“Mi cuerpo es el único hogar que mi alma va a tener”

Liam Durán Cardona. Fotos: Cortesía de Liam.

En agosto de 2020, en plena pandemia, cuando no era posible ir al cine, muchos pudimos ver gratis en Vimeo, “Mi alma azul”, primer documental cubano sobre la identidad de género masculina. Es también el primer documental de Liam Durán Cardona.

Este joven de 33 años fundó la Red Alma Azul-Transgéneros Masculinos de Cuba, que contó con el apoyo del Centro Nacional de Salud y Educación Sexual (CENESEX), pero hoy vive en Bélgica.

Aunque lo separan millas de Cuba y el ritmo de la vida en el primer mundo es vertiginoso, encuentra tiempo entre sus horas de trabajo y de descanso para hablar sobre lo que significa ser una persona transgénero en la Isla, su relación con el CENESEX y la experiencia de ser un emigrante trans.

Sin embargo, hasta ahora nunca le habían preguntado cómo había sido su infancia y en qué momento había comenzado su transición a hombre. Su respuesta me sorprende.

Yo nunca me he sentido hombre. Si te refieres a cuando comencé a hacer el tránsito de querer masculinizar mi físico, para decirlo de alguna forma, fue a los 24 años. Ahora, en mi inconsciente estaba el deseo de hacerlo desde muy temprana edad.

Y, claro, una respuesta como esa podría despertar más interrogantes: ¿Por qué masculinizar el físico si no te sientes “hombre”?

Desde el punto de vista en que presentemos las masculinidades exclusivamente para el hombre, cisgénero o transexual, y la feminidad para la mujer cisgénero o trans, es imposible o muy difícil comprender cómo una persona cambia su físico y masculiniza su imagen, y te dice “sabes qué, yo no me siento hombre”.

Siempre pongo este ejemplo: una mujer, que decide hacerse un agrandamiento de mamas, porque le gusta, porque se usa, es la moda, y se pone silicona, se ve normal. Pero si te sales de los estereotipos, ella está modificando su físico. No se ve mal, porque es lo normal, igual que una mujer que quiere reducir sus mamas porque las tiene muy grandes. Hay muchas cosas que son estéticas y se le asocian a la cirugía plástica como estatus de belleza. Evidentemente, son para sentirse mejor y subir la autoestima.

No hay diferencia, si te pones a pensar. Una persona que decide hormonarse, para cambiar de lo femenino a lo masculino o de lo masculino a lo femenino, está haciendo un cambio estético, porque de alguna manera esto le va a aumentar su autoestima. Esta mujer que se está poniendo silicona en las mamas en su mente se ve con esos senos. Es lo mismo que les pasa a las personas transgénero. También hay una imagen de lo que tú posees en tu interior. En mi caso, en ese momento, yo sabía que me gustaba la masculinidad, las ropas que usaban los chicos. Pero no me sentía como una lesbiana masculina, ni siquiera ahora. Muchos me pueden etiquetar así ahora, porque no me estoy hormonando. Ya no tengo esa voz ronca, mi cuerpo ha cambiado muchísimo. Se me nota más que nací biológicamente con una vagina; no es como antes, que no se notaba.

Lo que quisiera que entiendas y el mundo entero comprendiera es que no hay que ver la masculinidad como algo exclusivo de nada.

Muchas personas se identifican como transexuales con cuerpos equivocados, pero muchas no. Gracias a Dios siempre he tenido la inteligencia de crearme y de reinventarme como he querido; si no hubiera sido un hombre trans machista, repetitivo del patrón cubano del hombre cisgénero. No iba nunca a romper ese patrón.

Ni “él” ni el “ella” me identifican o me dejan de identificar. La mayoría de las personas no binarias se empeñan en que les digan “elles” y es una lucha constante. Yo literalmente dejo que las personas me digan cómo me vean. Trabajo con padres y niños. Cuando me dicen, por ejemplo, Madame, les respondo: Oui? Si me dicen Monsieur, les digo: Oui? La mayor parte de las personas a mi alrededor son heterosexuales. ¿Tú te imaginas qué rollo estar diciendo constantemente no es “ella” o no es “él”?

Hablar sobre la reacción de su familia y amistades, no solo cuando decidió masculinizar su físico y se declaró un hombre transgénero, sino antes, cuando salió del closet como una mujer lesbiana, le obliga “a ir muy, muy atrás”.

Al principio, creo que, si alguna vez estuve con algún chico, cuando era muy joven, fue por ese miedo al rechazo. Y fui en contra de mis gustos. Yo sabía desde que tenía conciencia, desde que tenía 5 años, que me gustaban las chicas. Pero a medida que vas creciendo, tú sabes que de alguna manera la sociedad te impone la heterosexualidad y lo ve como algo normal, y la homosexualidad como algo anormal o fuera de lugar. Y más en una sociedad como Cuba, que es una sociedad patriarcal y machista. Desde niño te inculcan determinadas cosas que tú no sabes si es lo que tú quieres o no. No tenía la madurez suficiente para expresar desde mi niñez que a mí no me gustaban los chicos.

A medida que fui creciendo y estuve con algunos chicos, me di cuenta de que era una vida que no quería para mí, de que no me gustaban en ningún aspecto, pues me llené de valor y dije no más. A los 16 años, que fue la etapa en que yo me desencloseté, me gusta esa palabra, yo ya era independiente, aunque era muy joven. Yo me mantenía. No era como esas personas que viven con los padres o alguien que los mantiene.

Creo que mi mamá lo asumió bastante bien. Mi familia tampoco era muy grande. Nunca me crié con mi papá. Mi abuelita creo que lo recibió bastante bien, todo el mundo… Creo que una tía fue la que más o menos se asombró, pero rechazo como tal de mi familia jamás recibí, jamás. De mis amistades tampoco. Creo que siempre fui una persona muy querida y muy respetada… Claro, recuerda que yo manifestaba una feminidad que era la normal. Una chica femenina, a lo mejor como lesbiana no asustó tanto como cuando yo decidí cambiar de Heidi a Liam. Eso sí fue un caos total. Un cambio brusco estremecedor para la sociedad que me rodeaba. Creo que todo se basa mucho en el físico.

Liam presentó su proyecto para visibilizar a la comunidad trans masculina cubana al CENESEX y enseguida recibió el apoyo de la institución. Pero en aquel momento no estaba consciente de la separación entre esta y el activismo independiente en Cuba.

Comencé a darme cuenta, porque el activismo independiente y el activismo que hacía el CENESEX jamás estaban vinculados en las actividades que podían mejorar la lucha que existe en Cuba por lograr una mejoría en la calidad de vida de la comunidad LGBTIQ, ni porque se aprobaran leyes a favor de dicha comunidad. Solamente vi, en ocasiones, a ambas comunidades unidas los días que se celebraban las jornadas contra la homofobia y la transfobia.

Mi percepción sobre el CENESEX es la misma que tengo de todas las instituciones gubernamentales: mientras la ideología política sea lo primero jamás lograrán de verdad sus supuestos objetivos por y para la comunidad LGBTIQ. Por otra parte, el CENESEX siempre recibirá de mi parte una eterna gratitud.

Sin embargo, aclara que haber colaborado con el CENESEX no le hace “comunista” como tampoco es ahora “gusano”.

Pero para el sistema cubano es literalmente: conmigo o contra mí. No hay términos medio y a mí ese radicalismo no me gusta. Yo soy libre de decir y ser como me apetezca, siempre y cuando no violente los derechos de otras personas, porque para eso existe la libertad de expresión; un derecho humano que en Cuba no se respeta.  Creo que todo cubano que no ha salido de Cuba posee una gran ignorancia sobre la realidad de Cuba.  Evidentemente cuando salí de Cuba y comencé a ver esa realidad que siempre nos ocultan cuando vivimos dentro, comencé a sentir un total rechazo por como el sistema gubernamental dirige ese país.

Trailer del documental “Mi alma azul”

Liam decidió abandonar Cuba, lo que significó dejar atrás “mi familia, mis amigos, mis calles, mi historia y parte de mi alegría por la incapacidad de obtener trabajo, por los tan bajos salarios, por el rechazo social que existe como consecuencia del patriarcado y las violencias machistas que desborda a la sociedad cubana, porque estaba cansado y desgastado de pelear porque se aprobaran leyes tan necesarias, no solo por la comunidad LGBT, sino en general”.

Salí de Cuba porque en el año 2019 se hizo una convocatoria en Holanda para que algunas personas trans de Latinoamericana participaran en el programa que se estaba haciendo ese año por el gay pride. Un funcionario de la Embajada de Holanda y hoy por hoy la persona que considero mi amigo, me habló del proyecto y me dijo que presentara un currículo y quizás me escogían. ¡Y así fue! ¡Recibí la gran noticia un mismo 17 de mayo que yo celebraba cumpleaños!

Sin embargo, la decisión final de quedarme no fue hasta que llegué a Holanda y mi mejor amiga me ofreció ayudarme a salir adelante en todos los aspectos. Por eso es que estoy en Bélgica.

Ser emigrante siempre es difícil al principio. El cambio de cultura, de idioma, y sobre todo porque dentro de la comunidad europea existen muchas personas que emigran huyendo de la pobreza o la guerra de que existe en sus países. Es un reto tanto para el gobierno como para el que emigrar. Lo más difícil como emigrante fue ese período en que, como indocumentado, no podía obtener un empleo legal, y la espera de querer volver a Cuba solo para abrazar a mi familia. Jamás he lamentado haber dejado Cuba. Es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.

Bélgica es un país donde “las personas no se te quedan mirando, no te cuestionan absolutamente nada. No tienes esa preocupación de si te van a aceptar en el trabajo. Y ni hablar de la cantidad de leyes de protección que existen contra la discriminación. Aquí tú demandas hasta porque te miren mal. No es como en Cuba, que te digo, te ofendo, te toco, y es la salvajada, la violencia, y no pasa nada. Aquí sí pasa”, me contó Liam en otra ocasión.

Además, sin dudas tiene más acceso a los tratamientos hormonales que en Cuba constituyen una de las mayores dificultades para las personas que realizan el tránsito. Pero a estas alturas, la apariencia física ya no es una preocupación para Liam.

Definitivamente no me interesa modificar nada de mí. Soy así, y estoy bien así. No me interesa lo que las personas crean de mí.  Pero esa aceptación es el resultado de un largo proceso psicológico de mí hacia mí. Yo me reinventé. Nada tiene que ver con Cuba o Bélgica. Ya desde Cuba sabía. Creo que la práctica de la filosofía budista fue la que finalmente me hizo lograr esa aceptación personal. Ahora, evidentemente ayuda mucho el no tener a nadie detrás juzgándote. Ese bienestar no tiene precio.

Aunque no le gustan las etiquetas, reconoce que a veces son necesarias para explicar cómo se siente.

Si tuviese que identificar mi identidad de género con términos ya inventados, creo que me siento una persona trans no binaria. Trans, porque no me siento cisgénero. Y no binario porque no sigo ningún patrón o rol del binarismo de género impuesto por la sociedad. El género no binario (y así pienso yo, y las demás personas no tienen por qué estar de acuerdo conmigo) abarca más que el no sentirse ella o él.

Esta experiencia, que también podría definirse como un viaje, está reflejada en el libro que ha estado escribiendo desde los “23 o 24 años” y que ha tenido varios títulos provisionales.

Creo que al principio le puse “Él, ella y yo”, “Él, ella, él y yo”, “Nosotres”. Le he puesto muchos nombres, pero finalmente, aunque ahora es temporal, creo que el título va a ser “Te amo con todo mi cuerpo”.

Cuando empecé el proceso de cambio, comencé a tomar apuntes porque siempre tuve la idea de que terminara en un libro que pudiera compartir con otras personas transgénero masculinas, porque en Cuba no había nada de información, para que tuvieran más o menos un referente. Ahí empecé con el tema de la testosterona, del médico… y siempre creí que ese material iba a quedar ahí. En aquel entonces, estaba convencido de que todo se basaba en un tema trans masculino. Pero después con el tiempo, para mí fue una sorpresa, porque a medida que pasaban los años me iba transformando en alguien más que un trans masculino.

Evidentemente, mi realidad ya no era simplemente mi imagen. Mi cuerpo era el que expresaba casi un todo, porque ya yo tenía que manifestarme desde lo femenino y lo masculino. Yo era una interpretación. Cuando eres una interpretación a la vista incluso de tus familiares, que no saben si decirte ella o él, cómo tratarte, o qué rol tú empiezas a jugar en la sociedad, o cómo te identificas desde tu punto de vista… Cuando estás tan enfocado en las realidades de binarismo de género es un poco complicado salirse de esos esquemas que te marcan toda la vida… Después vino una etapa en la que empecé a aceptarme como una persona no binaria. Todo eso fue un proceso del que hablo también en el libro.

Mi cuerpo se transformó en un todo cuando empecé a vivir la realidad de Europa, de otras partes del mundo que no son Cuba, y ya entonces eres una raza, eres latino, eres emigrante, indocumentado. O perteneces a la comunidad LGBT latina, indocumentada. Al final, todo se basa en el cuerpo y el cuerpo para mí se convirtió en mi casa, es el único hogar que mi alma va a tener.

Liam durante la premiación en el Instituto de Artivismo Hannah Arendt en La Habana.

Regresando su documental, me cuenta que la idea surgió como parte de su proyecto para visibilizar a la comunidad trans masculina a través del arte.

Ya había hecho varias exposiciones fotográficas, pero jamás un audiovisual. Estudié Fotografía en la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana (EFCH). Jamás estudié cine.

Pude hacerlo ya que participé en la convocatoria de cine independiente en la categoría documental, lanzada por el instituto (de Artivismo Hannah Arendt: INSTAR) que dirige Tania Bruguera, hoy por hoy, una de las personas que más admiro y valoro.

Tras la premier en INSTAR, en diciembre de 2019, “Mi alma azul” se ha exhibido en festivales de cine independiente en Ámsterdam, Holanda. También está en la cartelera de otros festivales de cine LGBTIQ que se cancelaron por el coronavirus. Los planes futuros son continuar exhibiéndolo en todo el mundo entero para que las personas conozcan parte de la realidad que viven los trans masculinos de Cuba. Pero se puede ver gratis por Vimeo.

Sin embargo, mi mayor deseo es que toda la comunidad cubana tenga total acceso a él, sobre todo las personas trans masculinos. Pero sé que eso es algo muy complicado de lograr ya que en Cuba casi todo el arte independiente es censurado.

Casi siempre me despierta curiosidad la motivación de las personas trans para elegir sus nombres. En el caso de Liam, fue la admiración que compartía con su novia de entonces por el actor Liam Neeson.

Y nos vino como anillo al dedo, porque es un nombre unisex. Cosa que yo no sabía.

Yusimí Rodríguez López

(La Habana, 1976). Narradora y traductora. Colaboradora también de los sitios Diario de Cuba y Havana Times. En 2015 publicó su primera colección de cuentos, The Cuban dream. Ganó el Premio Deslinde con La otra guerra de los mundos (Ed. Deslinde, Madrid, 2021). Cuentos suyos aparecen en antologías en Cuba y otros países.

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