Apatía y control estatal en la Marcha de las Antorchas de La Habana

La Marcha de las Antorchas en La Habana muestra signos de desgaste: menos estudiantes, mayor control estatal y una ciudadanía cada vez más indiferente al discurso oficial.

| Noticias | 28/01/2026
Marcha de las antorchas, La Habana 2026. Foto: Cubadebate.

La tradicional Marcha de las Antorchas volvió a recorrer este 27 de enero las calles de La Habana en supuesto homenaje a José Martí, pero lo hizo en un contexto marcado por la indiferencia ciudadana, la baja participación y una fuerte carga propagandística. El acto, presentado por el régimen cubano como expresión de compromiso juvenil, evidenció una creciente desconexión entre el discurso oficial y el ánimo real de la población.

La movilización repitió el guion de años anteriores: consignas antiimperialistas y llamados a la unidad nacional.

Convocada por la institucional Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y encabezada por el dictador Miguel Díaz-Canel junto a la cúpula del gobierno,la movilización repitió el guion de años anteriores: consignas antiimperialistas, llamados a la unidad nacional y referencias a Fidel Castro en el año de su centenario.

Menos público y escenografía forzada

El presidente del régimen cubano Miguel Díaz-Canel y parte de la cúpula de poder. Foto: Presidencia Cuba.


A diferencia de ediciones previas, la asistencia fue visiblemente menor. Mientras la escalinata de la Universidad de La Habana fue ocupada estratégicamente para aparentar masividad, el parque cercano —habitualmente abarrotado— permaneció casi vacío. Testigos señalaron que muchos participantes abandonaron la marcha en las primeras cuadras o mostraban un desinterés evidente ante las consignas amplificadas por los altavoces.

La presencia de trabajadores estatales, escuelas deportivas y cadetes fue más notoria que la de estudiantes universitarios, tradicionalmente presentados como el núcleo del evento.

Crisis interna y discurso hacia el exterior

Marcha de las Antorchas en La Habana. Foto: Cubadebate.


La marcha estuvo atravesada por el contexto político y económico. Las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre una posible caída del régimen cubano, sumadas a la interrupción del suministro de petróleo desde Venezuela, sirvieron de telón de fondo para reforzar el discurso de confrontación externa.

Esta situación llevó a preguntar a los ciudadanos en redes cuánto combustible se gasta en estas marchas políticas y supuestos actos de reafirmación revolucionaria.

Además de la continua crisis energética que tiene sumida a la isla caribeña en cortes permanentes de electricidad con apagones prolongados de más de 24 horas, esta situación llevó a preguntar a los ciudadanos en redes cuánto combustible se gasta en estas marchas políticas y supuestos actos de reafirmación revolucionaria.

En el propio perfil oficial de la presidencia cubana varios internautas señalan el carácter “obligatorio” de la asistencia a la marcha, así como la sugerencia de que “guardaran petróleo de las antorchas para alumbrar”.

Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez utilizó la jornada para insistir en la narrativa de resistencia frente al “imperialismo”, mientras evitaba referencias directas a la crisis cotidiana que enfrenta la población.

Rodríguez escribió en las redes sociales que “en respuesta a los vaticinios de ‘caída’ emitidos por Trump desde Iowa, miles de cubanos marchan en las calles de La Habana en honor al prócer independentista José Martí y con él, su firme posición antimperialista e inclaudicable”.

Ausencias que marcan una época

Marcha de las Antorchas este 27 de enero de 2026.


Uno de los elementos más significativos fue la ausencia de Raúl Castro, quien no participó por primera vez en al menos una década en este acto simbólico del calendario revolucionario. Tampoco estuvo presente Ramiro Valdés, ambos referentes de un poder cada vez más envejecido y menos visible en la esfera pública.

Uno de los elementos más significativos fue la ausencia de Raúl Castro, quien no participó por primera vez en al menos una década en este acto simbólico del calendario revolucionario.

Más allá de las antorchas y los discursos oficiales, la imagen que dejó la movilización fue la de un ritual sostenido por la organización estatal y la escenografía, pero atravesado por el cansancio social y la apatía. En una Cuba golpeada por apagones, emigración masiva y precariedad, la Marcha de las Antorchas volvió a funcionar menos como expresión espontánea y más como un acto político que ya no logra encender a la calle.

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