El régimen cubano se aferra a GAESA mientras el país se hunde

Tras décadas de un control absoluto y desastroso sobre el país, el régimen cubano es incapaz de emprender las reformas necesarias para evitar el colapso.

| Observatorio | 03/06/2026
La Habana

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, compareció el martes 2 de junio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para defender el presupuesto del Departamento de Estado para el año fiscal 2027, y aprovechó la ocasión para dar su diagnóstico sobre Cuba: el país no puede reformarse mientras las mismas personas sigan al mando, explicó, refiriéndose tanto a las estructuras de gobierno como al complejo empresarial militar GAESA.

A solo tres días de concluir el plazo fijado por Washington para que las empresas extranjeras cierren sus vínculos con GAESA, la declaración de Rubio mantiene la presión sobre La Habana, exigiendo un cambio de régimen: “La pregunta es: ¿es posible que logren reformarse dadas las personas que actualmente están al mando, tanto de GAESA como del propio Gobierno? Y creo que la respuesta es que no pueden”, dijo Rubio, y acusó nuevamente al régimen de la isla de patrocinar el terrorismo y de albergar instalaciones de inteligencia de China y Rusia.

En marzo, ya Rubio había señalado, desde París, que “la economía de Cuba necesita cambiar, y no puede cambiar a menos que cambie su sistema de gobierno”. Y el 20 de mayo, en el aniversario de la instauración de la República de Cuba, propuso una “nueva relación” entre ambos países, pero sin la intermediación del régimen. En aquel momento, Rubio describió a GAESA como “un Estado dentro del Estado, que no rinde cuentas a nadie y acapara las ganancias de sus negocios para beneficio de una pequeña élite”. Ahora, ante el Senado, reiteró: “Realmente no creo que este sistema sea capaz de reformarse a sí mismo a menos que nuevas personas asuman el control”.

GAESA en el centro de la crisis

Raúl Castro Ruz durante su período como Presidente.
Raúl Castro Ruz durante su período como Presidente.

Desde que Trump firmara su orden ejecutiva del 1 de mayo, y la Oficina de Control de Activos Extranjeros impusiera sanciones específicas contra GAESA, fijando el 5 de junio como plazo límite para que las compañías e instituciones financieras extranjeras liquidaran sus operaciones vinculadas al conglomerado militar cubano, la crisis de la isla se ha agudizado deprisa: Sherritt, la canadiense que operaba en minería y energía, abandonó el país tras 35 años; varias aerolíneas ajustaron o cancelaron sus vuelos, y las principales cadenas hoteleras internacionales anunciaron el cese de sus operaciones.

Frente a este éxodo, el régimen cubano reaccionó el propio 2 de junio con un comunicado publicado en el diario oficial Granma. El texto afirma que GAESA “no es una estructura opaca, ni paralela al Estado cubano”, sino “una respuesta articulada de probada eficiencia frente al cerco económico”. Esa proclamada transparencia se desvanece ante las evidencias dadas por el propio régimen: en mayo de 2024, la entonces contralora de la República, Gladys Bejerano, admitía ante la agencia EFE que GAESA no estaba bajo la supervisión del órgano estatal que ella dirigía y que no podía ser auditado. El régimen sustituyó a la contralora dos meses después.

Por otra parte, las recientes advertencias del Food Monitor Program sobre la responsabilidad de GAESA en la crisis alimentaria que enfrenta hoy Cuba confirman los análisis sobre el papel que juega ese conglomerado en la economía de la isla.

El comunicado de Granma es, en el fondo, un intento desesperado de frenar el éxodo en las horas previas al vencimiento del plazo establecido por la OFAC, pero no logra convencer a quienes ya han decidido marcharse. Y las palabras de Rubio ratifican que Washington no tiene intenciones de ceder. El secretario de Estado señaló que la crisis en Cuba es muy anterior a la administración Trump y que “lo que ha cambiado es que ya no reciben petróleo gratuito de Venezuela”.

Cuba enfrenta a inicios de junio su momento de mayor fragilidad desde la caída del bloque soviético: sin socios comerciales externos de peso, con apagones que ya superan las 20 horas diarias y con un régimen fosilizado en el poder, los cubanos saben que el tiempo se acaba y que, como advierte Rubio, tras más de sesenta años de un control absoluto y desastroso sobre la economía y la sociedad, quienes gobiernan en la isla no son capaces de emprender las reformas necesarias para evitar el colapso.

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