Criminalidad en Cuba alcanza cifras nunca vistas: más delitos en medio año que en todo 2024
El Observatorio cubano de auditoría ciudadana (OCAC) documenta 1319 delitos entre enero y junio de 2025, en contraste con la negación oficial.

Cuba enfrenta un momento crítico. El recién publicado informe de Inseguridad Pública del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), perteneciente al laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, revela que en apenas los primeros seis meses de 2025 se registraron 1319 delitos verificados, cifra que ya supera a la totalidad de los reportes de 2024 y multiplica casi por cinco los del mismo período en 2023.
El incremento no pasa desapercibido. El promedio ha escalado de 3,6 a más de 7 delitos diarios, lo que lleva a describir la situación como una verdadera escalada delictiva sin precedentes.
Diversificación del delito
El primer semestre de 2025 mostró no solo un aumento en la cantidad de delitos cometidos en Cuba, sino también una clara diversificación de sus manifestaciones. Entre ellos, el robo se mantuvo como el delito más frecuente, con 721 casos documentados. Estos abarcaron desde hurtos comunes hasta el sacrificio ilegal de ganado, afectando tanto a propiedades privadas como estatales. Las provincias más impactadas por este tipo de crímenes fueron Matanzas, Las Tunas y Santiago de Cuba.
Los asesinatos ocuparon un segundo lugar en gravedad, con 63 víctimas fatales en todo el país. Las ciudades más afectadas fueron La Habana, Santiago de Cuba, Camagüey y Ciego de Ávila. Las víctimas incluyeron hombres, mujeres, menores y ancianos. Entre las mujeres asesinadas, al menos 16 de las 24 fueron confirmadas como casos de feminicidio por los observatorios independientes Alas Tensas (OGAT) y Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC), lo cual evidencia la persistencia de una violencia estructural de género que no encuentra freno ni protección institucional adecuada.
“Actos violentos, perpetrados con extrema brutalidad, refuerzan la percepción de inseguridad ciudadana que crece en el país.”
En paralelo, se registraron 61 asaltos y 38 agresiones físicas, siendo La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba los escenarios con mayor incidencia. Estos actos violentos, en muchos casos perpetrados con extrema brutalidad, refuerzan la percepción de inseguridad ciudadana que crece en el país.
Por primera vez, el tráfico de drogas se incluye como categoría específica por el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, debido a su notorio incremento. Durante el semestre se contabilizaron 198 casos, más de la mitad localizados en La Habana, lo que señala la consolidación de una problemática que, hasta hace poco, el discurso oficial tendía a minimizar o silenciar.
Finalmente, dentro del grupo clasificado como “otros delitos”, se reportaron 238 incidentes, que incluyen actos de vandalismo, portación ilegal de armas de fuego y contrabando. Estas cifras confirman que la criminalidad en Cuba no solo ha aumentado cuantitativamente, sino que también se ha diversificado y complejizado, afectando múltiples niveles de la vida cotidiana.

1. Feminicidios: una emergencia ignorada
El informe del OCAC confirma que 24 mujeres fueron asesinadas en el primer semestre de 2025. De estos casos, según este observatorio 16 fueron verificados como feminicidios por los observatorios OGAT y YSTCC.
Las víctimas de feminicidios, como han confirmado los observatorios de género, fueron asesinadas por parejas, exparejas o familiares cercanos. Muchas de estas muertes ocurrieron en contextos de violencia reiterada y amenazas previas, sin que las autoridades intervinieran de manera efectiva.
Entre los casos más impactantes, se encuentran los de mujeres jóvenes asesinadas a plena luz del día, frente a testigos, y otros perpetrados en sus propios hogares. El informe presentado por OGAT en julio del 2024, acerca de la violencia hacia mujeres y niñas también ha denunciado que la respuesta estatal sigue siendo débil o inexistente a pesar de todos los avances legales con lo que el régimen intenta lavarse la cara.
“Entre los casos más impactantes, se encuentran los de mujeres jóvenes asesinadas a plena luz del día, frente a testigos.”
La tipificación del feminicidio no se aplica con rigor, no existen refugios seguros para víctimas de violencia de género, y la recolección de estadísticas oficiales sigue siendo opaca. En un país donde las fuerzas de seguridad priorizan el control político, la violencia de género permanece en un segundo plano, pese a sus consecuencias irreparables.
2. Presencia creciente del armamento
Al menos en seis asesinatos se emplearon armas de fuego, confirmando la disponibilidad y uso de este tipo de armamento en la comisión de delitos graves, lo que evidencia una notable disponibilidad de armamento letal en manos civiles, pese a las estrictas prohibiciones legales.
El informe señala que 1588 personas participaron en los delitos: el 90 % eran hombres. Las víctimas incluyeron 146 hombres, 106 mujeres, 24 menores y 26 ancianos, lo que confirma el carácter transversal de esta violencia.
3. Factores estructurales detrás de la crisis

El OCAC atribuye esta explosión delictiva a una conjunción de factores: la crisis económica y alimentaria, el uso excesivo del aparato represivo para la vigilancia política en lugar de la seguridad ciudadana, y la subordinación del Ministerio del Interior (MININT) al conglomerado militar GAESA. Esto último habría convertido a las fuerzas del orden en instrumentos de control más que garantes del orden público.
“En Cuba los delitos no solo se multiplican, sino que adoptan nuevas formas como el narcotráfico urbano y la violencia armada.”
La seguridad en Cuba atraviesa un deterioro acelerado, con delitos que no solo se multiplican, sino que adoptan nuevas formas como el narcotráfico urbano y la violencia armada. Los feminicidios, confirmados por observatorios independientes, reflejan una dimensión especialmente grave de esta crisis.
El contraste entre los hechos verificados y la narrativa oficial revela una desconexión inquietante. La priorización de la represión política por sobre la protección de los ciudadanos ha dejado a la población en una doble vulnerabilidad: frente al crimen y frente al aparato represor.
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