Una voz que no cesa: Cuba, nación y poesía

En Cuba, donde el trópico no distingue estaciones, la poesía ha hallado siempre, aún en los momentos más amargos de su historia, suelo fértil para crecer.

Clemens Bewer: "Musa con una lira" (1867), detalle.
Clemens Bewer: "Musa con una lira" (1867), detalle.

¡Verso, nos hablan de un Dios
Adonde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
José Martí

En 1999 la UNESCO eligió el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía. Fue un gesto cargado de simbolismo, pues así como la primavera renueva la tierra, la poesía renueva el espíritu humano. La celebración busca reconocer la creación poética como patrimonio vivo de la humanidad, fomentar el diálogo entre culturas y defender la diversidad lingüística en un mundo que, con demasiada frecuencia, tiende a la uniformidad.

Para Cuba, esta fecha tiene un significado particular. La tradición poética cubana nunca fue un juego retórico con que adornar las páginas de álbumes y diarios, ni galantería vana, ni solo un canto a la belleza natural de la isla, sino también indagación agónica en sus sombras más profundas y en sus más tenaces esperanzas, sembrándose así en el origen mismo de nuestra identidad como nación: ha sido a un tiempo espejo, himno, confesión y profecía.

Desde que a inicios del siglo XIX poetas como Zequeira y Domingo del Monte empezaron a trazar los contornos de una sensibilidad criolla que se distinguía de la española, y desde que Heredia lanzó el primer grito romántico de América, la poesía cubana es ―sin dejar de ser universal― una oda a lo que somos o aspiramos a ser los cubanos. Su dolor del exilio, su nostalgia de la patria imposible y su anhelo irrenunciable de libertad resuenan aún en nuestros días con la misma potencia que entonces.

A fines de aquel siglo, José Martí, precursor del modernismo hispanoamericano, fundió de manera inseparable en sus versos y en su propia vida la ética y la estética, la belleza y el deber, convirtiéndose en guía moral e intelectual para una República que aún luchaba por nacer.

Las voces que el canon tardó en escuchar

Sin embargo, la historia de Cuba y de su poesía no pueden contarse sin reparar en una deuda todavía pendiente: la de sus mujeres poetas, que fueron y siguen siendo con mucha frecuencia relegadas a un segundo plano.

Gertrudis Gómez de Avellaneda es, en este sentido, una autora excepcional. Nacida en Camagüey, en 1814, desafió los límites que la sociedad de su tiempo imponía a las mujeres y, frente a los prejuicios, nos legó una obra —apasionada, lúcida, espiritualmente inquieta— que la sitúa a la altura de los grandes románticos de la lengua española.

Luisa Pérez de Zambrana representa otra dimensión del genio poético insular. En textos imprescindibles como “Adiós a Cuba”, “En la bahía” y “La vuelta al bosque”, retrató como pocos el paisaje cultural de su época; y, tras la muerte de sus hijos y de su esposo, hizo de su desgarramiento como mujer y madre un testimonio que trasciende lo personal para mostrar la hondura y universalidad del dolor humano.

En el siglo XX, la voz íntima de Dulce María Loynaz exploró los abismos de la soledad, el amor y el paso del tiempo. Reconocida en 1992 con el Premio Cervantes, la Loynaz dejó obras emblemáticas para las letras cubanas como Poemas sin nombre (1953), Últimos días de una casa (1958) y la novela Jardín (1951).

En el mismo siglo, como un denso tejido donde se imbrican la fe, la memoria y la contemplación, la obra de otra gran poeta, Fina García Marruz, descubrió en los detalles más humildes de lo cotidiano los signos de algo que es a la vez sagrado e inasible. Salvando del olvido instantes, rostros, luces, Fina extrajo de lo fugaz y lo sutil la materia con que construyó una de las obras más originales de la literatura hispanoamericana contemporánea.

Celebración y compromiso

Extensa sería, y siempre incompleta, la lista de voces que desde la isla y sus diásporas han ensanchado los cauces de la poesía cubana. Pero el Día Mundial de la Poesía no es solo una fecha para recordar autores y obras. Es también un llamado a reconocer que la poesía cumple funciones que ningún otro lenguaje puede suplir: nombra lo innombrable, da forma al dolor, celebra la alegría, sostiene la esperanza y preserva la memoria de los pueblos en su devenir.

Celebrar hoy la poesía cubana es advertir que una nación no se levanta solo con batallas y leyes, sino también con palabras y misterios. Este 21 de marzo la primavera llega al hemisferio norte. En Cuba, donde el trópico no distingue estaciones y la poesía —aún en los momentos más duros— ha hallado siempre suelo fértil para arraigar, se vive la que quizás sea la etapa más amarga de su historia.

Entre el dolor de las familias separadas por la tiranía y la pobreza, desde la oscuridad y el desaliento, pero también desde un amor irrenunciable por la libertad y la cultura, vale la pena recordar aquel poema de Martí donde, hablándole a la poesía, dijo: “O nos condenan juntos, o nos salvamos los dos”. El reconocimiento de ese vínculo marcó su destino y, con él, a la cultura cubana toda. Por eso la poesía sigue siendo hoy, para muchos dentro y fuera de la isla, luz y alimento, raíz, camino y meta.

▶ Vuela con nosotras

Nuestro proyecto, incluyendo el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), y contenidos como este, son el resultado del esfuerzo de muchas personas. Trabajamos de manera independiente en la búsqueda de la verdad, por la igualdad y la justicia social, por la denuncia y la prevención contra toda forma de violencia de género y otras opresiones. Todos nuestros contenidos son de acceso libre y gratuito en Internet. Necesitamos apoyo para poder continuar. Ayúdanos a mantener el vuelo, colabora con una pequeña donación haciendo clic aquí.

(Para cualquier propuesta, sugerencia u otro tipo de colaboración, escríbenos a: contacto@alastensas.com)