Muere la poeta Georgina Herrera: la sobreviviente, la fuerte, la solitaria

La poeta afrofeminista y periodista cubana falleció a la edad de 85 años de coronavirus en un hospital de La Habana.

La poeta cubana Georgina Herrera (1936- 2021)

Negra, feminista, periodista precoz, la poeta Georgina Herrera, o como la llamaban los amigos, Yoya, falleció ayer a la edad de 85 años luego de luchar durante días contra el coronavirus en un hospital habanero.

“Georgina Herrera, alma bella y poetisa grande de nuestras letras, se encuentra en un estado de salud muy grave”, había advertido días atrás el profesor y especialista en temas afrocubanos Mario Santana. Sin embargo la víspera no dejó de sorprendernos la noticia de su muerte, anunciada en las redes por su coterránea, la filóloga Mabel Cuesta, que la despidió con estas palabras: “Llenará el espacio de luz. Ve en paz, poeta”.

Herrera nació proféticamente en Jovellanos, Matanzas, un 23 de abril de 1936, día de las letras hispanas y en una provincia cubana donde la tradición literaria es bien rica. Quizás por esto empezó a escribir desde muy joven y pasados los 20 años, ya instalada en La Habana, la escritura se le desbordó hasta salir en las ondas de radio de una emisora popular y en algunos guiones para la televisión y el cine.

“Más de una persona, que sabe de mi vocación de cimarrona, ha sonreído con burlona ironía diciéndome que debí haber nacido el día de un idioma africano y, sin ironías, he respondido que es el día del idioma de los racistas, para decirles en el idioma de sus ancestros, lo que pienso que deben oír, sin traducciones, para que se entienda bien lo que tarde o temprano les va a caer encima, más tarde o más temprano. En fin de cuentas, lo que tenía que saber, amar y perpetuar de África lo aprendí ya”, había declarado al cumplir sus 84 años en Negra cubana tenía que ser.

Pero mejor sería escucharla en sus versos, que vieron la luz por vez primera en 1962, cuando publicó su antología de poemas GH con el grupo El Puente:

Yo soy la fugitiva

soy la que abrió las puertas

de la casa-vivienda

y “cogió el monte”.

No hay trampas en las que caiga.

Tiro piedras, rompo cabezas.

Oigo quejidos y maldiciones.

Río furiosamente

Y en las noches

bebo el agua de los curujeyes,

porque en ellos

puso la luna,

para mí sola,

toda la gloria de su luz.

(De “Elogio grande para mí misma”)

El grupo artístico, marginal como todo lo independiente en Cuba e integrado por intelectuales como José Mario, Nancy Morejón, Ana María Simo y Lilliam Moro Núñez, muy pronto comenzó a tener problemas con el oficialismo y sus miembros seguirían distintos derroteros en el ámbito cultural de la isla. Georgina, voz insobornable en lo que respecta a la lucha antirracial y el feminismo, decidió permanecer en Cuba mientras su poesía —recogida en libros como Granos de sol y luna, Gritos, Gustadas sensaciones, Gatos y liebres y África —era traducida y presentada en universidades de Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y Canadá.

En cuanto a los premios y distinciones, a la poeta afrocubana le tocaron en vida la Distinción por la Cultura Nacional, el Diva de la Radio y Micrófono de la Radio y la Distinción Honorífica de la Cátedra Nelson Mandela del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, entre otros. Nunca, a pesar de merecerlo, le otorgaron el Premio Nacional de Literatura, lo que ha causado el desconcierto de investigadores y periodistas como Sandra Abd’Allah-Álvarez Ramírez, que ven en ello “un ejemplo más de la lucha de cada día de las mujeres negras contra los variados rostros que asume el racismo en Cuba”.

“La pregunta que me hago, hace unos cuantos años, es ¿por qué a Yoya no se le ha otorgado el Premio Nacional de Literatura? Cada año llegada la fecha la ansiedad me colma, hasta que se publican los nombres de las personas premiadas y entonces me desinflo. No es que crea que no se lo merecen sino, sencillamente, considero que Yoya también y en algunos casos más que. Y consultando la lista, una vez más, confirmo que, decididamente Georgina hace mucho tiempo que merece ser parte de ella”, escribió Abd’Allah-Álvarez Ramírez en un artículo sobre Herrera.

Yoya entonces respondería, con su “pobreza ancestral”, consoladora:

Soy

la sobreviviente,

la que está aquí,

la fuerte.

Solitaria.

(De “La pobreza ancestral”)

Sus historias de vida habían sido recopiladas en Golpeando la memoria: Testimonio de una poeta cubana afrodescendiente (Ediciones Unión, 2005) y no obstante nos parece imposible que ese testimonio haya llegado a su fin terrenal, para quedar en la memoria que su muerte golpea en los amigos.

“Georgina, piedra marina, despido tu estrella, sabiendo que será errante. Tu cuerpo dará un hervor divino de luces y también sombra de otros cuerpos amante. Te encontraremos y reharemos tu poesía. Ve tranquila. Arde”, posteó un consternado Santana tras la noticia de su adiós.

“Gracias Georgina Herrera, cimarrona poeta, por tus enseñanzas, por la belleza y autenticidad de tu poesía. Recibiste el más perdurable de los premios, el de tus lectores. Nadie que te ha leído ha permanecido impasible. Cuba sin ti, está más triste, más sola. Que tu viaje te sea leve”, dijo por su parte la poeta y feminista Ileana Álvarez González.

Estos golpes de memoria, poéticos como los del tam tam africano que acompaña los orikis, alabanzas a la divinidad, escuchamos también, ahora, cuando recordamos sus versos de “negra vieja de antes”, orgullosa de su raza y de su condición de mujer, y de un mundo interior que continúa cantando:

En los velorios

o a la hora en que el sueño era ese manto

que tapaba los ojos

ellas eran como libros fabulosos abiertos

en doradas páginas.

Las negras viejas, picos

de misteriosos pájaros,

contando como en cantos lo que antes

había llegado a sus oídos,

éramos, sin saberlo, dueñas

de toda la verdad oculta

en lo más profundo de la tierra.

(De “Oriki para las negras viejas de antes”)