La guerra de Irán a tres semanas de conflicto
Trump pide apoyo internacional para abrir el estrecho de Ormuz mientras Irán amenaza a Ucrania y advierte que la guerra durará “el tiempo que sea necesario”.
La guerra de Irán dura ya casi tres semanas desde que el 28 de febrero Estados Unidos e Israel iniciaran un ataque que se esperaba fuese breve. Desde entonces, cientos de personas han muerto en los países del Golfo y, con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado a la navegación, los precios del petróleo se han disparado por encima de los cien dólares el barril. Los efectos sobre la economía global y la presión para internacionalizar el conflicto crecen, mientras unos hablan de una próxima victoria y otros aseguran que la guerra puede aún extenderse en el tiempo y el espacio.
Irán e Israel expanden sus frentes
Desde el inicio de la guerra, Irán ha extendido el conflicto al resto de los países de la región. Los ataques se han dirigido no solo contra instalaciones militares de Israel y Estados Unidos, sino también contra la población civil, causando víctimas y daños a la infraestructuras de Kuwait, Bahréin, Omán y los Emiratos Árabes Unidos.
Ante la gravedad de los ataques, incluso el grupo Hamas, aliado tradicional de régimen iraní, dio a conocer el 15 de marzo un comunicado donde pedía “a los hermanos en Irán evitar atacar a los países vecinos”, y llamaba a buscar el fin de la guerra; siendo esta la primera vez que los terroristas palestinos cuestionan públicamente a Teherán. Sin embargo, el Ministerio de Exteriores de Israel divulgó una supuesta carta secreta de Hamas al nuevo ayatola, Mojtaba Jamenei, donde le exigían intensificar la guerra en todos los frentes, incluidos Iraq, Yemen y el Líbano, al tiempo que tildaban a los países del Golfo como “débiles”.
Israel, por su parte, invadió el sur libanés y reactivó sus acciones contra Hezbolá, con un saldo parcial de al menos 850 muertos y más de 2100 heridos, entre ellos 65 mujeres y 106 niños, según el Ministerio de Salud del Líbano.
Lejos de contener sus ataques, Irán ha lanzado misiles contra Chipre y el sábado 14 de marzo declaró que también Ucrania se ha convertido en un “objetivo legítimo”, por el apoyo de Kiev a los países del Golfo en materia de defensa antidrones. El presidente de la Comisión de Seguridad Nacional iraní, Ebrahim Azizi, argumentó que Ucrania “se ha involucrado de facto en la guerra” e invocó el artículo 51 de la Carta de la ONU que, según dijo, le otorga a Irán derecho a hacer del país centroeuropeo un blanco potencial de sus ataques para defenderse.
Días antes, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski había confirmado que once países del Golfo habían solicitado su ayuda para contrarrestar los misiles iraníes, y que el 13 de marzo se había reunido en París con el príncipe heredero iraní en el exilio, Reza Pahlavi.
Ormuz: el cuello de botella energético del planeta
El cierre del estrecho de Ormuz, por el que transita casi la quinta parte del petróleo mundial, ha provocado lo que la Agencia Internacional de Energía califica como “la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero global”.
El cierre de Ormuz ha obligado a los países del Golfo a reducir la producción diaria de unos 10 millones de barriles, con el precio del Brent superando los 126 dólares por barril —el nivel más alto desde 2022— y el West Texas rozando los 100 dólares. Incluso si la guerra terminara hoy, advierten los analistas, el estrecho podría tardar entre uno y tres meses en volver a la normalidad, dado el tiempo necesario para despejar las cientos de embarcaciones ancladas y desactivar los campos de minas que Irán ha tendido en el paso estratégico.
La semana pasada, la tensión escaló notablemente cuando Estados Unidos bombardeó la isla de Kharg, que gestiona el 90% de las exportaciones de crudo iraní. El presidente Donald Trump confirmó el ataque y amenazó con extenderlo a la infraestructura petrolera si Irán continúa bloqueando el paso de barcos por el estrecho de Ormuz. Según medios iraníes, ninguna infraestructura petrolera resultó dañada en el bombardeo, pero Teherán declaró que cualquier ataque a sus instalaciones desencadenará represalias severas. Un analista citado por CNN, Mark Kimmitt, advirtió que si la infraestructura petrolera de Kharg fuera destruida, “los precios del petróleo se saldrían de control”.
La presión por internacionalizar el conflicto

El 14 de marzo, Trump volvió a presionar a sus aliados de la OTAN para que envíen buques de guerra al estrecho de Ormuz. Su llamado, publicado en la red Truth Social, fue más allá para incluir incluso a países fuera de la Alianza Atlántica: “Esperemos que China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros... envíen buques a la zona para que el estrecho de Ormuz deje de ser una amenaza”, escribió. Y en una entrevista con el Financial Times, amenazó con que la OTAN enfrentaría un futuro “muy malo” si no colabora, al tiempo que advertía a Beijing: “China también debe ayudar porque obtiene el 90% de su petróleo del estrecho”, aseguró.
Hasta ahora, sin embargo, ningún país se ha comprometido a enviar barcos de guerra a Ormuz. Australia rechazó expresamente la solicitud; Japón informó que no considera realizar operaciones de seguridad marítima; y el Reino Unido, al que Trump criticó por su tibieza inicial, anunció el envío de dos barcos solo tras los ataques a Chipre.
También Grecia, Italia y los Países Bajos han destinado barcos y aviones a la defensa de Chipre; y Francia desplegó un portaaviones en el Mediterráneo oriental, aunque Emmanuel Macron advirtió que su país solo protegerá el tránsito marítimo en Ormuz cuando termine “la fase más intensa del conflicto”. Por su parte, el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, rechazó ampliar la presencia de España en el Golfo, insistiendo en que “la solución puramente militar nunca trae democracia ni estabilidad”.
El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, eludió la solicitud de Trump y solo reiteró su llamado al cese de las hostilidades. Moscú también ha evitado un choque directo con Washington, pues se beneficia de la decisión de Trump de levantar temporalmente las sanciones al petróleo ruso para moderar el alza de precios; algo que el canciller alemán Friedrich Merz, considera un error.
Los inciertos pronósticos de paz

El domingo 15 de marzo, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, declaró que la guerra podría concluir “en las próximas semanas”, y que la situación en Ormuz representa “un sufrimiento a corto plazo” cuya superación cambiará para siempre la geopolítica internacional. Wright calificó de “lógico” el llamado de Trump a desplegar una flota internacional para reabrir el estrecho de Ormuz, argumentando que la dependencia global de esa ruta justifica la participación de otras naciones.
La realidad, sin embargo, apunta a que la guerra puede extenderse mucho más. Un portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel declaró a CNN el propio domingo que su país planea continuar la campaña al menos durante las próximas tres semanas y que aún tiene “miles de objetivos por delante”. El asesor económico de Trump, Kevin Hassett, había advertido antes que la guerra puede prolongarse incluso hasta un mes.
El propio Trump admitió el lunes 16 de marzo sus dudas sobre si Irán tiene interés en una negociación seria. Trump ha insistido en que no aceptará más acuerdo que una “rendición incondicional” del régimen, sin exponer exigencias concretas, lo que hace prácticamente imposible cualquier solución diplomática en el corto plazo.
La posición iraní es igualmente intransigente: el ayatola Mojtaba Jamenei, nombrado tras la muerte de su padre, Ali Jamenei, dijo en su primer mensaje que el estrecho seguirá cerrado mientras continúen los ataques. Y el ministro de Defensa iraní, Esmail Baghaei, aseguró que la guerra se prolongará “el tiempo que sea necesario” y que Trump está “atrapado en el atolladero de sus propios errores de cálculo”.
A tres semanas del inicio de un conflicto que involucra ya a varios países y amenaza no solo la estabilidad de la región sino también a Europa, las posibilidades de una solución negociada siguen siendo remotas.
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