La intervención de Almagro se produce en medio de un endurecimiento del pulso entre Washington y La Habana.
“Una Cuba libre no será aquella donde todos pensemos igual, sino aquella donde nadie tenga miedo de pensar diferente. Las gorras no dividen un país, lo divide la intolerancia”.
La influencer sostiene que no puede hablarse de paz en un país atravesado por apagones, escasez de alimentos, medicamentos, y miedo a expresarse.
Estas revelaciones dejan claro que la política hacia Cuba se juega en dos tableros: uno de retórica para las cámaras y otro de concesiones silenciosas.
Recluido en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, el artivista afirma que el Gobierno instrumentaliza el sufrimiento de los encarcelados mientras el pueblo cubano paga las consecuencias.
Alexander Verdecia fue condenado en 2025 a siete años de privación de libertad por publicaciones en redes sociales que exigían un cambio democrático para Cuba.
Con frases impactantes como “pedimos perdón y tenemos que perdonar”, el oficialismo busca proyectar una imagen de clemencia y reconciliación.
Las mujeres cubanas se han visto obligadas a retroceder décadas en el tiempo, sustituyendo las hornillas eléctricas por fogones improvisados de leña o carbón.
Los actos de repudio no son expresiones espontáneas de descontento popular, son mecanismos de control social dirigidos por organizaciones de masas del régimen.
Este registro arbitrario se inscribe en un patrón más amplio de criminalización del pensamiento disidente en Cuba