Más allá de su maestría formal, lo que distingue a De Morgan es su personal uso de la alegoría para hablar sobre la justicia y la condición de la mujer.
Martine Franck es una de las grandes fotógrafas del siglo XX, una artista que supo poner el dominio técnico al servicio de una genuina conexión humana.
Marion Adnams desarrolló un estilo y una visión que se distinguen dentro del surrealismo por la maestría de su técnica y por su sensibilidad única.
Rose Valland sabía que la cultura no es un lujo del que podemos prescindir en tiempos difíciles, sino una necesidad fundamental de la humanidad.
Precursora del feminismo artístico, Leonor Fini se enfrentó a las estructuras de poder en el arte y colocó a la mujer como sujeto central de su obra.
Yayoi Kusama, artista japonesa: “Hago mis obras para sobrevivir al dolor, al deseo de muerte”.
Con su personal estilo, Marie Laurencin mostró no sólo la belleza femenina, sino también su capacidad para ser felices sin las imposiciones machistas.
Artemisia Gentileschi convirtió el dolor de su traumática experiencia personal en obras que revolucionaron la manera de representar a las mujeres en el arte.
Mientras unos elogiaban el talento excepcional de Artemisia Gentileschi, a otros les costaba aceptar que una mujer manejara el pincel con tanta libertad.
“Mimí Bacardí fue una mujer culta pero determinada que cuestionó el mundo y su propia obra, en una búsqueda constante de la excelencia.”