Mujeres de Alas | Matienzo empieza con Grinberg

"Tamara Grinberg fotografía para reconstruir la mujer que es ella y que quedó hecha pedazos después de la muerte de su madre y del proyecto 'Lo que puede un cuerpo' sobre los abusos sexuales eclesiásticos".

27/09/2023
Tamara Grinberg fotógrafa argentina
Tamara Grinberg, fotógrafa argentina. Foto: María Matienzo

“Mi amor, ¿cuántos metros cuadrados tiene nuestra casa?” le pregunto a mi pareja cuando no logro recordar. Realmente creo que nunca lo supe. Mi mundo no es el de los números. Pero ahora sentada en un café, sin espacio para concentrarme, tan lejos de casa, la nostalgia me hace querer medirlo todo. Contabilizar las pérdidas en metros cuadrados, en centímetros o en cuartas. No importa. Necesito medir lo que siento que he perdido y el espacio que voy ocupando aunque nunca me ha costado compartir. Es solo una cuestión de control.

Ahora, por ejemplo, esta mesa que comparto con un desconocido que teclea como loco sobre su laptop, tiene aproximadamente 8 cuartas de largo por 3 de ancho. Esta columna en Alas Tensas que he dado en llamar Mujeres de Alas, y que empieza hoy, con este texto, medirá aproximadamente entre tres o cuatro cuartillas compartidas con otras mujeres.

Mi infancia la compartí con un primo que la vida me ha ido separando poco a poco. En la adolescencia, años noventa del siglo pasado, fue tiempo de dividir lo poco que tenía con quienes tenían menos. En eso ha consistido mi vida. Nunca sola. Siempre rodeada de gente a la que doy y me devuelven con la misma fuerza amor, amistad, odio y envidia también.

He conocido a tanta gente que a veces las olvido. Y parezco desagradecida, altanera, distraída. De todo, menos una mujer que ha vivido muchas vidas y que olvida porque es la única manera que tiene de mantenerse cuerda. El antídoto ha sido dejar entrar a otras mujeres que reconstruyen las mujeres que he sido en todas esas vidas.

Intento explicar lo inexplicable. La soledad nunca ha sido lo mío. La filosofía tampoco.

fotografías de Tamara Grinberg
Fotografías de Tamara Grinberg. Imagen: María Matienzo

El micelio…un bálsamo

Quizás la fotógrafa argentina Tamara Grinberg lo logre explicar mejor que yo en esta entrevista. Otra mujer a la que nadie le entiende porqué quiere compartir la creación de sus fotografías con otras mujeres.

Micelio, de Grinberg, empezó en Argentina y siguió en España y ahora ha vuelto a Argentina, quizás para cerrar algún ciclo vital. Es un proyecto para sanar. “Un bálsamo” como lo define ella misma y aunque parezca sólo de fotografía, ella va tejiendo de manera subterránea una red que nos conecta a unas con otras, tal cual sucede con los micelios.

Cada una sana a su manera, pero si nos caemos el piso estará acolchado con la raíz que ya tejimos: yo con la escritura sobre las mujeres que no quiero olvidar y Tamara con su trabajo a cuatro manos de cada cuerpo, porque está cansada de los desnudos para seducir o provocar morbo.

Yo entrevisto para ir reconstruyéndome a retazos con la vida de otras después de haber sido apremiada: cárcel o exilio.

Tamara fotografía para reconstruir la mujer que es ella y que quedó hecha pedazos después de la muerte de su madre y del proyecto Lo que puede un cuerpo sobre los abusos sexuales eclesiásticos.

“Lo que puede un cuerpo”

Nadie entendió por qué Tamara quería regresar a Argentina tras las historias que recogió, tras la valentía de ir contra la iglesia, y las amenazas de muerte, y el miedo en un país que sigue teniendo historias de desaparecidos y de asesinatos extrajudiciales. Yo sí. Alejarse un poco de la casa, del perro, de la vecina, de los hermanos, solo sirve por un tiempo, no para siempre.

“Es posible que llore. Siempre lloro, así que es posible” me dice Tamara unos días antes de irse a casa (que es también regresar al centro de una misma) y me cuenta cómo llegó a este punto en que el regreso se convirtió en una decisión.

Al principio, me dice, “necesitaba algo que funcionara más como bálsamo. Entonces ahí dije: ‘Bueno, voy a retratar mujeres, artistas o disidencias artísticas’. Y empecé a hacer la lista. Sabía que no quería llamar a artistas súper reconocidas. Nunca había hecho ni retratos posados ni desnudos, así que fue todo un desafío. Y lo otro que para mí se presentaba como un desafío, era pensar el retrato mancomunado, que sean decisiones de las dos, que las dos tomemos decisiones frente a lo que queremos representar.»

En Argentina hizo un par de retratos hasta que se ganó la Beca de creación TAI en la Escuela Universitaria de las Artes en Madrid, y pudo darle nombre a lo que hacía.

“Recibía sobre todo en la universidad acá (Madrid), que es muy pija y muy cerrada, mucho rechazo frente al proyecto, a cómo yo como artista iba a dejar que otro decidiera sobre la imagen o que otro decidiera cómo posar o que otro decidiera sobre la luz. Pero lo que yo hago es co-crear. Y se volvió un acto político”, tanto que hoy no concibe la creación de otra manera que no sea confiando en los vínculos que establece de manera horizontal con sus modelos.

“Siempre les pido que elijan un espacio donde se vayan a sentir cómodas, porque en definitiva son las que se desnudan y las que van a aparecer en la imagen”, me explica esa horizontalidad de la que habla.

Vínculos

Por ejemplo, a Lucía Baylón se la presentó Jorge, que es un editor al que conoció en el Festival Fiebre, el único de España dedicado al fotolibro. “Cuando le conté el proyecto me dijo: ‘te voy a pasar a Lucía’. Ella tiene un trabajo muy hermoso que se llama Complejos, donde hace algo parecido a lo que hago yo. Invita a diferentes personas, escriben algo en conjunto y ella los retrata. Nos juntamos a tomar un café. Hablamos mucho de las situaciones políticas de nuestros países y de lo que ella sentía frente a eso. Eso fue lo que realmente nos vinculó”.

A Celeste Crosetto la conoció pintando en el 2019, en Argentina, el 3 de febrero en el recinto del Honorable Concejo de Liberantes, mientras se votaba la ley de endometriosis, una enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres y niñas en el mundo y sobre lo que poco se sabe. De esta cocreación, Celeste le dice a Tamara: “Con respecto a la foto, un montón, me reconozco en ella. Veo mi fortaleza, mi tozudez. También el paso del tiempo y el dolor. Me duele verme las cicatrices en la panza”, ella es pintora y madre que ha vivido dos cesáreas.

Con la profesora de canto lírico, Luchy de Gyldenfeldt, Tamara Grinberg coincidió en un festival de ópera en San Marcos Sierra, Argentina. “Cuando la escuché se me erizó la piel y también lloré”, dice Tamara.

“Ella es Luchy y es cantante de ópera. Ella es la primera persona trans en llevar adelante la cátedra de Canto Disidente en la UBA, en la Universidad en Buenos Aires, y tiene un espectáculo con su hermana que también es trans, que se llama Ópera Queer, que es increíble”, así me la presenta Tamara, como si a través de la fotografía pudiera extenderle la mano a una de sus mujeres influyentes.

En la voz de Santi Magliocco, otra influencia en su vida y por tanto otro retrato, reconoció el barrio, los códigos, la euforia.

Pero en Micelio no es solo la lente Grinberg apuntando aún cuando hay coautoría, también están los retratos intersticiales que dan equilibrio al proyecto.

“Yo también me pongo en jaque. Dejo que me miren y que hablen sobre mí personas que pueden ser amigas o no. También funciona como un bálsamo, que otra mujer, otra persona, pueda mirarte y decirte: ‘¿sabes qué? A vos te veo’ o ‘me gustaría verte con colores rojos y de repente puede ser algo que te ponga a pensar a vos’” y no habla desde la supuesta experiencia, Tamara tiene un par de anécdotas que la obligaron a ir más allá del desnudo. Una de las chicas la pensó sosteniendo un corazón, pero no un dibujo, si no un músculo.

Tamara se siente tranquila con ‘Micelio’ porque ha tratado de no pensar el cuerpo como un objeto sexual. Pero ni la tranquilidad ni este modo de hacer política con el cuerpo están de moda.

“Hay que pensar en procesos creativos, en prácticas artísticas emancipadas o emancipadoras. Poner el foco en el proceso, en la construcción, más que en la obra final”, es en lo que confía Tamara.

‘Micelio’ no lo ha podido exponer nunca, mientras en la ciudad hay cientos de hombres blancos heterosexuales haciéndoles fotos a mujeres desnudas o con lencerías y nadie nota la violencia de esas imágenes, mientras rechazan las de Tamara.

Retrato de la artista Cristyn González.
Retrato de la artista Cristyn González. Foto: Tamara Grinberg

«Una mujer conectada con su corporalidad…»

“Artista Visual, Terapista Ocupacional y Militante por las diversidades corporales. @tapintada es una referente para mi desde que tengo 15 años, la veía llegando a los lugares pisando fuerte, segura y con una aire tan fresco que la gente se daba vuelta para mirarla”, así describe Tamara a Cristyn González en su cuenta de Instagram.

“Claro, ella está tirada, arrojada y se ve la persiana y toda la pared despintada y tal, y lo que ven algunos es un descuido en la imagen. Cristyn, que es la artista, tampoco lo ve. Yo la veo a ella como es, absolutamente fresca como cuando llegué a su casa en un verano con un calor tremendo y a penas me abrió la puerta, ya estaba sacándose la remera”, Tamara, más que describir la foto, la cuenta e ironiza sobre lo peligrosa que puede ser una mujer que está conectada con su corporalidad porque trabaja haciendo body painting, “pero en España las imágenes que más gustan son las lavadas, las cuidadas, las que no representan ningún conflicto”.

Tamara Grinberg fotógrafa argentina
Tamara Grinberg, artista argentina, en El Retiro de Madrid. Foto: María Matienzo

27.39 metros cuadrados útiles

Mi amor ya me respondió. A ella no se le olvida nada. “Nuestra casa, la nuestra, nuestra mide 36.72 metros cuadrados, solo 27.39 son útiles, pero 2 metros de esos son absolutamente míos y de mi escritura construida desde la historias de muchas mujeres que se quedaron allá en mi buró, junto a mi rana de peluche, mis cassetes, mis agendas, mi librero, mis apuntes de alemán. Tamara Grinberg ya está en su casa en Villa Maipú. Y yo aún en Madrid desconcentrada, midiendo los espacios donde puedo empezar a colocar mujeres que me construyan una casa nueva, una vida nueva, una columna de 1681 palabras.

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La Habana (1979). Escritora. Ha colaborado como periodista en medios y revistas como Cubaliteraria, Havana Times, Diario de Cuba, El Tiempo en Colombia, Hypermedia Magazine, Programa Cuba y Connectas. Sus reportajes han sido publicados en una compilación de ediciones Samarcanda, España, bajo el título Apocalipsis La Habana (americans are coming). En el 2020 publicó la novela Elizabeth aún juega a las muñecas (Editorial Hurón Azul) y el libro Orquesta Hermanos Castro: la escuelita, sobre la historia musical olvidada (Unos & Otros Ediciones ). Fue reconocida por la Fundación Internacional para las Mujeres en los Medios (IWMF) como Women Journo Heroes. Sus reportes sobre la vida cotidiana de las cubanas y los cubanos se pueden encontrar en el diario CubanetNews.