Entrevista│La Rosa Marquetti que cuenta a Celia Cruz 

La investigadora y musicóloga cubana repasa su infancia y el contexto racial y cultural que marcó su acercamiento a Celia Cruz.

16/03/2026
Rosa Marquetti junto a libro sobre Celia Cruz
Rosa Marquetti junto a la portada de uno de sus libros sobre Celia Cruz.

“De niña, yo llegaba de la escuela y en vez de ir para mi casa, iba para la casa de mis abuelos paternos. Era una casa colonial de madera, eran tres casas unidas, adosadas, cada una con un patio central alrededor del cual estaba casi todo”, me cuenta Rosa Marquetti sobre su infancia.
“Cuando yo llegaba, ya mi abuelo empezaba la siesta y yo entraba para que me diera dos centavos para comprarme helado”, recuerda que a un costado de la cama de su abuelo había una puerta a la que nunca le dejaban entrar.

“Pero bastaba media vez que me dijeran que no, para yo tratar de ver qué había adentro” y la curiosidad marcó el resto de su vida.

“Lo más que logré ver por la hendija, fue un cable con un bombillo que colgaba del techo. El abuelo de Agustín Marquetti, Cristóbal, primo de mi abuelo, era el que entraba muchas veces a la semana. Alguna vez yo oí decir en mi familia que había una prenda originaria, cosa que no me creo, porque los esclavos no pudieron llevarse nada de África, pero ellos tenían algo ahí”, Rosa dice que no vio nada, pero el misterio a veces llena nuestras vidas de manera insospechada, y la música fue su camino aunque no de la manera al uso de la época. 

Lo negro, lo blanco, la educación

“Los negros que creían y que tenían una determinada posición, un determinado desenvolvimiento, lo ocultaban. A mí me pusieron a estudiar piano. Eso era otro paradigma de la blanquitud. Claro, la maestra de piano en Alquizar, Ángela de la Uz, era una mujer que cobraba poquísimo, por eso mis padres se lo podían permitir”. 

“Eso era un patrón. Mis primas casi todas estudiaron piano, porque era una manera de que tú te refinaras. Pero fíjate si es interesante, que mientras más me alejaban de ese cuarto, más me interesaba”, y recuerda el esfuerzo de su mamá por enseñarla a no dar la nota. 

“También recuerdo cómo mi mamá se esforzó mucho para que supiera de dónde yo venía, que sintiera orgullo de mi abuelo paterno, que había sido capitán del Ejército Libertador. Fue de los tres muchachos negros que se unieron a Maceo cuando la invasión pasa por Alquizar. Todo eso yo lo sé desde que tengo 6 años”.

Marquetti recuerda que en ese entonces había una “educación patriótica y de orgullo de identidad que no era a nivel de teque ni de imposición. Era conocer a la familia de dónde uno venía, sentir orgullo de la misma gente que estaban vivos todavía”.

Y recuerda cómo en la época de sus padres tenías que “ser educada, no podías permitir que te dijeran que eras chusma, tenías que comportarte bien para ser correcta. Incluso cuando lees las primeras publicaciones y revistas de los negros, por ejemplo, Ideales de una Raza, que era una página que los negros lograron tener, nada más y nada menos que en “El Diario de la Marina”, te das cuenta que ahí había mucho de eso, es decir, mucho de mimetismo con respecto a la sociedad blanca, que eran las normas de conducta. Tenías que comportarte y te educaban para ser aceptado”. En aquella época las opciones eran tener un oficio o ser maestro. 

“Yo tengo 75 años, la educación que tengo era la educación de las familias negras que querían que sus hijos progresaran, que incluía un rechazo profundo a la santería porque se consideraba un atraso y también pasaba por la propia diabolización del negro por parte de los blancos. Me motivaban a que leyera, a que viera películas, programas de televisión aunque a mí no me dejaban ver novelas—. Yo tenía que ser la mejor”, y confiesa que le tiene un cariño tremendo a la soledad aunque aparente ser gregaria. 

“Creo que eso parte de esos años en que mi mamá me obligaba a ir a la iglesia y relacionarme con los grupos de blancos de la iglesia, muchachos como de mi edad, un poquitico mayores, con los que no me sentía identificada, pero eran músicos, tocaban piano, algunos cantaban. Mi mamá quería que yo fuera refinada, culta”.
Sin embargo atesora las primeras veces que escuchó hablar de Arsenio Rodríguez y de Arcaño a sus tías, que eran bailadoras.

Rosa Marquetti junto a retrato de Celia Cruz
Foto de Rosa Marquetti. Imagen: Facebook

“Estoy firmemente convencida de que toda la creación, toda la inspiración, todos los contextos de todas esas mujeres pasan por la religiosidad que heredan de sus ancestros” y lo afirma porque su mirada sobre la música ha sido durante años panorámica y ha abarcado vidas, contextos, además de la música como vehículo espiritual. 

“Da igual que Celia dijera que nunca había sido santera, que su religión era la católica y que ella era devota a la Virgen de la Caridad. La ancestralidad la marca. No te explicas cómo ella pudo interpretar esa música con ese nivel de autenticidad que todavía hoy hay gente discutiendo que ella tiene que haber sido santera. Es tremendo lo que graba en el año 47 con 22 años, que te pone los pelos de punta”.

Y menciona a otros:

“Mario Bausá, Machito, eran santeros, eran abakuá y no lo decían porque el problema es que eso era un estigma. Y todavía tú ves gente en Miami cómo habla en las redes sociales", omitiendo este tipo de información, ya sea por ignorancia o por prejuicio.

“Todas estas negras grandes, ninguna hablaba del tema racial. Su activismo era de otra manera y no era menos importante. Era lo que la época les permitía y siempre buscaron las vías para hacerlo. Paulina, primero que Celia, Zoila Gálvez que era espiritista, primero que Paulina Álvarez, por cronología, siempre tuvieron muy clara su identidad, pero había que ser camaleónico en aquellos tiempos. Hay que leer una entrevista hecha en el año 1922, a Zoila donde ella habla de su padre, de su abuela con un orgullo: ‘mi padre nació esclavo, mi abuela fue esclava’, decía. Ella tenía una relación muy particular con su padre, que era coronel del Ejército Libertador”, Marquetti da cuenta de los mensajes que esas mujeres van enviando dentro de las posibilidades que les da la época y a la vez ser “finas, vestirse bonito, como blancas”.

La Cuba de Rosa Marquetti  

Rosa Marquetti dice que no sabe bailar porque nunca la dejaron ir a una fiesta. Es católica bautizada y con primera comunión. Su rebeldía llegó junto al triunfo de la revolución y su escapada a la recogida de café con la complicidad de su padre. 

“Esto es una cosa muy difícil de explicar para algunas generaciones. No se pueden imaginar lo que representó que Cuba se pusiera de moda en el mundo. Lo que aparentemente representaba la revolución para mucha gente en el mundo, la modernidad, porque ellos eran modernos, no eran esta cantidad de barrigones de ahora” y le agrega a esa descripción todo lo que habían comenzado a “meterles en la cabeza”. 

“Entonces había un movimiento cultural en los años 60 paralelo a una represión que tú no veías. Tú te enterabas puntualmente, pero tú no la veías. Recuerdo, yo era fanática de Los Memes, y cuando desaparecen en 1969, lo que te dicen es que Los Memes se van, los quitan y a ti te parece que eso es normal; mientras estás consumiendo buenas películas, obras de teatro, dialogando con artistas".

Es su época de adolescente, en la que está descubriendo el mundo y en lo único que piensa es en salir del pueblo e irse para La Habana, recoger café. Ese acto de rebeldía fue tan terrible que conserva muy poco recuerdos, solo que, ella que tiene pavor de las ranas, le caían en el mosquitero durante la noche. 

Música y Cuba

“Primero fui muy grupi de artistas como Irakere. Estaba becada en F y 3era (en el Vedado). Por eso es mi amistad con Chucho Valdés, con Carlos del Puerto. Ellos ensayaban detrás de la beca” y la música le entró por una hendija, como aquella vez que en su niñez intentó ver tras la puerta que guardaba el secreto familiar.

“Lo que a mí realmente me estremece y me dice ‘esto es otra cosa’, ‘esto es algo que a mí me llena el espíritu’, es cuando oigo a Irakere en su primer concierto en el Carlos Marx, donde Paquito de Rivera estrena el Adagio de Mozart. Al ver eso mezclado con el jazz y tocado con tambores batá y con tumbadoras, me dije: ‘esto es’, y además, lo que me provocó a nivel sensorial no tiene descripción”, para ese entonces ya sabía que lo más interesante de la música ocurría en los cabarets a donde no la dejaban ir y no en la televisión o en la radio. 

Pero en los 70, cuando están los Van Van e Irakere siente que hay algo que será para toda su vida. “Es donde empiezo a tratar de leer y a tratar de saber”. Y vuelve sobre sus tías a que le cuenten.

“Me hablaban de Arsenio, del pianista de Arsenio que era Lilí Martínez, que era lo más grande: ‘Imagínate que nosotros nos paramos con el abanico en el momento en que paraba el danzón para oír los solos de Lilí’. Esas son mis grandes conversaciones con mis tías, mi mamá y mi tío Luis Marquetti que estaba vivo”.

“Pero en ese momento no hay tiempo para escribir, ni para investigar en serio”, aunque hizo anotaciones y guardó documentos, ella estaba en todo lo que tenía que estar una joven de la época, “trabajando, estudiando, creyendo firmemente que lo que estábamos haciendo era lo correcto y que estábamos de alguna manera siendo privilegiados porque estábamos asistiendo a un cambio donde el país iba a ser lo más grande del mundo en el futuro”. 

Rosa Marquetti junto al músico Bebo Valdés.
Rosa Marquetti junto al músico Bebo Valdés.

También siguió el consejo de su mamá, Romelia Torres, de que “no se empatara con ningún hombre para que me resolviera ningún problema, que las mujeres negras teníamos que tener carrera y estudiar para darnos todos los gustos nosotras mismas”, eso la llevó a convertirse en el centro económico de su familia, en sostener a sus padres cuando se jubilaron. 

Rosa primero trabajó en el Comité Estatal de Colaboración Económica en temas de traducción. Allí era la “superficial” porque le gustaba la música, los artistas y el bailoteo. 

“Por ese camino nunca fui militante de la juventud, nunca fui militante del Partido (Comunista de Cuba), porque siempre tuve ese letrerito de que yo andaba con los artistas. Eso para mí, en un momento determinado fue un motivo de sufrimiento, porque yo amaba esa revolución. No voy a decirte lo que mucha gente de mi edad dice ahora. No, yo y muchos como yo creímos y podemos tener una parte tremenda de culpa en lo que ha pasado ahora, porque no lo vimos venir, porque lo idealizamos, porque nos dejamos lavar el cerebro. Hubo un momento que creí y hubo un momento que dije, ‘espérate, no, esto no puede estar pasando’”.

El parteaguas

“Mi decepción llegó con la Causa Uno. Para mí el tema de la pena de muerte es una cosa que tengo muy claro. La muerte ejecutada por otra persona en nombre de un Estado, no es solución a ningún problema, es un castigo y no creo que ningún hombre esté capacitado para ejercer sobre otra persona un castigo de esa naturaleza. Tengo una posición ética y moral con respecto a la pena de muerte y a los asesinatos ordenados”. 

Ella, que vio el juicio al comandante Ochoa por la televisión, dice lo mismo que aseguran otros: 

“Aquel hombre que estaban juzgando, cuando se paró con dos cojones delante de la cámara y empezó a hablar, le viró completamente el relato al Partido Comunista”.

“Hubo muchas cosas que no entendí y eso me hizo hacerme muchas preguntas. Pero tenía una cosa clara. Esto no era lo que yo me había imaginado. Me daba cuenta que había muchas mujeres de dirigentes que vivían como Carmelina, súper bien, que se iban a Varadero en agosto con todos los gastos pagos. Después venían haciendo los cuentos y todo aquello a mí me empezó a chirriar”, lo cuenta en pocas palabras pero fue un proceso que le duró años.

“Soy de las primerísimas personas que en Cuba tuvo dos y tres trabajos. Por ejemplo, empiezo a trabajar en Old Man Bebo con el cámara de Fernando Trueba. Esa es mi primera gran investigación concretada en algo, y empecé porque necesitaba dinero”, también trabajó en ARTEX, con Francis Cabeza en la disquera, en la Fundación Pablo Milanés como jefa de despacho de Pablo. 

“Esa es una etapa preciosa que tuvo mucho que ver también con mi conocimiento sobre la música, la profundización en cuanto a la interconexión de la música con muchas otras esferas de las artes, porque eso era Pablo. Esa sinergia fue lo que Pablo quiso hacer en la Fundación. Es una historia que algún día habrá que escribir. Habría que escribir lo importante que hubiese sido que la primera iniciativa privada de un grupo de negros hubiera prevalecido” y es cuando se vuelca sobre la música y la investigación.  
Esos antecedentes le marcan la mirada como investigadora y ella está consciente de su poder. 

“La mayor parte de los musicólogos no han trabajado con la música. Yo no soy música, pero estudié música y he trabajado prácticamente en todos los estamentos de la industria. Eso me da una mirada muy diferente”.

Rosa Marquetti en Casa de América
Rosa Marquetti en Casa de América. Foto: María Matienzo

Celia Cruz 

Cuando Celia Cruz llega a las páginas de Rosa Marquetti, ya ella tenía un espacio creado para la música. 

“Empiezo a investigar sobre Celia porque yo sabía muy poco de ella y entendía que había una contradicción entre lo que les oigo decir a alguna gente, como el difunto Humberto Valverde, que es el primer biógrafo de Celia, de que Johnny Pacheco hizo a Celia porque cuando yo era niña y veía a Celia en la televisión, ya era una gran diva como Guillot. Empiezo sin una conciencia real de que iba a ser un libro, ni remotamente, porque hay un momento donde yo llego a la conclusión de que era una figura muy grande para mí, que yo no iba a poder hacer. Y mi sobrina Claudia y Miguel Barnet son los que me dicen ‘tú tienes que hacerlo’.

Barnet en particular le dice “con la capacidad que tú tienes de investigación y de escritura, el simbolismo de que tú seas una mujer cubana y negra escribiendo sobre Celia es demoledor”. 

¿Y por qué no? Celia Cruz, que grabó temas de muchas mujeres, que les dio visibilidad, “y de paso ganaban un dinerito por derecho de autor”, debía ser llevada al mundo editorial, aunque ya existieran otras biografías, y puesta en el contexto que se merecía de la mano de otra mujer negra que había sabido abrirse paso en un ambiente de intolerancia a la alegría y a la música que no respondiera al discurso ideológico. 

Marquetti asegura que Celia Cruz hizo activismo desde su música por eso hoy es bandera de tantas otras mujeres. Pone de ejemplo un tema que la artista grabó con 23 años que se llama Quédate Negra y que “es un himno a la belleza negra y un himno contestatario frente a aquel que quiere imponer un patrón de belleza blanca. ¿Era consciente de lo que hacía? No lo sé, pero lo hizo. En el año 1948, en la discografía cubana no hay una canción como esa”, sus cantos a los ancestros, como su postura ética ante la vida, trascienden su voluntad. 

Es también una manera de entender cómo y por qué “la proeza de Celia que está en haber resistido el paso del tiempo, aceptando modernidades explícitas en determinadas cosas, sin variar su columna vertebral, que es la música cubana. Es la defensa de su identidad, de su raíz”.

Marquetti agradece la oportunidad de “contextualizar a Celia como una mujer negra cubana”, aunque también la hayamos contextualizado a ella como autora de una extensa bibliografía que ha hecho que perdure un legado que parecía iba a morir. 

Rosa Marquetti
Ilustración: Alas Tensas
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La Habana (1979). Escritora. Realiza la columna de opinión «Mujeres de Alas», en la Revista Alas Tensas. Ha colaborado como periodista en medios y revistas como Cubaliteraria, Havana Times, Diario de Cuba, El Tiempo en Colombia, Hypermedia Magazine, Programa Cuba y Connectas. Sus reportajes han sido publicados en una compilación de ediciones Samarcanda, España, bajo el título Apocalipsis La Habana (americans are coming). En el 2020 publicó la novela Elizabeth aún juega a las muñecas (Editorial Hurón Azul) y el libro Orquesta Hermanos Castro: la escuelita, sobre la historia musical olvidada (Unos & Otros Ediciones ). Fue reconocida por la Fundación Internacional para las Mujeres en los Medios (IWMF) como Women Journo Heroes. Sus reportes sobre la vida cotidiana de las cubanas y los cubanos se pueden encontrar en el diario CubanetNews.