El libro de Gisèle Pelicot: memoria, violencia y reconstrucción tras el juicio que conmovió a Francia

"Un himno a la vida", publicado en 22 idiomas, reconstruye el abuso sufrido durante casi una década y la decisión de convertir el juicio en un acto público de dignidad.

Gisèle Pelicot


“Quiero que este proceso sea público para que la vergüenza cambie de bando”. Con estas palabras, la francesa Gisèle Pelicot explicó al mundo por qué había tomado una de las decisiones más valientes —y más inusuales— que puede tomar una víctima de violencia sexual: renunciar al anonimato y abrir las puertas del juicio a los medios de comunicación y a la sociedad. Durante una década, su marido la había drogado y permitido que al menos cincuenta hombres desconocidos abusaran de ella mientras permanecía inconsciente. El macrojuicio que siguió a ese descubrimiento no solo transformó la vida de Gisèle por completo, sino que, sin que ella lo buscara, la convirtió en símbolo de algo mucho más grande que su historia personal.

Ahora, su testimonio vuelve con Un himno a la vida, el libro que Gisèle Pelicot ha escrito junto a la periodista Judith Perrignon, y que ha sido publicado de forma simultánea en 22 idiomas con una primera tirada de 150.000 ejemplares en Francia.

El día en que todo se detuvo

Durante décadas, Gisèle Pelicot llevó una existencia que consideraba ordinaria. Había construido una familia, compartido una vida con su marido y acumulado esas pequeñas certezas que dan forma a lo cotidiano. Los síntomas que la habían acompañado durante años —confusión, lagunas de memoria, malestar físico— los había achacado al cansancio o a problemas de salud. Llegó incluso a temer que moriría de un tumor cerebral, como le había ocurrido a su madre.

Llegó incluso a temer que moriría de un tumor cerebral, como le había ocurrido a su madre.

Todo cambió el 2 de noviembre de 2020, cuando la policía le mostró las imágenes que documentaban lo que había estado ocurriendo en su propia casa. Dominique Pelicot había archivado y organizado meticulosamente fotos y vídeos de cientos de violaciones. Gisèle escribe en el libro: “Mi cerebro se detuvo”. Y en declaraciones posteriores lo describió así:

“Cuando me enseña las fotos, yo aún no me doy cuenta de lo que está sucediendo. Creo que mi cerebro hace una disociación, es como si pusiera el corazón en pausa”.

Esa noche, cuando volvió sola a casa desde la comisaría donde su marido había quedado detenido, pronunció por primera vez la palabra que lo nombraba todo. Cuando llegó su amiga Sylvie y se sentaron en el sofá del salón, Gisèle dijo: “Dominique me ha violado y ha hecho que me violen 50 hombres”.

A partir de ese instante, el pasado entero se desmoronó. Cada recuerdo cotidiano se convirtió en una pregunta. Cada gesto del pasado, en una sospecha.

Un himno a la vida: páginas que iluminan la oscuridad

El libro no es únicamente el relato de una tragedia. Sus páginas recorren un camino doloroso que comienza con la ruptura de una vida aparentemente tranquila y termina con una afirmación profunda de dignidad y esperanza. Porque a través de su historia, que Gisèle ha querido contar ella misma, también descubrimos a la niña que pierde a su madre con apenas nueve años, a la adolescente que ama profundamente a su padre pero desea vivir su propia vida, a la joven locamente enamorada de un Dominique joven y atractivo, a la madre, a la abuela. Una vida entera que el libro restituye con honestidad y sin artificios.

Portada del libro “Un himno a la vida” de Gisèle Pelicot.

Como ella misma relata en sus páginas:

“Ya no temía las miradas, no temía que se supiera. La vergüenza debe cambiar de bando. Estas palabras, que llevaban más de diez años acompañando a las mujeres víctimas de violación y violencia, y que había oído, se instalaron en mi mente como un estribillo, como si de repente pequeñas cuchillas afilaran mis pensamientos. Todo el mundo tenía que ver a los cincuenta y un violadores.”

Como ella misma relata en sus páginas: “Ya no temía las miradas, no temía que se supiera. La vergüenza debe cambiar de bando.”

La ensayista Camille Froidevaux-Metterie reflexiona al respecto en un artículo publicado en Libération:

“No nos engañemos, la alegría es un horizonte en el que pocas víctimas consiguen proyectarse. Los fallos y las insuficiencias de la justicia penal las condenan a buscar reparación por sí mismas, acompañadas únicamente por militantes y asociaciones feministas que, casi sin recursos, intentan suplir las carencias de un sistema indiferente a sus tormentos”.

La decisión de salir a la luz

Fue en mayo de 2024, mientras paseaba por la playa junto a su nuevo hogar en Île de Ré, cuando Gisèle tomó la decisión que lo cambiaría todo. Visualizó la escena que le esperaba: al otro lado de la sala, los 50 acusados identificados, su ejército de 45 abogados y su aún marido con el suyo. Frente a ellos, sus dos letrados y ella misma, una mujer menuda de 71 años. Comprendió que, en esa inferioridad numérica, volvería a convertirse en presa. Y tuvo, según relató, “la sensación física de que necesitaba al resto del mundo”. También pensó que si renunciaba al juicio público y no ayudaba con ello a otras mujeres a sentirse menos solas, se “arrepentiría toda la vida”.

Gisèle Pélicot llegando al juicio.
Gisèle Pélicot llegando al juicio. Foto: AFP

El proceso judicial no fue un camino recto ni fácil. Alrededor de 70 hombres habían respondido al anuncio que Dominique Pelicot publicó en internet para reclutar a desconocidos. Habitualmente este añadía a la comida o copa de vino de Gisèle un cóctel de pastillas para dormir y ansiolíticos que la sumían en un estado comatoso; más adelante se supo que esas dosis pusieron en peligro su vida. Cincuenta de esos hombres fueron finalmente sentenciados a penas de entre 3 y 15 años de prisión. Dominique cumplirá 20.

Pero el camino hasta esa sentencia estuvo lleno de momentos brutales para ella. Gisèle fue cuestionada, calificada y humillada dentro de la propia sala. Ella misma lo narró así: “A pesar de todas las pruebas que hemos recopilado, con todos los vídeos que certifican la verdad, tuve que vivir momentos humillantes, en los que se me trató de cómplice, de persona que había consentido, de sospechosa, de exhibicionista… todos esos calificativos que lo que pretendían era humillar a la víctima.”

Renacer desde las ruinas

A pesar de todo —del descubrimiento, del juicio, de la humillación dentro del propio tribunal—, Gisèle Pelicot comenzó un proceso de reconstrucción personal. Lo describe en el libro como una lenta tarea de recomposición interior, casi como si hubiera tenido que volver a aprender quién era. En un momento de sus páginas escribe que tuvo que reconstruirse “a partir de las ruinas”. Por sus hijos, por sus nietos, por ella misma y por su amor irreductible a la vida.

El resultado es un libro que su editorial define como un “digno reflejo de la mujer que parece ser: digna y sencilla, que no pide ni compasión ni admiración”. Y que tiene el mérito añadido de dar la palabra a alguien que, hasta ahora, había dicho muy poco, y que ha adquirido el estatus de icono mundial sin haberlo buscado en ningún momento. Gisèle Pelicot quiere transmitir “un mensaje de esperanza para que llegue a todas las mujeres que sufren violencia machista o violencia sexual”. Se dirige a las víctimas para que no pierdan nunca la confianza en ellas mismas y mantengan esa pequeña parte de alegría de vivir.

Sobre el resultado judicial, fue tajante en declaraciones al periódico El Mundo: “Mucha gente lamenta que las condenas no estén a la altura de los actos que cometieron. Para mí, lo importante es que todos están presos. Mi victoria es que a mí se me ha reconocido como víctima y a ellos, como culpables. Lo contrario hubiera sido muy complicado para mí, pero también para todas las mujeres”.

▶ Vuela con nosotras

Nuestro proyecto, incluyendo el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), y contenidos como este, son el resultado del esfuerzo de muchas personas. Trabajamos de manera independiente en la búsqueda de la verdad, por la igualdad y la justicia social, por la denuncia y la prevención contra toda forma de violencia de género y otras opresiones. Todos nuestros contenidos son de acceso libre y gratuito en Internet. Necesitamos apoyo para poder continuar. Ayúdanos a mantener el vuelo, colabora con una pequeña donación haciendo clic aquí.

(Para cualquier propuesta, sugerencia u otro tipo de colaboración, escríbenos a: contacto@alastensas.com)