La fuerza de sus imágenes, su radical honestidad y esa mezcla de rebeldía y dolor que distingue su obra, hicieron de Sylvia Plath una escritora extraordinaria.
Los cuentos de Isak Dinesen, que cuestionaban con rara elegancia las normas morales de su tiempo, hicieron de ella un modelo para muchos autores posteriores.
Escrita en el caos de una existencia que ella llama “oceánica”, la poesía de Ares Marrero puede ser directa y fuerte, o una meditación sobre la identidad y el exilio.
Mercedes de Acosta aceptó el costo de ser visible en un mundo que castigaba esa visibilidad, y aun así dejó huellas que hoy siguen hablando.
Silvina Ocampo es una de las voces más singulares y disruptivas de la literatura argentina del siglo XX y una maestra del relato fantástico.
Reconocida como una voz esencial de la poesía moderna, Marina Tsvietáeva es una de las autoras más notables de la literatura rusa del siglo XX.
La obra de Adelheid Duvanel, casi desconocida durante su vida, despierta hoy un interés creciente entre los jóvenes artistas y escritores europeos.
Ida Gramcko es una de las voces más auténticas de la literatura venezolana, con una obra que transita desde el lirismo íntimo hasta la ruptura de las normas.
Con un estilo único, Ilse Aichinger combinó en sus relatos el escepticismo más radical con una esperanza lúcida y una aguda observación de la realidad.
La poesía de Luisa Pérez de Zambrana fue mucho más allá de la elegía y el intimismo, para reflejar el paisaje cultural de su país a fines del siglo XIX.