El futuro ya está aquí: hay que prepararse
Obstáculos, responsabilidades y urgencias ante un cambio que Cuba no puede seguir postergando.
Comencemos por identificar los principales obstáculos que se nos presentan para alcanzar el futuro que Cuba merece:
– el miedo al cambio y a lo desconocido.
– el no levantar la cabeza ni la vista para mirar al futuro a causa de la lucha diaria por la subsistencia.
– la falsa “fe”, es decir, el mito de que “esto” no hay quien lo cambie, porque es “eterno”.
– el no tomar conciencia de que nos han incrustado en la cabeza que, en caso de que hubiera un cambio “yo no lo veré”, la falsa sensación de que falta mucho tiempo.
– el cansancio existencial que no nos deja energía, ilusión y entusiasmo, para “imaginar” (que significa “ponerle imagen”) mi futuro personal, el futuro de mi familia, el futuro de mi Iglesia, el futuro de mi país.
Todo esto está pensado para evitar el cambio en paz.
– el sucumbir a la desorientación inducida, a la mentira y a la manipulación que, diariamente, nos intentan imponer las falsas noticias de la prensa y las matrices de opinión para no dejarnos pensar, para no dejarnos hacer nuestro propio análisis de lo que está ocurriendo, para no dejarnos vislumbrar, a partir de la realidad que constatamos, la visión de nuestro futuro y la visión de lo que Cuba será después de la transición hacia la libertad, la responsabilidad, la democracia y el progreso.
Todo esto es un atentado a nuestro futuro, a nuestra capacidad para pensarlo y construirlo. Todo esto está pensado para evitar el cambio en paz.
Todo está pensado y ejecutado para agitar el fantasma de la guerra, de la violencia, de la muerte. Y para que lleguemos a la postración concluyendo: ¿quién va a ponerse a pensar y prever y preparar el futuro ante este catastrofismo inducido?
Con el perdón de los que me leen, no puedo dejar de repetir lo que ya escribí desde hace años:
“Quien cierra el paso al cambio en paz, abre la puerta a la violencia” (Vitral No. 55, 2003).
Entonces, si no queremos la guerra, ni la violencia, ni la invasión, ni las muertes inútiles, lo único que debemos hacer es abrir, de par en par, las puertas del cambio en paz, derribar los muros que bloquean una transición pacífica en Cuba. Es la única, eficaz y posible forma de evitar la violencia que nadie quiere, con la excepción de aquellos que en lugar de abrir, cierran; en lugar de derribar los muros que nos oprimen y nos dividen, se atrincheran en un discurso y unas actitudes de guerra e inmovilismo. Esto sabemos que va destinado a nosotros, el pueblo, y dentro de nosotros, a una minoría radicalista, aquí y allá, mientras está clarísimo que “algo se mueve en Cuba”, como también dije hace un tiempo.
El futuro ya está aquí
Entonces, es necesario, es urgente, es imprescindible, centrarnos, no dejarnos distraer, ni embaucar, ni engañar, por los discursos. Es hora de analizar hechos, los hechos, y es hora de hacer nuestro proyecto de vida personal, familiar, eclesial y nacional. Es hora de pensar a tiempo lo que vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y estar preparados. El tiempo se acaba. El futuro se nos viene encima.
El futuro se nos viene encima. Ya está aquí. ¿Qué estamos haciendo, cada uno donde esté y como pueda?
Y ¿qué estás haciendo tú?: ¿preparando tu futuro o dejándote distraer con el pasado que ya no existe? No existe.
Y ¿qué estamos haciendo como familia?: ¿solo sobreviviendo y ahogándonos en el naufragio presente o estamos, aferrados en la “tabla de salvación” que toda alma lleva dentro, nadando hacia el horizonte de nuestro futuro luminoso, cuando ya se ve claramente la orilla de la libertad?
Y ¿qué estamos haciendo como Iglesia en Cuba?: ¿una pastoral de mantenimiento y sobrevivencia hasta ver lo que pasa, o estamos ya previendo el futuro desafiante y diferente que nos presenta retos nuevos que precisarán formación ética, cívica y religiosa, una mística recia y ardiente, una evangelización encarnada y sanadora, con laicos comprometidos en lo social, en lo económico, en lo político, en lo cultural y educacional?
Y ¿qué estamos haciendo como sociedad civil, como nación?: A veces, en nuestra historia, nos ha cogido tarde… y hemos pagado, con indecibles sufrimientos y muertes, lo que no hemos preparado a tiempo con seriedad, sabiduría y perseverancia.
El futuro se nos viene encima. Ya está aquí. ¿Qué estamos haciendo, cada uno donde esté y como pueda?
Un ejemplo
Pongo solo un ejemplo. El Centro de Estudios Convivencia, formado por cubanos que vivimos en la Isla y en la Diáspora, inmersos cada cual en los avatares y sufrimientos impuestos, hemos visto, y previsto, desde hace 11 años, que la noche no sería eterna, que todo cambia si cambiamos y trabajamos por el cambio. Ahora constatamos que amanece y el futuro que venimos preparando, hace años, ya está aquí.
Por eso, los invito a levantar el alma, a desplegar nuestra esperanza, “mirando” estas pequeñas propuestas de futuro para los diferentes sectores y retos de la vida nacional después del cambio. Son “visiones” y “propuestas” para la economía, la educación, la salud, la agricultura, las infraestructuras, los medios de comunicación, las relaciones internacionales, la lucha contra los tres enemigos de la democracia: la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana; son las propuestas para la redacción de una nueva Constitución de la República recogiendo el legado de las Cartas Magnas de 1901 y 1940. Y una propuesta de Hoja de ruta para una transición pacífica, ordenada y gradual que pasa por procesos de verdad y memoria histórica, de justicia transicional independiente, de estabilidad, magnanimidad y reconciliación nacional. Los 19 Informes de pensamiento y propuestas para el futuro de Cuba puedes leerlos, bajarlos y compartirlos, en la Isla usando VPN, en este enlace.
Nadie va a venir a reconstruir Cuba, ni a protagonizar la transición.
Todo esto debe ser protagonizado por nosotros los cubanos de la Isla y de la Diáspora. El Papa San Juan Pablo II formuló y repitió tres veces durante su histórica visita en 1998, lo que hoy, en la coyuntura hemisférica y cubana, queremos repetir y asegurar. El Papa dijo:
“Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional”
(Palabras al llegar al Aeropuerto de La Habana, 21 de enero de 1998).
Esta es nuestra responsabilidad. Nadie va a venir a reconstruir Cuba, ni a protagonizar la transición. Que no nos pase como en otras ocasiones en nuestra historia. Digámoslo, creámoslo y asumamos nuestra gravísima responsabilidad:
En esta obra de cambio hacia la libertad los únicos responsables y protagonistas somos y debemos ser los cubanos. Somos los responsables principales de garantizar la estabilidad y la paz durante el cambio. Somos y debemos ser los responsables de organizar una transición sin desorden, sin violencia, sin muerte, pero con eficacia, pulcritud y agilidad. Los cubanos somos y debemos ser los protagonistas principales en la gesta de la reconstrucción nacional hasta colocar a Cuba más alto de lo que llegó a alcanzar hasta 1958, participando en la comunidad regional e internacional, no como mendiga o parásita, sino como nación digna, próspera y feliz. La ayuda subsidiaria y la solidaridad respetuosa pueden contribuir, pero la tarea y la responsabilidad es y debe ser toda de nosotros todos los cubanos.
Y para lograr esto, debemos comenzar ya, cada uno de nosotros, preguntándonos qué puedo hacer con mi proyecto de vida y con mi familia.
La Iglesia también, como parte de nuestro pueblo, debe preguntarse cómo ayudar, sanar, acompañar, a cada cubano con lo que ella tiene, custodia, anuncia y comparte: el Evangelio vivo, sanador y liberador que es Jesucristo.
Los miembros de la sociedad civil también deberíamos preguntarnos si nos estamos preparando, cada cual con lo que es y con lo que puede, para este futuro de libertad y democracia que se nos viene encima.
El otro pulmón de Cuba, el exilio, la Diáspora toda, que conformamos la única nación cubana, seguramente se está preguntando cómo participar, con pleno derecho, en la transición y en la reconstrucción de la Patria de todos.
Y a los que tienen los cerrojos y las trancas, les toca la responsabilidad de abrir las puertas al cambio en orden, estabilidad y paz.
Quiera Dios que cada cual haga su parte, la haga bien y la haga ya.
Amanece y el futuro ya está aquí.
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.
Publicado originalmente en Convivencia
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