Rosina Prado, ¿primera mujer documentalista en Cuba?
Con “Palmas cubanas” (1963), Rosina Prado inició el abordaje de la vida de la mujer en la isla, tema que luego continuarían cineastas como Sara Gómez.
La participación de la mujer en el cine no solo en Cuba, sino también en el continente, ha sido un camino lleno de obstáculos que ellas han tenido que enfrentar hasta hoy. No es posible abundar en el tema en tan poco espacio, pero sí se precisa decir que ya existen importantes investigaciones alrededor de este tema. La investigadora y fotógrafa brasileña Nina Tedesco Cavalcanti ha dedicado buena parte de su vida profesional al estudio de esta problemática. La validez del estudio de Tedesco Cavalcanti radica, entre otras cosas, en haber abordado la presencia femenina prácticamente en todos sus campos de trabajo, a saber, como directora, guionista, fotógrafa, editora, musicalizadora, etcétera.
El enfoque histórico de Tedesco Cavalcanti ha permitido develar cómo, incluso en momentos tan cruciales para el continente como los años sesenta y setenta, la izquierda latinoamericana hizo caso omiso al trabajo y los reclamos de las cineastas latinoamericanas que ya reunían una importante y valiente obra. Pero la balcanización de la crítica y la postura androcéntrica, de la que no escapó el llamado Nuevo Cine Latinoamericano, no impulsaron las producciones ni las relaciones entre las mujeres cineastas de estos años. Quizás un buen ejemplo de ello sea cómo en los años sesenta la colombiana Mónica Silva y la cubana Sara Gómez hacían un tipo de documental antropológico marcado por la obra de Jean Rouch. No obstante, no se conocieron y nunca supieron del trabajo que ambas desarrollaban.
El silencio que acompañó a la venezolana Margot Benacerrat en el Festival de Cannes al ganar el Premio Internacional de la Crítica Cinematográfica en 1959 llega hasta hoy. No importó que fuera la primera realizadora latinoamericana en recibir un premio de esta talla con su filme Araya, galardón que compartió con el filme Hiroshima mon amor, dirigido por Alain Resnais y con guion de Margarite Duras. Fue uno de los primeros filmes de la llamada Nueva ola del cine francés.En Cuba, por ejemplo, se vino a hablar de esta importante cineasta en el año 1961 con una breve reseña en la revista Cine cubano. Hoy su obra apenas es conocida.
Una situación no muy diferente ha ocurrido también con la crítica cinematográfica, que muchas veces ha ignorado el trabajo de las mujeres realizadoras, por una parte, y, por otra, no ha dado espacio a los textos y valoraciones de autoría femenina. Por eso, la inexistencia muchas veces de datos y el descuido en la conservación de archivos, entre otras muchas cosas, ha sido el denominador común no solo para la labor cinematográfica de las mujeres, sino para el cine latinoamericano en general.
Resulta, pues, arriesgado afirmar en el caso de Cuba, por ejemplo, quién o quiénes fueron las primeras mujeres realizadoras, sonidistas, productoras, editoras etcétera. Esa es una historia que está por hacer. Algunos críticos de cine en Cuba como Juan Antonio García Borrero y Mario Naito han expresado su criterio acerca de que no fue Sara Gómez la primera mujer documentalista de la isla, sino Rosina Prado. En realidad habría que afirmar que Sara Gómez es la primera mujer cubana con una obra documental y de ficción. Mientras que Rosina Prado fue la primera mujer española que trabajó la documentalística en la isla.
No obstante, valdría la pena detenerse en esta española que estuvo en Cuba durante un tiempo y establecer los vínculos que, sin duda alguna debió tener, con Sara. Lo que sí todo parece indicar es que fue la primera mujer en hacer cine en Cuba. Al revisar las fichas técnicas de los pocos cortos que realizó en la isla se encuentra cómo nunca negó su ciudadanía española. En cualquiera de ellos ella consignó, al lado de su nombre como directora, su país, España.
Años de formación
Rosina Prado, formada en la extinta Unión Soviética, residió en Moscú, a donde sus padres emigraron luego de finalizar la Guerra Civil Española. Su padre, que había sido un oficial de carrera, apoyó a los republicanos durante la Guerra Civil. Fue un hombre de fuertes convicciones éticas y no de izquierda. No obstante, asesoró la organización de la Marina de Guerra Soviética. Los soviéticos lo enviaron a Cuba para que hiciera algo similar en la marina cubana.
Rosina desde muy joven se relacionó con la antigua familia de raíces aristocráticas, luego célebre en el séptimo arte internacional, de los Mijalkov, que tenía una reconocida importancia en las artes rusas, como escritores, músicos, y, finalmente, con los hermanos Andréi Kochalovsky (que tomó el apellido de su abuelo materno, Konchalovski) y Nikita Mijalkov, de mayor resonancia en el cine internacional hoy. Me atrevo a pensar que el hermoso y desgarrador momento en que en el filme Quemados por el sol II, también conocido como Éxodo, de Nikita Mijalkov, donde se evoca la presencia de los españoles emigrados por la guerra civil en Moscú, algo tuvo que ver con lo que este director supo por esta familia.
Además de entrar en contacto personal con estos jóvenes hermanos, Rosina coincidió en el Instituto con Andrei Tarskovski. Del futuro director de Andrei Rubliov pudo ver Los asesinos, 1956; Hoy no habrá una salida fácil, 1959 y el estremecedor cortometraje La aplanadora y el violinista de 1960. Estas tres cintas fueron realizadas en la etapa de estudiante del futuro gran director. Además, Prado Fernández conoció la obra del gran cineasta Dovzhenko, de quien recibió clases y lo consideró su maestro. Durante su tiempo de estudiante en Moscú, también entró en contacto con la obra de Dziga Vertov, uno de los documentalistas que influyó en la obra de Sara Gómez y Guillén Landrián, quienes debieron ser sus alumnos en Enciclopedia Popular en Cuba. Pudo también conocer de cerca la obra de la primera mujer documentalista rusa Esfir Shub y los criterios de esta cineasta acerca de la relación entre cine e historia.
Rosina Prado en Cuba
Al llegar a Cuba, en 1961, ya tenía en su haber no solo su relación con estas figuras, sino también su primer documental, El ir y venir de los trenes, realizado en Moscú. Viajó a la isla para realizar su trabajo de tesis con la temática de los cambios políticos que allí se llevaban a cabo. Y también, el Instituto de Cine moscovita le pide que colabore con el ICAIC en la asesoría de los nuevos realizadores. Es así como se vinculó al grupo de Enciclopedia Popular e impartió docencia sobre cómo hacer cine científico en el año 1962. Estuvo con Octavio Cortázar, Julio García Espinosa, Alfredo Guevara y Tomás Gutiérrez Alea. Más de una vez debe haberse encontrado con Sara en aquellos pasillos del naciente ICAIC.
En ese tiempo es que conoce a Héctor Veitía, ya en esos momentos compañero de Sara, que también era del grupo de jóvenes documentalistas. Es imposible que no se conocieran ella y Sara, a la que debió impartirle clases e intercambiar pareceres en relación con el cine y otros temas. A Veitía le pide que le presente a Joris Ivens, documentalista a quien Sara también admiró y conoció durante esa estancia temprana en Cuba.
La Prado ha expresado de Ivens: “Su situación de emigrante, de constante emigrante, le ha obligado a hacer documentales […]. Tiene muchas cosas íntimas y personales conmigo”.1 A partir de esa afirmación quizás su interés por conocer a Ivens no sólo fue por la admiración que siempre sintió por la obra de este, sino también por sus coincidencias de vida: emigrantes ambos y difíciles caminos transitados.
Por otra parte, Ivens había filmado en 1937 una de sus obras más importantes, La tierra española. Este documental que, en principio se trataba del esfuerzo de los habitantes de Fuentedueña por alimentar a Madrid en medio de la guerra, se convirtió en un documento histórico extraordinario acerca de los rostros difíciles de la Guerra Civil Española. Las escenas de bombardeos, la lucha en las trincheras y el asedio a Madrid están llenos de un dramatismo muy fuerte. Por supuesto que Rosina Prado quería conocer al autor de aquel documental que recogía momentos de su propia vida en su tierra natal.
Creemos que hay otros aspectos temáticos de la obra realizada por Rosina Prado en la isla que tuvieron, de alguna manera, una continuidad aunque con más calado y otra mirada, por supuesto, en Sara Gómez. El primer corto que filmó Prado fue Ismaelillo en 1961. Allí, según la sinopsis encontrada, se dice que recogía las vivencias de la nueva vida de los niños en un círculo infantil construido en el barrio marginal de Las Yaguas, en La Habana. Más tarde Sara tocaría esa temática con un prisma más hondo en su filme De cierta manera, también en lo que “había sido” un barrio marginal.
En 1963 filmó Palmas cubanas, acerca de la vida de la nueva mujer cubana y las reivindicaciones alcanzadas después de 1959. Si bien tuvo un carácter didáctico, como todos sus documentales, podemos considerarlo la antesala de Ellas, del danés T. Christensen, que tomaba el tema de la mujer cubana, y luego Sara Gómez con Mi aporte en 1972, polémico y cuestionador texto fílmico sobre la mujer de la isla. La temática fue iniciada por Rosina Prado y luego tratada de diversas formas en ese período. Además, los tres documentalistas coincidieron y mantuvieron determinados nexos en el ICAIC.
Cuando se produce la Declaración de Cineastas Cubanos de 1963 y que se publicó en la revista Cine Cubano, no podía estar la firma de Rosina Prado por su condición de española que siempre mantuvo y defendió. No fue el caso de Sara Gómez, que es la única mujer firmante de ese texto.
Censura y regreso a España
Se ha afirmado que hizo crítica de cine y traducciones para el ICAIC. Luego de haber filmado documentales en la isla fue censurada por la institución. Trabajó mientras como traductora en la Biblioteca del ICAIC. Nuna quiso irse a vivir a otro lugar que no fuera su España natal, y solo en 1976, después de la muerte de Franco, pudo volver a ella. Para entonces, ya estaba descontenta con la política cultural de Cuba.
Es importante tener en cuenta el hecho de que también fueron años muy duros para la mujer y para los negros en el ICAIC. Lo siguen siendo hasta hoy. No debió haber sido nada fácil para Rosina Prado, como tampoco lo fue para Sara Gómez, trabajar a contracorriente. Por eso no es posible ignorar a esta continuadora del cine cubano después de 1959.
___________________________________
1 Lola Mayo: “Los trenes que van y vienen: una cineasta española en la Revolución cubana”, en: Filmoteca de Zaragoza, 12 de febrero de 2008, s.p.
▶ Vuela con nosotras
Nuestro proyecto, incluyendo el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), y contenidos como este, son el resultado del esfuerzo de muchas personas. Trabajamos de manera independiente en la búsqueda de la verdad, por la igualdad y la justicia social, por la denuncia y la prevención contra toda forma de violencia de género y otras opresiones. Todos nuestros contenidos son de acceso libre y gratuito en Internet. Necesitamos apoyo para poder continuar. Ayúdanos a mantener el vuelo, colabora con una pequeña donación haciendo clic aquí.
(Para cualquier propuesta, sugerencia u otro tipo de colaboración, escríbenos a: contacto@alastensas.com)




















Responder