Impronta de mujeres cubanas en el devenir histórico-cultural de la etapa republicana (1902-1958)

Machete clavado en el tronco de un árbol, aguantando una jaba de color rosado.
Foto: Gustavo Pérez.

Los enfoques, también llamados roles de género, no han tenido igual connotación ni han sido asumidos con el mismo significado en el devenir de la humanidad. En etapas históricas no muy distantes, ni siquiera se había formulado una definición de esta categoría teórica.

Es en la contemporaneidad que la definición enfoques o roles de género —que establece derechos y obligaciones, devenidos de normas y expectativas social y culturalmente establecidas; y adjudicadas a las posiciones de hombre y mujer, las cuales han dejado su impronta en los sujetos y provocado incoherencias, posiciones contrapuestas a hombres y mujeres— alcanza un sentido práctico y ocupa espacios de debates teóricos en diferentes escenarios de la vida pública.

Los debates actuales propugnan la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres, lo cual propicia enfoques que les permitan participar en diferentes esferas y actividades sin distinción de género. Las políticas de igualdad de oportunidades proponen que se incorpore la perspectiva de género en la planificación, desarrollo y evaluación de las políticas generales en materia de educación, salud, empleo, participación, urbanismo, y demás aspectos de la vida pública.

En tal sentido es útil y necesario el recuento histórico acerca de su papel en diferentes estadios histórico-concretos. Los mitos y leyendas que se han perpetuado de generación en generación desde los albores de la humanidad presentan imágenes poco favorables de la mujer. Por situar algunos ejemplos, baste recordar que Zeus, todopoderoso dios del Olimpo de la antigua Grecia, castiga la traición de Prometeo enviando a la tierra a Pandora con una caja en la que todas las desgracias estaban atrapadas; ella —tenía que ser mujer— no pudo resistir la tentación y la abrió… De igual manera, los sacerdotes de la Biblia explican que otra mujer fue creada para traer calamidades al mundo. Esta vez se llamó Eva y fue igualmente fruto de creación divina.

Realmente la historia demuestra que las mujeres han sido marginadas de grandes acontecimientos de carácter público, ya sea en procesos socio-económicos, políticos o culturales, y por consiguiente, de toda posibilidad de protagonismo. En no pocos casos, las que han intentado resaltar los valores del género femenino y se han enfrentado al discurso androcéntrico han sido tachadas como locas, brujas o hechiceras.

Son muchos los ejemplos en el mundo, de mujeres que para sobrevivir y/o realizarse personal o profesionalmente han tenido que ocultar su identidad de género, lo cual en muchas circunstancias les ha costado la propia vida o el escarnio público. Por ello muchas han tenido que buscar diferentes formas de encubrimiento de su sexo. Abundan anécdotas, hechos insólitos de mujeres que han suplantado su apariencia para sobrevivir o que para cumplir su vocación o sueños han tenido que enfrentar a sus contemporáneos pagando precios muy altos.

El arte lo manifiesta y, por supuesto, la literatura. Según investigaciones del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, en fecha tan distante como los inicios del Siglo IX, “el más antiguo tratado de educación fue obra de una mujer… Dhouda de Gasconia escribió en latín el Manual para mi hijo.

En la novela Historia del rey transparente de la novelista española Rosa Montero, conmueven las peripecias de la campesina adolescente Leola, convertida en feroz guerrero de un turbulento Siglo XII. Como única escapatoria, esta joven desolada en medio de un campo de batalla, logra desnudar a un soldado muerto y a partir de ese momento bajo un disfraz viril realiza hazañas épicas insólitas para una mujer de su tiempo. No obstante, pese a todos los horrores y sacrificios que vive, al final de sus días esperando el cumplimiento de su condena es capaz de dejar testimonio de su vida y se regocija de su más grandiosa proeza en aquel mundo de hombres: “soy mujer y escribo… soy plebeya y sé leer… es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa”.

Conocidas son también, ya en etapas algo más cercanas en el tiempo, las motivaciones que llevaron a la extraordinaria Sor Juana Inés de la Cruz a tomar los hábitos religiosos. Otro ejemplo se manifestó en los prejuicios y polémicas que envolvieron la existencia, y de cierta manera impactaron en los reconocimientos a nuestra escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda; de hecho, ni tan preclaro intelectual como nuestro José Martí pudo sustraerse a ello, cuando llega a valorarla desde una perspectiva que ha sido objeto de diversas interpretaciones: “demasiado hombre esta mujer”.

En verdad, con relativa insistencia comienza desde el Renacimiento un intento de romper esquemas de sumisión de la mujer en el panorama doméstico absoluto. Sobre todo la mujer de clases acaudaladas se mostraba muy interesada por proyectos de tipo artístico y cultural, fundamentalmente por la lectura; ello propició que se reconociera su papel en la organización y apoyo a tertulias literarias y filosóficas que contribuyeron en notable medida al fortalecimiento del nuevo ideal de la Ilustración.

Otros factores que le fueron dando posibilidades a la mujer de ganar espacios públicos son los grandes cambios sociales ocurridos a nivel mundial en el siglo XX, particularmente por su participación en la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde dieron muestras de sacrificio y heroicidad, fundamentalmente como enfermeras.

Todo ello contribuyó a que se fueran produciendo cambios en la recepción de la imagen femenina por parte del género masculino, y de las propias mujeres hacia sí mismas. Irrumpe la moda del cabello corto y el vestuario funcional que incluye el uso de pantalones, prenda masculina por excelencia hasta ese tiempo. A nivel mundial también se refuerza la imagen femenina como símbolo sexual y como factor de éxito y persuasión en nuevas empresas que se iban fomentando.

Estos cambios del rol de la mujer en la vida pública y su incorporación al espacio social no significaron, como generalidad, que su papel ante la vida familiar variara y se aligeraran las cargas a las que históricamente había estado condicionada. Paralelamente, entonces, se empiezan a generar comportamientos de resistencias, culpas, ansiedades en la mujer y demás miembros de la familia y la sociedad.

Tal situación revela que a pesar de los progresos obtenidos, ha continuado la sobrevaloración del universo masculino que se erige sin barreras como norma social, mientras que aún en el mundo actual se mantienen actitudes de desvalorización del rol de la mujer en la mayoría de las sociedades; ello pone de relieve la necesidad de continuar estudios y cuestionamientos acerca de la permanencia de las inequidades de género.

La desvalorización de las posibilidades de la mujer en los espacios públicos, esquematizado en la mayoría de las sociedades y contrapuesto a una sobrevaloración de lo masculino, se erige como norma social y pone de relieve la permanencia de un conjunto de inequidades de género; es un condicionamiento histórico cultural. Tales circunstancias generan hoy, serios análisis y debates en el campo de las Ciencias Sociales.

Desde esta perspectiva resulta interesante realizar un acercamiento al papel desempeñado por las mujeres cubanas en el devenir histórico de la nación y particularmente su implicación en un período de grandes transformaciones en la vida pública y cultural cubana como lo es la etapa republicana (1902-1959).

Las cubanas, desde la etapa colonial, respondieron con posiciones que pudieran considerarse —desde la mirada actual— como feministas. De hecho son innumerables las mujeres que se suman y de diversas formas contribuyen en las gestas independentistas del siglo XIX.

En esa postura de cambio de rol resulta interesante un dato curioso como lo fue la aprobación en Cuba —a solicitud de las mujeres— de la ley de divorcio en 1918. La primera cubana divorciada se llamó Catalina Lasa, quien procedía de la alta sociedad y abandonó a su marido para vivir una intensa relación con un señor llamado Pedro Baró; sus restos descansan juntos en la Necrópolis de Colón donde según la leyenda él se hizo enterrar a los pies de su amada para seguirla adorando más allá de la muerte.
Otro dato a favor del rol que fue tomando la mujer en Cuba fue la aprobación del voto femenino en 1920 por parte de los representantes del Partido Liberal.

De igual forma influye en el pensamiento y accionar de las cubanas de esta primera mitad del Siglo XX, los acontecimientos que en el mundo refuerzan la imagen de la mujer como símbolo sexual y como factor de éxito y persuasión en nuevas empresas, sobre todo en la actividad intelectual al producirse un alza del periodismo femenino en diversas modalidades, lo cual posibilita la expresión de inquietudes insatisfechas.

Es necesario para este acercamiento al rol femenino en esta etapa, tener en cuenta los factores histórico-concretos en que se produce. La situación precaria en que habían quedado muchas familias cubanas después de la Guerra de Independencia, la propia experiencia de otras que habían sufrido los rigores de la inmigración pero a su vez habían aprendido del ejemplo de la mujer norteamericana que había sabido imponer su derecho al trabajo en esa época, llevan a las mujeres cubanas a un replanteo de su papel como apoyo a la economía familiar.

Hasta entonces solamente se habían considerado como empleos apropiados y asequibles, el ejercicio del magisterio y la costura, pero ambos requerían vocación, preparación, y ofrecían escasa remuneración, por lo que se necesitaban nuevos campos de trabajo.

Es acto de justicia entonces, desempolvar nombres de pioneras en disímiles actividades, que en su tiempo eran privativas del sexo masculino, y que abrieron horizontes a una nueva participación de la mujer en la vida pública, social, profesional y familiar.

Una labor que cobra auge en la Cuba de esta etapa, fue la de oficinista; iniciada por la Sra. Emilia de Córdoba y Rubio, también connotada patriota y colaboradora de las fuerzas mambisas que al concluir el período bélico se destacara como la precursora en esta labor y con ello va abriendo el camino a otras, que en lo adelante recibieron preparación técnica en mecanografía, taquigrafía y posteriormente, con el empuje que cobran tales desempeños, se promueve la creación en 1928 de las Escuelas Elementales y Superiores de Comercio, adscritas a la Universidad. Numerosas cubanas comienzan a fungir como contadoras y en puestos administrativos de importantes empresas; entre éstas por su connotado mérito debe mencionarse a la Sra. María Guiral Moreno, primera mujer que llega a ocupar el cargo de secretaria de la presidencia del Tribunal Supremo.

En el profesorado son innumerables las cubanas que han dejado una huella como precursoras del concepto moderno de la pedagogía, tanto desde el aula como al frente de cátedras y planteles docentes. En el ámbito universitario se destacan por su obra cultural: las Dras. Sara Isalgué de Massip, Vicentina Antuña, Rosario Novoa, Helena Calduch. entre otras muchas, incluso como autoras de textos de sus asignaturas y de otras obras. La Dra. Rosario Rexach de León Sotto, primera autoridad femenina en disciplinas filosóficas; la Dra. Catalina Fernández de los Ríos, consagrada al cargo de inspectora general de Escuelas Normales de Kindergarten durante treinta años y que tuvo bajo su jurisdicción las escuelas de La Habana, Las Villas, Camagüey y Oriente con más de 1600 aulas.

Otro sector que contó con una extraordinaria fuerza capacitada en las cubanas fue la de las bibliotecarias. Pioneras de esta actividad fueron la Dra. María Teresa Freyre de Velázquez y la poetisa María Villar Buceta que se consagraron a la formación de nuevas bibliotecarias; también la Dra. Lilia Castro de Morales. insustituible directora de la Biblioteca Nacional durante muchos años.

Entre las tantas mujeres que en esta etapa contribuyen al desarrollo de la cultura y el arte se encuentra la ensayista Ana María Borrero, que enalteció además el arte de la alta costura en Cuba. La labor de María Teresa García Montes de Giberga, ilustre fundadora y primera presidenta de la Sociedad Pro Arte Musical, a quien tanto le debe la cultura musical cubana. Berta Arocena de Martínez Márquez, primera presidenta del Lyceum, cargo en el que se mantuvo durante veinte años con un brillante trabajo. María Gómez Carbonell fue presidenta de la Alianza Nacional Feminista, consejera de Estado, representante a la Cámara y senadora por La Habana.

Muchas son las mujeres que hicieron grandes aportes a la cultura nacional, por mencionar ilustres nombres vale reconocer a Alicia Alonso, quien en el escenario internacional deslumbra con su virtuosismo, aclamada por los más exigentes públicos. Igualmente, Dulce María Loynaz, abogada y poetisa, premio Cervantes, con una obra considerada de excepcional belleza y calidad, o la también extraordinaria escultora Rita Longa, cuyas creaciones le otorgaron renombre internacional.

En 1941, la escritora y compositora María Teresa Aranda funda la asociación cultural Artes y Letras Cubanas, que durante muchos años presidió, gracias a la cual se realizaron numerosos eventos y reconocimientos a exponentes de la cultura nacional; entre sus principales logros estuvo que se declarara el día 25 de marzo, fecha de nacimiento de Gertudis Gómez de Avellaneda, como el Día de las Artes y Letras Cubanas.

El periodismo tuvo brillantes pioneras con la labor de Aida Peláez de Villa-Urrutia, distinguida por sus críticas de arte y la defensa de los derechos de la mujer, fundadora y directora de la revista Ideal. Una de las primeras figuras del diarismo fue Laura G. de Zayas Bazán, en el que hizo crónica social y crítica de teatro. La primera mujer que cultiva la plana o sección femenina en la prensa cotidiana fue Carmela Nieto. Otra fundadora es María Collado, quien hizo un meritorio trabajo en una revista de larga vida en Cuba: La Mujer.

No pueden obviarse las benefactoras; entre ellas, Martha Abreu de Estévez, que tanto contribuyó a las causas patrióticas y al desarrollo de su amada ciudad de Santa Clara. Igualmente Dolores Bonet de Falla, quien donó el edificio para la fundación en Cuba de la Liga contra el Cáncer. Otra significativa obra llevada a cabo por la pianista y compositora Blanca Fernández de Castro en el año 1933, fue la fundación de la Cruz Blanca de la Paz, asociación de beneficencia y cultura.

También en el deporte se comienza una seria labor a partir de la década de 1930; ya en 1928 se producen los primeros juegos de basketballfemenino. En 1934 se creó la Asociación Atlética Femenina de Cuba y se celebraron diversos torneos, uno de ellos en el año 1935 fue ganado por el LawnTennis Club de Ciego de Ávila, lo cual constituye un indicador de la promoción de este tipo de actividades entre las féminas en el interior del país, y no solo en las grandes ciudades. En 1939, el ajedrez cuenta con la presencia de la mujer: la señorita María Teresa Mora, campeona de ajedrez en Cuba participa en un Torneo Internacional celebrado en Buenos Aires.
Sería interesante y es objetivo de la autora de estas líneas ampliar este horizonte al quehacer de las avileñas en igual etapa, lo cual constituye un propósito para futuros estudios.

Migdalia Cidre Paz

Migdalia Cidre Paz

(Ciego de Ávila, Cuba, 1958). Máster en Pedagogía. Ha sido investigadora y profesora del Centro de Superación para la Cultura de Ciego de Ávila.
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