Referentes │ Nadia Murad: “La justicia es la única vía para lograr la paz”

En su discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz 2018, Nadia Murad habla del genocidio y la explotación de las mujeres yazidíes, y su lucha por la justicia.

Nadia Murad, Premio Nobel de la Paz 2018.
Nadia Murad, Premio Nobel de la Paz 2018.

Nadia Murad tenía diecinueve años y vivía en la aldea de Kojo, en la región iraquí de Sinjar, cuando en agosto de 2014 el ISIS ocupó su pueblo. Los terroristas asesinaron a todos los hombres y a las mujeres mayores de 45 años. En la masacre murieron la madre y seis hermanos de Nadia. A ella y al resto de las jóvenes las dejaron vivir, pero se las llevaron a la ciudad de Mosul como esclavas sexuales. Durante tres meses Nadia fue tratada como un objeto: vendida, violada y golpeada brutalmente, hasta que logró escapar. “Mucha gente muere solo una vez, pero nosotras moríamos cada hora”, contó ella en una entrevista con la BBC en 2016.
En 2017, Nadia Murad publicó sus memorias bajo el título Yo seré la última: Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado islámico, y en 2018 recibió el premio Nobel de la Paz por “arriesgar su propia seguridad para combatir con coraje crímenes de guerra y buscar la justicia para las víctimas”. En su discurso de aceptación del Nobel, habla no solo del genocidio contra la comunidad yazidí a la que pertenece, sino también de todas las víctimas del terrorismo y la violencia, en especial las mujeres, y de la necesidad de luchar contra la injusticia y la opresión.

ISIS y el genocidio contra la comunidad yazidí

Majestades, Altezas Reales, Excelencias, Distinguidos Miembros del Comité, Señoras y Señores, les envío un cálido saludo.

Quisiera agradecer al Comité Nobel por otorgarme este reconocimiento. Es un gran honor haber recibido este valioso premio junto con mi amigo, el Dr. Denis Mukwege, quien ha trabajado incansablemente para ayudar a las víctimas de violencia sexual y ser la voz de las mujeres que han sido víctimas de violencia.

Quiero hablarles desde lo más profundo de mi corazón y compartir con ustedes cómo el curso de mi vida y la vida de toda la comunidad yazidí ha cambiado debido a este genocidio, y cómo ISIS intentó erradicar uno de los componentes de Irak tomando mujeres en cautiverio, matando hombres y destruyendo nuestros lugares de peregrinación y casas de culto.

Hoy es un día especial para mí. Es el día en que el bien triunfó sobre el mal, el día en que la humanidad derrotó al terrorismo, el día en que los niños y las mujeres que han sufrido persecución han triunfado sobre los perpetradores de estos crímenes.

Espero que hoy se inicie una nueva era, cuando la paz sea la prioridad y el mundo pueda empezar a definir colectivamente una nueva hoja de ruta para proteger a las mujeres, los niños y las minorías de la persecución, en particular a las víctimas de violencia sexual.

Viví mi infancia como una niña de pueblo en Kojo, al sur de la región de Sinjar. No sabía nada del Premio Nobel de la Paz. Desconocía por completo los conflictos y asesinatos que ocurren en nuestro mundo a diario. No sabía que los seres humanos pudieran perpetrar crímenes tan atroces unos contra otros.

De niña, soñaba con terminar la secundaria. Mi sueño era tener un salón de belleza en nuestro pueblo y vivir cerca de mi familia en Sinjar. Pero este sueño se convirtió en una pesadilla. Sucedieron cosas inesperadas. Se produjo un genocidio. Como consecuencia, perdí a mi madre, a seis de mis hermanos y a los hijos de mis hermanos. Todas las familias yazidíes tienen una historia similar, una más horrible que la otra debido a este genocidio.

Sí, nuestras vidas han cambiado de la noche a la mañana, de una forma que apenas podemos comprender. Cada familia yazidí cuenta con miembros separados. El tejido social de una comunidad pacífica se ha desgarrado; toda una sociedad que enarbolaba la bandera de la paz y la cultura de la tolerancia se ha convertido en combustible para una guerra inútil.

A lo largo de nuestra historia, hemos sido objeto de numerosas campañas de genocidio debido a nuestras creencias y religión. Como resultado de estos genocidios, solo quedan unos pocos yazidíes en Turquía. En Siria, había unos 80 mil yazidíes; hoy solo quedan 5000. En Irak, los yazidíes corren el mismo destino; su número está disminuyendo de prisa. El objetivo de ISIS de erradicar esta religión se logrará a menos que se les brinde la protección adecuada. Esto también ocurre con otras minorías en Irak y Siria.

Tras el fracaso de los gobiernos de Irak y Kurdistán en protegernos, la comunidad internacional tampoco logró salvarnos del ISIS ni evitar el genocidio contra nosotros. Permanecieron impasible ante la aniquilación de toda una comunidad. Nuestros hogares, nuestras familias, nuestras tradiciones, nuestra gente, nuestros sueños, todo fue destruido.

Tras el genocidio, recibimos la solidaridad internacional y local, y muchos países reconocieron el genocidio, pero este no cesó. La amenaza de aniquilación aún persiste.

La difícil situación de los yazidíes en las cárceles de ISIS no ha cambiado. No han podido salir de los campos; nada de lo que ISIS destruyó se ha reconstruido. Hasta ahora, los autores de los crímenes que llevaron a este genocidio no han sido presentados ante la justicia. No busco compasión; quiero traducir esos sentimientos en acciones sobre el terreno.

Si la comunidad internacional se toma en serio la asistencia a las víctimas del genocidio, y si queremos que los yazidíes abandonen los campos de desplazados y regresen a sus zonas, y recuperen la confianza, entonces la comunidad internacional debería brindarles protección bajo la supervisión de las Naciones Unidas. Sin esta protección no hay garantía de que no seamos víctimas de otros genocidios perpetrados por otros grupos terroristas. La comunidad internacional debe comprometerse a brindar asilo y oportunidades de inmigración a quienes han sido víctimas.

Justicia y protección

Hoy es un día especial para todos los iraquíes, no solo por ser yo la primera persona iraquí en ganar el Premio Nobel de la Paz. También es el día en que celebramos la liberación del territorio iraquí de la organización terrorista ISIS. Los iraquíes, de norte a sur, unieron fuerzas y libraron una larga batalla en nombre del mundo contra esta organización terrorista extremista.

La unidad nos fortaleció. También debemos aunar esfuerzos para investigar los crímenes del ISIS y enjuiciar a quienes los acogieron, los ayudaron y se unieron a ellos para controlar vastas zonas de Irak. No debe haber cabida para el terrorismo ni para las ideas extremistas en el Irak posterior al ISIS; debemos unir fuerzas para construir nuestro país; debemos contribuir a lograr la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en beneficio de todos los iraquíes.

Debemos recordar a diario cómo la organización terrorista ISIS y quienes transmiten sus ideas atacaron a los yazidíes con una brutalidad sin precedentes en 2014, con el objetivo de acabar con la existencia de uno de los componentes originales de la sociedad iraquí. Cometieron este genocidio por la única razón de que somos yazidíes, con creencias y costumbres diferentes, y que nos oponemos a matarnos, mantener a las personas en cautiverio o esclavizarlas.

En el siglo XXI, en la era de la globalización y los derechos humanos, más de 6500 niños y mujeres yazidíes fueron capturados, vendidos, comprados y abusados sexual y psicológicamente. A pesar de nuestros llamados diarios desde 2014, aún se desconoce el destino de más de 3000 niños y mujeres en las garras del ISIS. Niñas en la flor de la vida son vendidas, compradas, esclavizadas y violadas a diario. Es inconcebible que la conciencia de los líderes de 195 países no se movilice para liberar a estas niñas. ¿Y si se tratara de un acuerdo comercial, un yacimiento petrolífero o un cargamento de armas? Sin duda, entonces no se escatimarían esfuerzos.

Cada día escucho historias trágicas. Cientos de miles, incluso millones de niños y mujeres en todo el mundo sufren persecución y violencia. Cada día escucho los gritos de niños en Siria, Irak y Yemen. Cada día vemos a cientos de mujeres y niños en África y otros países convertirse en blanco de asesinatos que alimentan guerras, sin que nadie intervenga para ayudarlos ni para exigir responsabilidades a quienes cometen esos crímenes.

Durante casi cuatro años he viajado por el mundo para contar mi historia, la de mi comunidad y la de otras comunidades vulnerables, sin haber logrado justicia. Los autores de violencia sexual contra la población yazidí y otras mujeres y niñas aún no han sido procesados por estos crímenes. Si no se hace justicia, este genocidio se repetirá contra nosotras y otras comunidades vulnerables. La justicia es la única vía para lograr la paz y la coexistencia entre los diversos componentes de Irak. Si no queremos que se repitan los casos de violación y cautiverio contra las mujeres, debemos exigir responsabilidades a quienes han utilizado la violencia sexual como arma para cometer crímenes contra ellas.

Muchas gracias por este honor, pero lo cierto es que el único premio en el mundo que puede restaurar nuestra dignidad es la justicia y el enjuiciamiento de los criminales. No hay premio que pueda compensar a nuestro pueblo y a nuestros seres queridos que fueron asesinados solo por ser yazidíes. El único premio que restaurará la normalidad entre nuestro pueblo y nuestros amigos es la justicia y la protección para el resto de esta comunidad.

Nuestro derecho a existir

Celebramos estos días el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo objetivo es prevenir los genocidios y exigir el enjuiciamiento de sus autores. Mi comunidad ha sido víctima de genocidio durante más de cuatro años. La comunidad internacional no hizo nada para disuadirlo ni detenerlo. No llevó a los responsables ante la justicia. Otras comunidades vulnerables han sido víctimas de limpieza étnica, racismo y cambio de identidad a plena vista de la comunidad internacional.

La protección de los yazidíes y de todas las comunidades vulnerables del mundo es responsabilidad de la comunidad internacional y de las instituciones internacionales encargadas de la defensa de los derechos humanos, la protección de las minorías, la protección de los derechos de las mujeres y los niños, especialmente en zonas donde tienen lugar conflictos y guerras internas.

Tuve el privilegio de participar en la Conferencia de Paz de París. Esta conferencia celebró el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial. Pero ¿cuántos genocidios y guerras han ocurrido desde el fin de la Primera Guerra Mundial? Las víctimas de las guerras, en particular las internas, son innumerables. El mundo condenó estas guerras y reconoció estos genocidios. Sin embargo, no logró poner fin a los actos de guerra ni evitar que se repitan.

Es cierto que en el mundo hay numerosos conflictos y problemas, pero también hay muchas iniciativas para apoyar a las víctimas y se realizan enormes esfuerzos para lograr justicia.

Sin la iniciativa del gobierno de Baden-Württemberg y el Sr. Kretschmann, y su apoyo, no habría podido disfrutar hoy de mi libertad, denunciar los crímenes del ISIS y decir la verdad sobre el sufrimiento de los yazidíes. Considero que todas las víctimas merecen un refugio seguro hasta que se haga justicia.

La educación desempeña un papel esencial en el desarrollo de sociedades civilizadas que creen en la tolerancia y la paz. Por lo tanto, debemos invertir en nuestros niños, porque a ellos, como a una pizarra en blanco, se les puede enseñar tolerancia y convivencia en lugar de odio y sectarismo. Las mujeres también deben ser clave para resolver muchos problemas y participar en la construcción de una paz duradera entre las comunidades. Con la voz y la participación de las mujeres, podemos lograr cambios fundamentales en nuestras comunidades.

Estoy orgullosa de los yazidíes, por su fuerza y paciencia. Nuestra comunidad ha sido atacada y amenazada muchas veces, pero seguimos luchando por nuestro derecho a existir. La comunidad yazidí encarna la paz y la tolerancia y debe ser considerada un ejemplo para el mundo.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para expresar mi agradecimiento a las personas que defendieron y llevaron mi mensaje desde el primer día, en particular a mi equipo, que estuvo a mi lado día tras día.

Agradezco a todos los gobiernos que reconocieron el genocidio yazidí y a los que brindaron apoyo a las comunidades vulnerables. Gracias a Canadá y Australia por acoger a las víctimas. Agradezco a Francia y al presidente Macron su apoyo humanitario a nuestra causa. Agradezco al pueblo del Kurdistán iraquí por su apoyo durante los últimos cuatro años a las personas desplazadas internamente. Agradezco al Emir de Kuwait y al gobierno de Noruega por organizar la Conferencia para la Reconstrucción de Irak. Agradezco a mi amiga Amal Clooney y a su equipo por su ingente esfuerzo para exigir responsabilidades a ISIS. Agradezco a Grecia su apoyo incondicional a los refugiados.

Unámonos todos para luchar contra la injusticia y la opresión; alcemos juntos nuestras voces y digamos: No a la violencia, sí a la paz; no a la esclavitud, sí a la libertad; no a la discriminación racial, sí a la igualdad y a los derechos humanos para todos.

No a la explotación de mujeres y niños, sí a brindarles una vida digna e independiente; no a la impunidad de los criminales, sí a que los criminales rindan cuentas y a lograr justicia.

Gracias por su hospitalidad y amable atención. Que todos vivan en paz.

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