¿Cirugías de “reasignación de sexo” a menores de edad en Cuba?

El caso de un menor estadounidense repatriado desde Cuba reabre el debate sobre las cirugías de afirmación de género a menores de edad y la desinformación que rodea este tema.

| Opinión | 01/05/2026
NIño salta sobre charco de agua en la calle.
NIño salta sobre charco de agua en la calle. / Imagen: Alina Sardiñas.

El 20 de abril, un avión del gobierno de Estados Unidos aterrizó en La Habana. Sin embargo, no lo hizo con las intenciones que muchos imaginarían. Su objetivo, según informó The New York Times (NYT), fue repatriar a un menor estadounidense que habría sido secuestrado por uno de sus progenitores, sin el consentimiento del otro.

De acuerdo con esa información, el menor, de 10 años, llevaba más de tres semanas desaparecido en Estados Unidos cuando fue localizado en La Habana, a donde fue trasladado por uno de sus progenitores, quien es una mujer transgénero, junto a su pareja actual. Ambas enfrentan cargos federales.

Los documentos citados por NYT señalan que el traslado a la isla habría tenido como intención someter al menor a una “cirugía de transición de género antes de la pubertad”, dado que, según reportaron familiares, el niño se identifica con el género femenino. Cabe destacar que, por tratarse de un caso que aún se encuentra en investigación, esta información no ha sido verificada.

Aun así, el hecho devolvió al centro del debate mediático uno de los temas más controversiales sobre estas realidades: las infancias y adolescencias trans.

Como era de esperarse, tras conocerse la noticia surgió una ola de preocupación en algunos sectores respecto a la realización de cirugías de afirmación de género en menores de edad. En redes sociales se multiplicaron las especulaciones y narrativas dañinas, acompañadas de desinformación, e incluso discursos de odio y discriminación contra personas de la diversidad sexual, en particular contra las personas trans.

Independientemente de las posturas, opiniones o valores morales e ideológicos de cada quien, es fundamental ser cautelosos con la información que se difunde sobre este colectivo y, en general, sobre cualquier grupo humano que pueda ser discriminado; sobre todo cuando existen datos basados en evidencia que señalan lo contrario.

La desinformación, los bulos y las exageraciones suelen terminar afectando de forma real la vida, la seguridad y los derechos de personas que ya enfrentan estigmas.

Si bien hay legislaciones que reconocen la existencia de niños, niñas y adolescentes trans y establecen que el personal de salud debe respetar sus identidades, ninguna impone cambios de género ni los promueve. Por el contrario, protege la autonomía de los menores para tomar decisiones relacionadas con su identidad, destacando su derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la libertad sexual.

¿Qué se sabe sobre las operaciones de afirmación de género a menores de edad?

A menudo, estas intervenciones médicas se describen de forma sensacionalista como “cirugías de cambio de sexo” o “reasignación sexual”. Cuando se trata de menores, además, suelen presentarse como si fueran una práctica frecuente, inmediata y generalizada. Ese tipo de narrativas funciona como pánico moral, ya que exageran o inventan hechos, los plantean como una amenaza inminente y buscan generar miedo, polarización y estigmatización, pese a que no reflejan el modo en que opera la atención sanitaria en la realidad.

En algunos sistemas de salud, cuando un menor expresa que no se identifica con el género asignado al nacer, lo habitual es que reciba evaluaciones por equipos especializados (salud mental, pediatría, endocrinología) y acompañamiento psicosocial. Dependiendo del caso, también puede plantearse tratamiento para frenar la pubertad, con el objetivo de aliviar el malestar y/o ganar tiempo mientras se evalúa el desarrollo y se profundiza la comprensión del proceso.

Es importante aclarar que estos abordajes no son lo mismo que una operación de afirmación de género. 

En general, los tratamientos propuestos en etapas tempranas suelen ser reversibles o ajustables mediante seguimiento clínico.

Los procedimientos pueden variar entre países, programas y profesionales. Sin embargo, las orientaciones más citadas, como las de la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero (WPATH) y las de la Sociedad de Endocrinología, suelen presentar recomendaciones según la edad y el momento del desarrollo.

Según estas directrices, los medicamentos para suprimir la pubertad y, de este modo, frenar el desarrollo de las características sexuales secundarias del género no deseado, suelen considerarse el primer abordaje médico que puede ofrecerse a un menor trans. En términos generales, la Academia Americana de Pediatría (AAP) señala que la terapia hormonal puede iniciarse al comienzo de la adolescencia o más adelante. A su vez, la Sociedad de Endocrinología afirma que, en muchos casos, los adolescentes tienen la capacidad para participar en una decisión informada sobre este tipo de terapia alrededor de los 16 años.

En cuanto a las cirugías, una versión anterior de WPATH no las recomendaba hasta la edad adulta. No obstante, la versión más reciente, publicada en septiembre de 2022, es menos específica sobre el límite de edad. En su lugar, plantea criterios para valorar si se debe ofrecer cirugía, considerando elementos como la madurez emocional y cognitiva, y si ha estado en tratamiento hormonal durante al menos un año.

La Sociedad de Endocrinología, además, detalla criterios sobre cuándo una persona podría estar preparada para este tipo de intervención. No obstante, indica que aquellas que implican la extirpación de testículos, ovarios o útero no deben realizarse antes de los 18 años.

En cualquier caso, estos procedimientos no constituyen una práctica habitual. Cualquier intervención relacionada con el desarrollo puberal se realiza mediante protocolos estrictos, con evaluación clínica especializada y criterios médicos muy concretos. Las decisiones se toman caso por caso, no “por moda” ni de manera automática o indiscriminada.

En la práctica, las cirugías de afirmación genital suelen realizarse a partir de la mayoría de edad.

Lo que dicen los datos y los estudios sobre estos tratamientos en la infancia y adolescencia

Según WPATH, afirmar el género de un niño mediante cambios cotidianos, también llamados "transición social", puede tener un efecto positivo en su salud mental. Estos cambios pueden incluir, por ejemplo, usar otro nombre y pronombres, modificar la forma de vestirse o el peinado.

WPATH subraya que las transiciones sociales suelen ocurrir fuera de entornos médicos. Son impulsadas por el propio niño y apoyadas por la familia y el entorno social. También aclara que no basta con señales aisladas como jugar con ciertos juguetes, vestirse de una manera específica o participar en actividades asociadas culturalmente con otro género. Para que se considere una afirmación significativa, debe existir una expresión persistente de una identidad que no coincide con el sexo asignado al nacer.

Estudios indican que adolescentes y jóvenes trans de 13 a 20 años que reciben la atención presentan mejoras en su salud mental y física. En particular, un informe de 2022 del Proyecto Trevor señala que quienes se sienten apoyados por sus familias presentan tasas de suicidio más bajas en comparación con quienes no reciben ese apoyo.

Asimismo, se reporta que los niños trans que pueden realizar la transición social antes de la pubertad presentan niveles “normales” de depresión y ansiedad, en “marcado contraste” con quienes no pueden hacerlo. También se menciona que los adolescentes que desean la supresión de la pubertad y la reciben experimentan menor ideación suicida que aquellos que no la reciben.

Por otro lado, un estudio publicado en la revista Pediatrics halló que los menores que realizan una transición social durante la niñez raramente cambian de parecer sobre su identidad de género al crecer. El estudio siguió durante cinco años la trayectoria de 317 niños y niñas trans, desde los tres hasta los 12 años; a esa edad, el 94% seguía seguro de su decisión.

¿En Cuba están permitidas las operaciones de afirmación de género de menores?

Aunque la normativa cubana intenta reconocer a los menores como sujetos de derechos, no existe legislación que permita intervenciones quirúrgicas vinculadas a la afirmación de género en personas menores de edad. 

Además, debido a la crisis del sistema de salud, actualmente incluso las personas trans adultas enfrentan dificultades reales de acceso a estas intervenciones.

En 2008, el ministro de Salud Pública firmó la Resolución 126, que establecía cobertura para personas cubanas que solicitaran cirugías de este tipo. Sin embargo, la práctica demostró que no se trató de un proceso automático, masivo ni fácil, sino lo contrario, un procedimiento selectivo, con numerosos filtros y, según se ha señalado, no exento de favoritismos, palanca y corrupción.

En 2012, Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), informó que hasta ese año se habían realizado 15 cirugías de un total de 175 solicitudes recibidas desde 1979 por la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Trans. Diez años después, en 2018, el periódico estatal Trabajadores aseguró que se habían hecho 39 intervenciones hasta junio de ese año.

Es decir, en una década se realizaron en promedio solo 3,9 intervenciones al año. Y en el mismo 2018 fueron interrumpidas.

Más tarde, en 2021, Manuel Vázquez Seijido, subdirector del CENESEX en aquel momento, declaró ante la Asociación Cubana de las Naciones Unidas que el embargo estadounidense era uno de los principales obstáculos para garantizar derechos sexuales en Cuba, incluyendo la terapia hormonal y las cirugías de afirmación de género.

Las cirugías realizadas en años posteriores han sido, principalmente, mastectomías para chicos trans. 

Dado el contexto actual, es poco probable que estos procedimientos estén disponibles para menores, considerando las dificultades que enfrentan los adultos.

Aun así, no sería descabellado considerar que el traslado del menor estadounidense a la isla podría haberse visto influido por la visión “progresista” de los derechos sexuales con que el régimen intenta venderse.

Asimismo, aunque reportes recientes han indicado que, ante el colapso del sistema de salud, algunos pacientes han debido pagar por servicios que en teoría deberían ser gratuitos, tampoco existe evidencia, hasta el momento, de que en Cuba se realicen operaciones de afirmación de género a menores de edad mediante pago.

Esto no debe interpretarse como una defensa del régimen ni como una aceptación de que, en la práctica, garantice de forma efectiva los derechos de las infancias. Tampoco implica que consideremos que no sea capaz de realizarle a menores este tipo de procedimientos. Sabemos que el régimen miente y actúa sin escrúpulos, operando al margen de su propia legalidad y con poca transparencia.

Por ello, tampoco puede descartarse que quienes sustrajeron al menor pudieran haber contactado con algún profesional o institución que les prometiera una intervención. Es conocido que Cuba ha desarrollado un sistema de exportación de servicios de salud, en ocasiones integrado en paquetes turísticos para pacientes extranjeros.

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