¿Es el Día Internacional de la Mujer un día para festejar?

Mujer de pelo rojo con la vista perdida.
Foto: Yaudel Estenoz.

En algunos barrios, que no en todos; en los centros de trabajo, como una encomienda más venida “de arriba”; hombres y mujeres se alistan para celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. ¿Pero es este realmente un día para festejar en la Cuba de hoy?

La efeméride surgió para que las mujeres trabajadoras del mundo tuvieran una fecha en la cual conmemorar la lucha por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y por su desarrollo íntegro como persona. Muchas de las iniciadoras de estas lides sacrificaron por ello hasta sus vidas.

En el año 2011, con el Centenario del Día Internacional de la Mujer, comenzó a operar la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres, como también se le llama); de ese modo, esta fecha, a nivel mundial, es un punto de convergencia para las actividades que se organizan en favor de los derechos de la mujer y su incorporación activa en la vida política y económica.

Este 8 de marzo las mujeres del mundo han lanzado una convocatoria de huelga mundial, han pedido que no quede ni un solo rincón de la tierra en que la mujer no salga a la calle a manifestarse, buscando las reivindicaciones justas, la verdadera equidad. Esta huelga mundial exhibe en muchos países un manifiesto que se ha ido adaptando a las especificidades de cada contexto. Todos los manifiestos que se leen en internet no son de celebración sino de batalla, por lo mucho que aún le falta a los sistemas mundiales por alcanzar la verdadera justicia social para las mujeres. No hay profesión que no se haya expresado, hasta las periodistas exhiben su propio manifiesto —puesto que el machismo y el patriarcado también penetran al propio gremio periodístico—. Y mientras las mujeres del mundo se movilizan a la huelga, llevan meses organizándose en las redes y en los espacios púbicos para ella, realizando iniciativas y convocatorias de diversos tipos, ¿qué pasa en Cuba?

En la ECURED (Enciclopedia Colaborativa en la Red Cubana), el artículo sobre el Día Internacional de la Mujer termina con la siguiente frase: “Durante décadas la fecha fue de reclamos femeninos, mas ya a partir del Triunfo de la Revolución el contenido de las actividades por este día es de alegría y reconocimiento a las féminas cubanas, quienes tienen ganado un papel importante en la sociedad”. Aparte de utilizar un término tan patriarcal como “féminas”, ¿qué significa lo que ahí se ostenta? ¿Que las mujeres cubanas ya no tenemos que luchar por nada? ¿Que vivimos en una sociedad donde tenemos ganados todos nuestros derechos? Esto, desgraciadamente, no es una realidad. La visión triunfalista —también aplicada a otros males como la discriminación racial— lo que ha provocado, en nuestra opinión, es que se oculte y enraíce una verdad tangible: la mujer cubana aún es discriminada, violentada, acosada, erotizada; aún no ha ganado todo el espacio público que merece; aún la asesinan por cuestiones de género, por el solo hecho de ser mujer; aún tiene bajo su responsabilidad, casi exclusiva, la educación de los hijos y el cuidado de los ancianos; tras terminar una larga jornada laboral, debe enfrentar las tareas domésticas bajo el estrés de la precariedad económica; entre otras cuestiones que no vamos a enumerar para no hacer la lista interminable, pero entre las más reveladoras está el hecho de que no exista una ley específica contra la violencia de género, o siquiera se reconozca institucionalmente y en los medios de comunicación la existencia del feminicidio en Cuba. El triunfalismo enquista, por invisibilizarlos, los males de la sociedad, y provoca la situación de inequidad y desprotección que hoy estamos percibiendo las mujeres cubanas.

Si bien es cierto que hemos alcanzado algunos logros reconocibles como el derecho al divorcio, al aborto, a la protección de la maternidad, el acceso a la educación y el trabajo por igual, persisten todos los conflictos que ya hemos mencionado, y muchos más. Por ello es una hipocresía social que las cubanas celebremos el 8 de marzo; como es una violencia de género más, y abuso de poder patriarcal, el que no nos permitan sumarnos de manera espontánea a la huelga mundial de las mujeres que ocurrirá este 8 de marzo, porque en Cuba, sea de la índole que sea, no están permitidas las huelgas.

Muchas de las problemáticas de género que están presentes a nivel internacional siguen vigentes entre las cubanas, especialmente el de la violencia contra las mujeres y las niñas: violencia doméstica, violencia psicológica y verbal, abuso sexual, acoso sexual y social, violencia simbólica (cuando se erotiza a las niñas en sesiones de fotos de “quince” o el nuevo fenómeno de los “miniquince”; en la letra de muchas canciones populares, o sus videoclips, sobre todo en el reggaetón; en la propaganda comercial; entre otras manifestaciones de ese tipo); violencia obstétrica, así como los estereotipos culturales machistas que obligan a las mujeres desde pequeñas a asumir roles y representaciones muchas veces en contra de su identidad personal.

Entonces, ¿no sería más lógico, más trascendente, dedicar este día a debatir, reflexionar, denunciar, tomar acciones, en fin, a manifestarse —vestidas de naranja o malva, o del color que se quiera, con carteles, con tambores, con el torso al aire, agitando pañoletas, o del modo que sea, pero de manera pacífica, libre—, para concientizar a las mujeres cubanas en la necesidad de lograr su verdadera igualdad y plenitud de derechos sociales y públicos, y provocar la toma de decisiones gubernamentales? E incluso, si se supusiera que no tuviéramos graves problemas por los cuales manifestarnos, deberíamos salir a las calles a solidarizarnos con aquellas que sufren los horrores de la guerra; que son víctimas de la trata humana, obligadas a prostituirse; las que abortan a escondidas porque en su país el aborto es ilegal; o las que no pueden ejercer el voto ni asumir cargos públicos, o deben mirar el mundo por una rejilla, escondidas tras un velo; las que deben soportar la violencia de sus esposos porque no tienen permitido divorciarse; en fin… Solamente por sororidad, por solidaridad con ellas, no deberíamos festejar.

Reunirse las mujeres del barrio y en los centros de trabajo bajo la anuencia de los “protectores” hombres para comer chucherías o tomarse unos traguitos, que nos regalen flores y postales para celebrar en ese día el hecho de que somos mujeres —algo que se ha instituido en una vacía costumbre más de las que tanto abundan— pudiera parecer divertido, agradable y hasta bonito para algunos, pero no es digno de la ocasión. Más que gracioso, lo consideramos ridículo, hipócrita, y hasta otra manifestación cínica de machismo a la cubana, cuando las situaciones de discriminación y violencia contra la mujer en Cuba son un asunto tan grave y pendiente todavía, y cuando muchos de esos hombres que nos regalan flores públicamente son los mismos que golpean a sus mujeres o las violan dentro del matrimonio, acosan a su compañeras de trabajo, son incapaces de compartir los quehaceres hogareños…

Muchas mujeres cubanas que conocemos aborrecen la fecha y las felicitaciones, que califican de falsas, y lo que hacen es tomarse el día para resolver sus problemas, u olvidarlos por unas horas. Esas mujeres, aunque conscientes de su posición subalterna dentro de la sociedad, no podrán ir a las calles a reivindicar sus derechos, ni siquiera podrán colocar un delantal lila en su ventana.

Ileana Álvarez

Ileana Álvarez

(Ciego de Ávila, Cuba, 1966). Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas (1989). Máster en Cultura Latinoamericana. Fue directora editorial de la revista cultural Videncia. Tiene publicados, entre otros, los títulos: Libro de lo inasible (1996), Oscura cicatriz (1999), El protoidioma en el horizonte nos existe (2000), Los ojos de Dios me están soñando (2001), Desprendimientos del alba (2001), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (2001), Los inciertos umbrales (premio “Sed de Belleza”, 2004), Consagración de las trampas (premio “Eliseo Diego”, 2004), Trazado con cenizas (Antología personal. Ed. Unión, 2007), El tigre en las entrañas (Crítica, 2009), Escribir la noche (2011), Trama tenaz (2011) y Profanación de una intimidad (ensayo, 2012). Realizó Catedral sumergida, antología de poesía cubana escrita por mujeres (Ed. Letras Cubanas, 2014), donde por primera vez se publicó, en Cuba, un panorama tan amplio de autoras residentes dentro y fuera del país.
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