La ciudad y el mar en la obra del artista cubano Kadir López
La ciudad y el mar son, para Kadir López, metáforas con las que construye una imagen crítica de la isla y de la dramática pérdida de su historia cultural.
Kadir López es un importante artista de la plástica cubana que trabaja entre Europa y Estados Unidos, aunque no deja de estar presente en algunos circuitos artísticos de la isla. En Estados Unidos ha llevado a cabo exposiciones personales en Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, entre otras ciudades. Su obra está presente en importantes colecciones como la de Arizona State University Art, el Museo Latinoamericano de Los Ángeles, la colección Donald Rubin de Nueva York y el Museo de Arte Cubano de Viena. Es hoy uno de los artistas contemporáneos cubanos con una obra destacada a nivel internacional.
La ciudad y el mar
En los primeros años de este siglo, Kadir López tuvo como temas recurrentes en su obra el mar y la ciudad. Estos espacios eran muchas veces presentados en perfecta comunión, como dos caras de una realidad única que forma parte de la memoria cultural de la isla. Si bien en la serie Casting el artista creaba viejos rótulos de cines que formaron parte de la historia cultural de la ciudad de La Habana, para el espectador contemporáneo estas obras constituyen un verdadero desafío por lo difícil que es identificarlas. Kadir López presenta, pues, el desdibujamiento de la memoria cultural que se produce en el sujeto humano al perder referencias que formaron parte de su identidad.
El cine siempre fue un entretenimiento del cubano, que tenía una cultura cinematográfica muy especial. Figuras como el escritor y crítico de cine Guillermo Cabrera Infante, y los cineastas Fernando Pérez y Humberto Solás, siempre recordaron su asiduidad al cine de barrio como el principal punto de partida de sus obras. La dictadura castrista barrió paulatinamente con esta parte importante de la cultura de masas en Cuba.

Hay también una actitud lúdica esencial en el artista que encuentra en esta creación un juego paladeable y, como juego al fin, puede resultar difícil. No obstante, no es un mero pasatiempo sonriente en el juego plástico del artista, donde también aparecen entrañados componentes de violencia y angustia humana.
Al trabajar el binomio ciudad-mar, Kadir López tiende a configurar imágenes plásticas de silencio y soledad. Eso es lo primero que impacta en la serie de acrílicos sobre cartulina que nombró Ciudad de peces, conscientemente trabajada a partir de la intertextualidad para rendir homenaje a la pintura impresionista. El artista procede como deudor de una historia que le antecedió. Pero lo hace, desde luego, desde una postura de original creatividad, cuidadosamente ajeno a la actitud mimética del copista de academia: sus juegos intertextuales corresponden a la conciencia plena de quien se adentra en una tradición hondamente sentida y, por tanto, enfrentada desde una selectividad dinámica y responsable. Ciudad de peces es, pues, una serie donde la ciudad se configura desde el mar.

El mar y la luz van a ser importantes componentes de este espacio que el artista ha denominado ciudad, la cual solo puede ser vista desde lo alto. Lo que lleva a que muchas veces que el ámbito urbano se hunda en las aguas donde el silencio es un factor totalmente dominante. Es la ciudad que se hunde y queda atrapada en el fondo marino. Todo se borra y nada persiste de su historia. Es ese mar de fondo que actúa, pues, como callada memoria de la isla.
Al lado de este silencio y del mar también se trabaja una claridad que provoca una suerte de carnavalización de la realidad, la cual se descompone como en los versos de La isla en peso del poeta Virgilio Piñera:
Hay que tapar! hay que tapar!
Pero la claridad avanzada invade
perseverantemente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.
Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos, la claridad se precipia sobre
un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empienza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir la claridad.
Son las doce del día.
Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.
Actualidad e historia cultural en Kadir López

En su obra Chevrolet 59, la ciudad al fondo aparece detenida en el tiempo. Es un juego peligroso del artista con el espectador porque, en efecto, en 1959 ―que es la fecha del nuevo modelo de automóvil norteamericano―, la ciudad y la isla quedaron detenidas en el tiempo y la historia de la tiranía castrista. Nada evolucionó después solo quedan, si acaso, ruinas sin nombre de lo que fueron la ciudad y la isla. Porque la ciudad para Kadir López no es otra cosa que una metáfora de la isla y su dramática historia.
El arquitecto y novelista Mario Coyula, en su texto “Vivir La Habana”, se preguntaba cómo hubiera sido la capital cubana después de 1959. La imaginaba llena de oficinas, bancos y condominios, grandes mercados, en fin, otra ciudad, otra isla. Porque hasta 1959 La Habana fue una de las grandes ciudades del continente, solo comparada con Buenos Aires.
Pero a Kadir López lo que le importa ahora es la imagen mordiente de la realidad actual, por duras que sean sus esencias. Por eso muestra el nervio en pura tensión que se esconde y en ocasiones aflora detrás del silencio que marca el rostro urbano contemporáneo. El artista capta matices y resonancias muy amargas de la vida urbana. No puede ser de otra forma. Así lo hicieron también Fernando Pérez en Madagascar, Suite Habana, La vida es silbar; o Ernesto Daranas en Los dioses rotos y Conducta, por solo poner dos ejemplos. Virgilio PIñera lo hizo también en la literatura cuando, en los tempranos sesenta, escribía en su novela Pequeñas maniobras un pasaje como este:
Vivo en una azotea. Es una casa de cinco pisos. Desde ella diviso miles de techos, cúpulas de iglesia y mucha ropa tendida. Me paro en la ventana y me parezco al capitán de un barco que diera órdenes a la marinería. Desde esta altura es muy difícil tener el mundo a sus pies. Me puedo permitir el inocente placer de dar órdenes, esto no va a comprometerme en lo absoluto, pues, ¿quién escucharía? Por un anuncio en el periódico supe de esta Tebaida. Son dos habitaciones separadas por un baño. En una de ellas vive Gustavo, el subalquilador. Nada puedo decir de él, solo lo he visto el día que cerramos el trato. Yo me voy muy temprano, él duerme hasta muy entrda la mañana, sospecho que trasnocha de lo lindo.
La ciudad, así vista, no es recinto para la cohabitación, el desarrollo humano o refugio, sino un peligro permanente que está presente en los vólumenes y espacios trazados por Kadir López.
Ciudad transparente es uno de sus textos más impactantes porque apunta abiertamente a la ciudad sumergida. La propuesta de perspectiva se basa en trabajar, de modo imaginativo y metafórico, el reflejo de la ciudad en el mar. La luz es espacio en este texto. Un espacio que debe aceptar las imágenes de una ciudad en la que la oscuridad se ha convertido en su condición esencial. No hay esperanzas ni vidas. Sus ciudades se equiparan a los seres humanos, por eso sufren, carecen de alegría. Hay en ellas un desasosiego y un cansancio que no solo son urbanos, sino HUMANOS. Este enfoque puede considerarse como una estética de la inversión en la que la ciudad antropologizada se convierte en un espacio totalmente deshumanizado.
Una identidad en crisis

El mar, para Kadir López, solo puede ser expresado a partir de sus límites. Por tanto, el horizonte es un enigma permanente. El malecón, con sus muros y varas de pescar, adquiere una elocuencia extraordinaria. Los rostros son la principal fuente generadora de sentidos, de gran intesidad, especiales por la fuerza expresiva de sus miradas y sus gestos.
En estas representaciones humanas el artista concentra la soledad, la violencia, la inseguridad y el miedo. No hay lugar para la esperanza o la certeza. De acuerdo con una estricta y chata objetividad, esos rostros solo tienen ante sí el mar… o a nosotros que los miramos. Si alguna expresión tienen, es de resignación extrema. Por tanto, sólo el mar y la incertidumbre del viaje pueden brindar una esperanza.
En Círculo, un grupo de hombres dentro del mar forman un círculo carente de perfección. No se tocan, solo los unen lienzos que cada cual lleva consigo. ¿Qué hay representado en esos lienzos? Por un lado, se trata de figuras de aves, pero también hay troncos y cabezas humanas, hombres con sombreros. Mientras, en otro segmento parecen reconocerse motivos del pensamiento mítico africano, tan caro al Caribe. Tal parece como si cada uno de ellos quisiera salvar una parte de la memoria cultural que se fragmenta y está en trance de ahogarse. El dinamismo de la escena es tan intenso que podría decirse que Kadir López ha construido estas imágenes a partir de ecos tangibles del lenguaje cinematográfico.

En las diversas obras de Kadir López aparece una atormentada reflexión acerca del hombre y la cultura. Es el caso de Everybody knows y Cultura sumergida. En la primera de estas obras, una figura humana intenta arrastrar tras de sí a todo el mundo hacia una extraña imagen de ciudad que se aprecia en la lejanía. El mar los rodea. Pero toda la tensión dinámica acumulada es estéril: nada puede en realidad moverse de su lugar. Las personas están atadas. Por tanto, no es posible trasladar esa isla en peso.
En el caso de Cultura sumergida, se trata de un texto vinculado a la imagen de la ciudad cubana que tiene el artista. Los supuestos pescadores iluminan el mar con farolas de postes eléctricos. La ciudad los acompaña con sus signos. El mar, inconmesurable, oculta un mundo, una historia, una memoria que lucha por no perderse, disuelta en la más irrecuperable de las aguas.
Los viejos cines aparecen en esa serie que tituló Casting. Es realmente una ironía, porque ya nadie recuerda dónde quedaba el cine Edison o cómo dejaron destruir el Infanta. ¿Es un casting llamado a proteger los nuevos sitios del arte? ¿Es que hay nuevos sitios? Todo está desgraciadamente perdido. Kadir López registra en su obra esos nombres, que actúan como heridas abiertas de una ciudad que se va perdiendo entre escombros, desperdicios acumulados y sufrimientos.
Kadir López se ha adentrado en una visión pictórica de la antropología social y visual. También lo han hecho Fernando Pérez, Mario Coyula y otros en el terreno del cine. La historia de las artes en la isla, cuando se escriba la verdadera, no podrá pasar por alto a estos artistas. Como tampoco la desgarradora historia en la que construyeron su arte. Ese día no puede demorar, o estaremos perdiendo una parte imprescindible de nuestra cultura, de la que artistas como Kadir López forman parte.

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