Poesía cubana │ Tres poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda
La poesía de Gertrudis Gómez de Avellaneda da voz a un carácter fuerte y libre que desafió los límites impuestos a las mujeres en la sociedad de su tiempo.
Al partir
¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.
¡Voy a partir! La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído! ¡Adiós!...
Ya cruje la turgente vela...
el ancla se alza... el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela!
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Mi mal
En vano ansiosa tu amistad procura
adivinar el mal que me atormenta;
en vano, amigo, conmovida intenta
revelarlo mi voz a tu ternura.
Puede explicarse el ansia, la locura
con que el amor sus fuegos alimenta...
Puede el dolor, la saña más violenta,
exhalar por el labio su amargura...
Mas de decir mi malestar profundo,
no halla mi voz, mi pensamiento medio,
y al indagar su origen me confundo:
Pero es un mal terrible, sin remedio,
que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
que seca el corazón... ¡En fin, es tedio!
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Al destino
Escrito estaba, sí: se rompe en vano
una vez y otra la fatal cadena,
y mi vigor por recobrar me afano.
Escrito estaba: el cielo me condena
a tornar siempre al cautiverio rudo,
y yo obediente acudo,
restaurando eslabones
que cada vez más rígidos me oprimen;
pues del yugo fatal no me redimen
de mi altivez postreras convulsiones.
¡Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón, destino,
de tu víctima dócil! Yo me entrego
cual hoja seca al raudo torbellino
que la arrebata ciego.
¡Tuya soy! ¡Heme aquí! ¡Todo lo puedes!
Tu capricho es mi ley: sacia tu saña...
Pero sabe, ¡oh cruel!, que no me engaña
la sonrisa falaz que hoy me concedes.

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Figura clave del romanticismo, Gertrudis Gómez de Avellaneda es una de los escritores cubanos más importantes del siglo XIX. Fue la primera mujer propuesta para ingresar a la Real Academia de la Lengua Española, aunque su candidatura se rechazó por el simple hecho de que era mujer. Obras suyas como Sab (1841), Dos mujeres (1843) y Guatimozín, último emperador de México (1846) son consideradas precursoras de la novela hispanoamericana. Su poesía, intensa y despojada de adornos superfluos, da voz a un carácter fuerte y libre que desafió los límites que la sociedad imponía a las mujeres de su tiempo.
Se ilustran estos poemas de la Avellaneda con dos obras de la artista cubana Sandra Ramos. Nacida en La Habana, en 1969, y residente en Miami desde 2013, Ramos es una de las más destacadas artistas visuales cubanas. Con una obra que incluye el grabado, la pintura, las instalaciones multimediales, el vídeo-arte, el dibujo y el collage, Sandra Ramos es reconocida por el personaje de “la niña”, un autorretrato inspirado en la Alicia de Lewis Carroll, a través del cual explora temas complejos de la identidad cubana en la encrucijada entre historia, emigración y política.
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