Qué pasa con la vida de Emma Artiles después de la aparición de Ikebana?

Ikebana se publicó estando yo en Santiago de Chile. Un profesor de la Universidad Central de Las Villas me llevó de regalo unos cuantos ejemplares, y una mañana Luis Cabrera Delgado me llamó desde Santa Clara para felicitarme porque el libro había obtenido el Premio de la Crítica. Son las únicas dos cosas que recuerdo. Llevábamos mi familia y yo apenas dos años en Chile y yo estaba muy involucrada con una novela sobre la visita del papa Juan Pablo II a Cuba. Estaba documentándome mucho y escribía durante toda la noche Sin las cosas que uno quiere, un libro que nunca se publicó. También trabajaba como freelance para una revista de autoayuda y mejoramiento humano que circulaba en Argentina y en Chile: se llamaba Uno Mismo. Igualmente, representaba a mi esposo en sus presentaciones como comediante, viajábamos mucho y seguía haciendo talleres y lecturas del Tarot de Marsella.

En enero del 1999, Grijalbo, que era la editorial que le publicaba a Pible en Chile, lo invitó a presentar sus libros en la Feria Internacional del Libro de La Habana. Fue muy gracioso, porque íbamos nuestra hija Any, Pible y yo subiendo una cuesta en La Cabaña y una muchacha corrió detrás de nosotros llamándome. Resulta que era la encargada de localizarme porque esa tarde era la ceremonia del Premio de la Crítica y había enviado un taxi a la dirección nuestra de El Vedado de donde habíamos salido casi tres años antes y ahora me tenía delante suyo como por arte de magia.

Ha hablado en varias ocasiones de su esposo como copartícipe de todos sus proyectos ¿podría hablarnos un poquito de quién es Pible para aquellos que no lo conocen?

Mi esposo se llama Pablo Garí, pero todo el mundo lo conoce por Pible. Él fundó La Leña del Humor en Santa Clara en 1986. Más tarde formó parte de la Seña del Humor de Matanzas y en 1994 trabajó con el grupo Salamanca y como guionista del programa Sabadazo. En 1995 viajó a Chile invitado por el exdirector de la Seña del Humor José Pelayo y desde finales de los noventa hasta principios del dos mil tuvo una muy exitosa carrera como guionista de TV, comediante, escritor y panelista de Radio en Santiago de Chile. En Miami ha tenido su segmento en diversos shows de TV. Fue guionista de Alexis Valdés, produjo y condujo el programa radial Entre Call y Call que hicimos juntos por tres años y ha trabajado como Standing Comedian en teatros y diversos escenarios de espacios nocturnos y de eventos privados. Actualmente trabaja en el show de TN3 de América TV. Él ha sido, además de todo lo dicho en apretada síntesis, un conector y promotor espontáneo y mi incondicional colaborador en todos los proyectos académicos y artísticos desde que nos conocimos en el año 1975.

También comentaba que en Chile siguió trabajando con el Tarot de Marsella. ¿A qué se refiere exactamente?

“Sacerdotisa”.

El Tarot de Marsella es un juego de setenta y ocho láminas que se remonta al siglo XV. Se dice que ese Tarot dio origen a todos los demás. Sus imágenes de color intenso y trazo medieval recuerdan la cultura de los vitrales. Yo trabajaba en mis consultas solo los veintidós arcanos mayores. Las láminas ofrecen la posibilidad de hacer lecturas muy poéticas. Se interpretan por la simbología del color, la postura de los personajes, sus vestimentas y accesorios; los elementos de la naturaleza, la posición en que quedan en la tirada y también por los números. Es un Tarot hermoso. He visto algunos juegos de Tarot muy agresivos y oscuros; pero el Tarot de Marsella es un juego de cuadros artísticos. De buen gusto. Sólo una o dos láminas no lo son. Llegó a mí a través de Laura Rodríguez una amiga, profesora y escritora de Camajuaní (municipio de la provincia de Villa Clara), que se enteró que Pible y yo estábamos practicando lecturas del I Ching en el Mejunje para ganarnos la vida. “Esto, te va a dar más”, me dijo. Y me puso en ese camino.

Tras su partida a Chile y luego a Estados Unidos, algunos textos suyos han aparecido en antologías y cito, a modo de ejemplo, su cuento que fabula sobre el surgimiento de Chile como un estilizado caballito de mar. ¿Ha tenido propuestas para publicar en Cuba esos libros escritos fuera del país? ¿Le interesaría hacerlo?

Sí, he tenido propuestas para los libros infantiles. De hecho, Gente Nueva ha publicado dos libros míos Cielo despejado y Quién les pone el Cascabel. Eso debo agradecérselo a Enrique Pérez Díaz, que también ha tenido interés en reeditar Ikebana y en un momento me ofreció publicar el tercer poemario de la saga de Margarita del Transvaal, Postales de Clivia.

Pero me hubiera gustado publicar Sin las cosas que uno quiere, la novela que escribí en Chile, o mis cuentos para adultos, pero esa literatura sí sé que no va a publicarse en Cuba.

Hablamos mucho de Ikebana y las grandes satisfacciones que le proporcionó. ¿Pudiera contarnos de algún otro título que le haya proporcionado similares alegrías?

Cielo despejado. De Cielo despejado hice una edición familiar en el 2013 aquí en Miami y la vendí toda. Gente Nueva también lo publicó por esa etapa. Trata sobre el mal de Alzheimer a través de la relación de una niña de cinco años y su abuela. En el 2016 lo envié a Enlace Editorial que lo incluyó en el catálogo del 2017 ilustrado por Claudia Navarro. El libro no sólo se ha vendido bien en Colombia, también en Miami lo compraron para las escuelas públicas y en septiembre del 2018 ganó una licitación en México entre cientos de libros y el SEP (Sistema de Educación Pública de México) compró 107 000 (ciento siete mil ejemplares) para el proyecto Libros del Rincón. Yo llevaba mucho tiempo sin presentar nada a ninguna editorial porque los procesos son largos y fatigosos; pero Cielo despejado me situó en otro punto.

“Los colores de la Vida”

Viviendo en Miami usted edita la revista Limón partido ¿Con qué apoyos contó para este proyecto? ¿Qué objetivos y perfil editorial tenía la revista? ¿Cómo circulaba? ¿Cuántos ejemplares por número? ¿Dónde se editaba? ¿Originalmente se concibió con secciones fijas? ¿Recuerda nombres que publicaran allí? ¿Qué razones llevaron al cese de las tiradas y el final de esta publicación?

En Santiago de Chile en 1998 tuve noticias de la creación de las Bibliotecas Independientes de Cuba por parte del matrimonio tunero Ramón Colás y Berta Mexidor. Me dio mucho gusto saber que libros como Persona non grata, 1984 y Rebelión en la Granja de George Orwell, junto a otros tantos que se leían en Cuba forrados en papel periódico, se ponían en circulación a través de las Bibliotecas Independientes y que se estaba cuestionando públicamente la frase de Fidel Castro de que en Cuba no había libros prohibidos, que lo que faltaba era dinero para comprarlos. Recién llegados a Miami, una amiga me presentó a Berta Mexidor que junto a su esposo e hijos también acababa de llegar a Estados Unidos. En la brevísima conversación que sostuvimos, Berta me habló de su interés por hacer —cuando tuviera recursos— una revista dedicada a los niños de la isla.

En los años siguientes nos tocó enfrentar el segundo exilio a nosotros y el primero a ellos, pero en el 2005 Berta y Colás ya habían conseguido el apoyo de la Universidad Estatal de Jackson y del Mississippi Consortium for International Development y podíamos hacer realidad el proyecto.

Tuve absoluta libertad desde el inicio para la realización de Limón partido. Me gustó nombrarla así e imaginar que con esa revista de cuarenta y cuatro páginas podíamos unir mitades.

Limón partido tuvo, además, el apoyo de casi todos los intelectuales, escritores y artistas plásticos a los que les pedí colaboración. Y digo casi porque hubo algunos cubanos dentro y fuera que no quisieron “comprometerse”. En sus páginas contamos con el arte de Romero Britto, Gélico, Alex Pelayo, Eugenia Alcánzar, Ramón Unzueta, Agustín Gainza, Ramón Carrillo, Julia Rivero entre muchos más pintores e ilustradores de Cuba, Puerto Rico, Europa, Brasil, Estados Unidos y Latinoamérica.

Tenía varias secciones fijas. Mi hija Any me regaló el título de “Cómo te con verso” para la sección de poesía, donde publicamos poemas para niños del excelente poeta y expreso plantado Ernesto Díaz Rodríguez, Sergio Andricaín, Antonio Orlando Rodríguez, Juan Carlos Martín —Premio Lazarillo de literatura infantil— y otros tantos.

Una sección que recuerdo en especial era “Entre espinas flores”. En el segundo número, gracias al contacto de un amigo hebreo, pudimos tener el testimonio inédito de Suly Chenkin, que en 1944 con solo tres años fue sacada del ghetto en un saco de papas y tres años más tarde logró reunirse con sus padres luego de que la madre liberada en Polonia lograra dar con su padre en Munich, Alemania. Suly creció en Cuba… En las palabras que precedían a su testimonio Suly me escribió “en el mundo hay una minoría de gente mala, cierta cantidad de gente buena y una enorme masa de indiferentes”.

Otra de las secciones fijas era “Por las altas cumbres” dedicada a grandes autores e ilustradores del pasado y del presente.

En el último número de la revista dediqué este espacio al ilustrador inglés Randolph Caldecott y al autor chileno Manuel Peña, premio El Barco de Vapor. Pero también publiqué, con autorización de las editoriales que poseen los derechos, obras de autores nacidos en Holanda, Dinamarca, Francia y Estados Unidos.

Otra sección era “Esos extraños amigos” dedicada a la relación entre los humanos y los animales. La escritora cubana radicada en California Alma Flor Ada es uno de los autores que recuerdo en esa sección.

También teníamos la sección de humor “El mundo en grafitis” de la que se encargaba Pible, y otra de ciencia y tecnología.

The Space Place Games de la NASA me permitió usar algunos artículos suyos para ese espacio.

Salían quinientos ejemplares y se publicaron cinco números. De los dos primeros logramos que entraran algunos cientos a Cuba. No sé qué caminos anduvieron después. Se trata de desacreditar mucho a la disidencia, a los periodistas y bibliotecarios independientes. Se les llama asalariados del imperio. Yo me encargué de convocar legítimamente a autores y a artistas plásticos de izquierda y me respondieron legítimamente. Porque no se trata de posturas, se trata de una realidad palpable para todo el que tenga sensibilidad y quiera verla. Yo me enfermé. Una debilidad en el ojo izquierdo —no sé si te hablé de esto antes— me ocasionó estrabismo y diplopía. Me era imposible seguir.

“El mejor día”

Emma también dibuja. ¿Acaso su próximo libro puede aparecer ilustrado por ella misma? ¿Podría darnos un adelanto sobre esas nuevas obras y lo que podría pasar con sus inéditos de larga data?

Tengo pendiente un álbum ilustrado por mí. Tengo algunas imágenes y la historia, cuando comencé a dibujar ese era mi propósito. Pero un día fui a imprimir unos trabajos y resulta que terminé vendiéndole los derechos de diez de ellos a los dueños del taller que también funciona como agencia. Y aunque ya los dibujos no me pertenecieran, tenía un cheque y eso me gatilló la vendedora que llevo dentro. Entonces comencé a ofrecer mis diseños para decoraciones, comencé a participar en ferias, a exponer y me siento cómoda e independiente con esto porque veo el resultado de inmediato. Creo que la literatura está también en esas fabulaciones visuales que pueden ser adquiridas por una persona de cualquier edad o nacionalidad. A los americanos les encanta que uno le cuente qué idea originó el cuadro, qué historia se están llevando a su casa. Por qué la muchacha tiene una lágrima en la mejilla o por qué hay un paraguas de tres colores; por eso generalmente pongo títulos largos y sugerentes. Me divierto haciéndolo.

Quizá haga ese álbum ilustrado este 2020…

Del 2017 a la fecha he publicado tres álbumes ilustrados en Colombia y estoy muy satisfecha con los resultados. Cuando es otro el ilustrador y es bueno, tienes dos historias en una. A veces casi una película. Eso me pasó con Dónde está Lino, la historia de un niño de cinco años que se pierde en la ciudad inmensa. Ese libro fue ilustrado por Tania Recio, una artista mexicana que eligió Enlace Editorial. Tania es muy moderna y captó muy bien la historia y la editorial logró un producto precioso. Yo no me canso de volver sobre las imágenes del libro y las disfruto como si fuera una niña y el texto no hubiera sido escrito por mí.

Los textos inéditos de “larga data” como dices parece que van a seguir saliendo ahora. La editorial Ginesta tiene en proyecto otro álbum mío, Cuatro Soles, para el catálogo 2020 y ese interés editorial me ha animado a retomar historias con las que estuve muy comprometida cinco o seis años atrás. Tiempo es lo que necesito.

“Habana, mi pequeña Havana.”
“Enamorada”.
Alejandro Langape

Alejandro Langape

Ingeniero. Narrador y ensayista. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Reside en Villa Clara.
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1 comentario en “Emma Artiles: “Tiempo es lo que necesito”

  1. Me ha encantado esta entrevista Enma, detrás de esas sencillas personas se esconde un gran talento, tuve la dicha de leer, Rebelión en la Granja de George Orwell, una época que me dio por leer en la biblioteca prohibida y leí unas cuantas obras incluyendo la Gran Estafa de Eudocio Ravines, y otros tantos mas. Desconocía los hilos que se mueven detrás de la literatura hasta llegar a nuestras manos, solo nos preocupamos por el autor y la editorial pero no las personas que intervienen por el camino. Espero que en este 2020 tu proyecto no se haya truncado.
    Los extraño en la calle 8.
    Gracias por aceptar mi sincera amistad, los sigo a ambos, El Pible que no lo perdemos donde este trabajando, Gracias por la pintura que le regalaste a mi nieto autista. Y gracias por saber que libros para su aprendizaje en español voy a escoger.
    Mis sinceras bendiciones, sus amigos Carmen y Orlando

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