Cuba en la guerra de Ucrania: el negocio de la desesperación

Un informe de la Fundación Friedrich-Naumann documenta el reclutamiento masivo de cubanos para combatir en la guerra de Ucrania, con la complicidad del régimen de la isla.

| Observatorio | 15/04/2026
Mercenarios cubanos al servicio de Rusia en la guerra de Ucrania.
Mercenarios cubanos al servicio de Rusia en la guerra de Ucrania.

Cuando en el verano de 2023 comenzaron a circular los primeros vídeos de jóvenes hablando español en hospitales militares rusos, muchos lo recibieron con escepticismo. Parecía inverosímil: ¿Cuba, que durante décadas se presentó como víctima del imperialismo, enviaba combatientes para apoyar la invasión rusa a Ucrania? Dos años después, las pruebas no dejan lugar a dudas. El informe “Cuba en la guerra de Ucrania: evidencia de reclutamiento masivo de combatientes para Rusia”, elaborado por la activista e investigadora Carolina Barrero para Ciudadanía y Libertad y la Fundación Friedrich-Naumann, es el análisis más sistemático publicado hasta hoy sobre este tema.

Cifras documentadas y estimadas

La estimación más conservadora proviene de la propia inteligencia militar ucraniana. La Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania (HUR) ha confirmado oficialmente al menos 1076 ciudadanos cubanos combatiendo para Rusia, con 96 muertos o desaparecidos verificados. Pero esta cifra muestra solo los casos documentados con nombre, pasaporte y contrato firmado. Se estima que el número real es de entre 5000 y 25000 mercenarios. En septiembre de 2025, Andriy Yusov, portavoz de la inteligencia militar ucraniana, declaró que al menos 20 mil cubanos habían llenado documentos para ser reclutados por Rusia. Maryan Zablotskyy, miembro del Parlamento ucraniano, señaló que la cifra podría llegar a 25 mil efectivos, convirtiéndose en el mayor grupo de combatientes extranjeros al servicio de Moscú, mayor incluso que el contingente norcoreano.

El perfil que emerge de los datos apunta a que los reclutados son en su mayoría hombres con una edad promedio de 35 años, en situación de pobreza extrema, atraídos por la promesa de ganar 2000 dólares mensuales en un país donde el salario promedio equivale a 17 dólares. La disparidad es de más de cien veces. Para esos cubanos, como señala el informe, la oferta era más que atractiva.

Los engañados y los enviados

La inteligencia ucraniana calcula que un 60% de los combatientes son trabajadores civiles engañados con falsas promesas de empleo en la construcción, mientras el 40% restante corresponde a personal de tropas especiales o de inteligencia desplegado con apoyo del propio gobierno cubano.

El mecanismo del engaño está documentado con detalle. El informe describe cómo los anuncios de empleo circulaban en grupos de Facebook para cubanos en Moscú, gestionados por reclutadores como Elena Shuvalova, una joven rusa que hablaba español y gozaba de cierto prestigio como agente de viajes. Según su propio abogado, Shuvalova reclutó a más de 3000 extranjeros. En abril de 2024 fue arrestada, acusada de apropiarse de los salarios de entre 300 y 400 mercenarios cubanos. Pero la red no desapareció con su detención, sino que siguió operando con otros intermediarios, incluidos varios cubanos residentes en Rusia.

Frank Darío Jarrosay Manfugá, músico de 35 años, natural de Guantánamo, es el caso mejor documentado del informe. Vio en su teléfono una publicación que prometía trabajo en Rusia y creyó que era una oportunidad: “Para un cubano, ir a otro país a trabajar es más que un logro. Mi objetivo era ayudar a mi familia a avanzar”, explicó.

Jarrosay partió del aeropuerto internacional de Varadero junto a cinco desconocidos y al llegar fue transferido a una base militar en Rostov. Su relato sobre la firma del contrato es revelador: “Nos presentaron un contrato en ruso. Nadie nos lo explicó. Firmamos un papel que ni siquiera sabíamos de qué se trataba. Estábamos pensando en el formulario de trabajo que habíamos rellenado en Cuba”. De Rostov lo enviaron a Donetsk y de ahí al frente. Su declaración, hecha desde una prisión ucraniana, muestra la tragedia de miles: dijo que prefiere pasar 50 años preso en Ucrania antes que regresar a Cuba.

Los contratos, redactados en ruso, establecen que quien intente romperlos puede recibir sentencias de hasta quince años de cárcel por deserción, como si se tratara de un ciudadano ruso. El entrenamiento previo al frente se limita a dos semanas en el centro Avangard, en Moscú. La esperanza de vida promedio tras firmar el contrato es de entre 140 y 150 días. El informe concluye que los cubanos son desplegados en las posiciones más expuestas, funcionando como tropas de asalto desechables.

La huella del Estado cubano

Mercenarios cubanos en Ucrania.
Mercenarios cubanos en Ucrania.

El gobierno cubano ha negado sistemáticamente cualquier participación en la guerra. Su versión oficial sostiene que los reclutas actúan por voluntad propia y que las autoridades no tienen responsabilidad alguna. El informe desmonta esa narrativa con múltiples argumentos.

Barrero explica: “En Cuba es muy difícil desplazarse de una provincia a otra. Te deportan de La Habana para Oriente si te encuentran ilegal. Sin embargo, miles y miles de cubanos van por los aeropuertos de La Habana y Varadero a Moscú, sin que suenen las alarmas de nadie.”

Además, el informe identifica a la coronel Mónica Milián Gómez, agregada militar de la Embajada cubana en Moscú, como una de los coordinadores de la red de reclutamiento, según fuentes de inteligencia ucraniana. La participación de una militar de alto rango de la embajada es difícil de conciliar con el supuesto desconocimiento del Estado cubano.

Por otra parte, el 8 de septiembre de 2023, el gobierno cubano arrestó a 17 personas alegando que participaban en la trata de personas para reclutar mercenarios. Pero días antes, medios rusos publicaron declaraciones del embajador cubano en Moscú donde decía que Cuba no se oponía a la “participación legal” de sus ciudadanos en la “operación especial” rusa en Ucrania, usando el eufemismo del Kremlin para referirse a la invasión. La contradicción apunta a lo que el informe denomina una política deliberadamente ambigua: negación pública combinada con facilitación práctica.

El portavoz de inteligencia ucraniana Yusov lo dijo sin rodeos: “Teniendo en cuenta la naturaleza totalitaria del régimen cubano, tal reclutamiento no podría haber ocurrido sin la bendición del régimen.”

De Angola a Ucrania, diferencias cruciales

El informe sitúa la participación cubana en Ucrania dentro de la larga tradición del régimen de desplegar fuerzas militares en conflictos extranjeros. La Operación Carlota en Angola (1975) movilizó a más de 400 mil soldados, maestros, médicos e ingenieros cubanos a lo largo de quince años. En las décadas del setenta y ochenta, Cuba llegó a tener 50 mil efectivos en Angola, 24 mil en Etiopía y 1500 en Nicaragua.

Sin embargo, el informe apunta una diferencia crucial: en aquellas intervenciones los soldados iban bajo la bandera cubana, el Estado los reconocía si morían, y los veteranos tenían estatus oficial, aunque a menudo terminaran abandonados. En Ucrania, en cambio, los combatientes van bajo bandera rusa, sus familias no reciben compensación, y el Estado simula ignorar su existencia. Esta negación permite a Cuba mantener relaciones con ambos bandos del conflicto mientras proporciona a Rusia un recurso crítico: cuerpos con que reducir el costo político de movilizar más ciudadanos rusos. Como explicó un reclutador citado en el informe: “Cuando vienes aquí por ganancia financiera, tu muerte es tu problema.”

Cuba como plataforma de inteligencia

El informe dedica también un capítulo a la cooperación militar y de inteligencia entre Rusia, China y Cuba, algo que apenas ha recibido atención mediática. La instalación SIGINT de Lourdes, al sur de La Habana, fue la mayor de su tipo operada por la inteligencia soviética fuera de Rusia, a menos de 150 km de Cayo Hueso. En 1994, Raúl Castro se jactó de que el 75% de la inteligencia estratégica rusa fluía a través de Lourdes. Putin cerró oficialmente la instalación en 2001, pero en 2014 aparecieron informes sobre nuevos acuerdos secretos para reactivarla. En 2023, el general Andrei Gushchin, quien había comandado los marines rusos en Siria en 2016, fue asignado a La Habana frente a un grupo de especialistas militares.

China también ha expandido su presencia en la isla: en 2019 reactivó Lourdes y otras tres estaciones de inteligencia en Cuba. En mayo de 2025, el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de Estados Unidos celebró una audiencia dedicada a examinar esta infraestructura de vigilancia chino-cubano-rusa. Según el informe, Cuba se ha convertido en una plataforma conjunta de inteligencia con graves implicaciones para la OTAN.

El reto para Europa

Parlamento Europeo en Bruselas
Parlamento Europeo en Bruselas. Foto: PE

El informe interpela a la Unión Europea: mientras Bruselas sanciona a Moscú y se declara comprometida con la defensa de Ucrania, mantiene relaciones normales con La Habana, incluyendo acuerdos comerciales y programas de cooperación. Países como España ofrecen créditos y condonan deuda cubana. El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y Cuba, que la propia UE defiende, legitima al régimen mientras este suministra combatientes a Rusia.

El ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, explicó el cierre de la embajada ucraniana en La Habana con términos que el informe recoge: “La negativa de La Habana a detener el despliegue masivo de sus nacionales en la guerra de Rusia contra Ucrania constituye complicidad en la agresión y debe ser condenada en los términos más enérgicos.” El presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento ucraniano fue más directo aún, calificando al castrismo como “el mayor brazo de Rusia en América Latina” y reclamando que Europa reconozca al régimen cubano como un Estado terrorista.

Estados Unidos ya clasificó formalmente la operación como trata de personas patrocinada por el gobierno cubano en su Informe sobre Trata de Personas 2025. Si Europa adoptara esa designación, el apoyo económico a Cuba violaría los protocolos internacionales contra la trata.

Las recomendaciones del informe son concretas: sanciones económicas selectivas contra altos funcionarios del régimen cubano, designación de Cuba como Estado cómplice en la agresión, presión diplomática coordinada y suspensión de acuerdos comerciales. Barrero lanza una pregunta espinosa a las cancillerías europeas: “¿De qué lado está Europa? Si la respuesta es del lado de Ucrania, del derecho internacional y de los derechos humanos, la política exterior de la Unión Europea hacia Cuba debe cambiar.”

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