Madre cubana Eilien Ortiz, denuncia el robo de la ayuda humanitaria por las instituciones del régimen

La ayuda solidaria que otros países envían a la isla, termina siendo “repartida” entre los propios dirigentes.

Con la firmeza de quien ya no tiene nada que perder, Eilien Ortiz denunció ante las cámaras del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, la red de corrupción que asfixia a los damnificados en la isla. Bajo la lapidaria frase "el que se merece no pide", Eilien expuso cómo los recursos enviados solidariamente desde el exterior para paliar los efectos de los desastres naturales nunca llegan a los hogares en ruinas.

El robo de la ayuda internacional por de la dirigencia comunista

Según su testimonio, la ayuda que otros países mandan termina siendo “repartida” entre los propios dirigentes, dejando a las familias vulnerables en un estado de indefensión absoluta, mientras ven cómo lo que les pertenecía por derecho se esfuma en las estructuras del poder.

La realidad cotidiana de Eilien, residente de El Cobre, en Santiago de Cuba, es un campo de batalla. Vive sola con su hija de apenas 4 años, quien padece asma crónica y respira el polvo de una casa que quedó “virada” tras el impacto del huracán Melissa, en octubre de 2025.

A pesar de que las trabajadoras sociales clasificaron su caso como derrumbe total y prometieron una ayuda, el Estado la ha dejado a su suerte.

El abandono no es solo material; es sistémico. Eilien representa a miles de cubanos que, tras perderlo todo, descubren que las promesas gubernamentales son solo una cortina de humo para ocultar la ineficiencia y la falta de empatía hacia los ciudadanos más necesitados.

Entre el derrumbe y el abandono institucional

Por si fuera poco el desastre habitacional, el sistema le ha asestado un golpe final al “cerrarle el contrato” de trabajo, dejándola sin sustento para garantizar la alimentación de su pequeña. Eilien describe una lucha desesperada por “ver qué se va a comer”, una angustia que se repite en cada hogar donde la canasta básica es cada vez más precaria.

Ante este panorama de hambre y persecución económica, su conclusión es la de millones: la única salida real es el exilio. Al afirmar que “el sueño de todo cubano es salir del país”, Eilien resume la tragedia de una nación donde la salvación de la familia ya no se busca en la reconstrucción del hogar, sino en la huida hacia cualquier frontera que ofrezca un futuro lejos de la corrupción.

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