Ironía, dramatismo y verdad en la obra del artista cubano Franklin Álvarez

Voz imprescindible del arte cubano contemporáneo, Franklin Álvarez ha mostrado con su mirada penetrante las zonas de silencio de la historia insular.

| Ensayo | Opinión | 26/03/2026
Franklin Álvarez: "Se permuta" (1998).
Franklin Álvarez: "Se permuta" (1998).

Franklin Álvarez (Camagüey, Cuba, 1971) es un artista poco común dentro del panorama de la plástica contemporánea de la isla. A lo largo de su obra ha reflejado momentos de un dramatismo y desgarramiento de la historia inmediata como pocos lo han hecho en las artes plásticas en Cuba.

La mirada del héroe

Pero no sólo se ha detenido en la historia inmediata, sino también en figuras como José Martí, a quien el régimen castrista ha presentado como el hombre perfecto, sin tachas, como si esto fuera posible en un ser humano cualquiera que fuese. Franklin Álvarez representa a Martí como un fisiculturista que intenta sobrevivir en los años del llamado “período especial”, al lado de un cerdo. La carga irónica es innegable.

Apenas hay crítica artística acerca de esta serie. Esta imagen es la de un hombre que tiene que hacerse de una fuerza, no solo física, sino también espiritual para hacerle frente a una historia y a un país marcado por una generación de hombres que no lo reconocen como una figura que emerge para dar un nuevo camino a la lucha por la independencia. Esos hombres acabaron por llevarlo a la muerte segura después de la reunión en La Mejorana. ¿Por qué Gómez arrancó las páginas del diario del Maestro al saber de su muerte? La traición había sido evidente y nuestro Martí tuvo que enfrentarse a múltiples tensiones que lo llevaron al suicidio, como bien afirmó el argentino Ezequiel Martínez Estrada en su biografía de José Martí.

Franklin Álvarez: "Proyección mental" (2002).
Franklin Álvarez: "Proyección mental" (2002).

Así como los músculos de los fisiculturistas, que se alcanzan con el entrenamiento y la lucha permanentes, así son los pensamientos del Maestro y así lo subraya el artista. Sus ideas, las que exhibe y por las que lucha desde la pequeñez de su cuerpo, son como músculos. Martí era un hombre de carne y hueso, un hombre con los mismos problemas que otro cualquiera: una relación extramatrimonial de la que nació su hija María Mantilla; un matrimonio lleno de conflictos que lo llevaron a la separación definitiva de Carmen Zayas Bazán, entre otras cosas. Todas negadas por la historia escrita por el régimen castrista.

El artista prefiere situarlo en el patio de una casa común en medio de animales domésticos y aditamentos para el ejercicio físico. Es la mirada del héroe a partir del ojo del hombre corriente, del subalterno que ha sufrido y sufre, hoy todavía más, la invisibilidad del programa libertario de Martí y choca cada día con su imagen convertida en cabezas de yeso en cualquier sitio de la isla. Nada ha cambiado, el panorama social sigue siendo el mismo. La densidad de las tensiones se mantiene y el drama histórico se agudiza cada vez más. Solo que, como escribiera el gran poeta Virgilio Piñera en su tremendo poema La isla en peso, es como si: “fuera la hora única para mirar la realidad de esta tierra”.

Pensar la historia desde perspectivas diferentes

Franklin Álvarez: "Saturno devorando a su padre" (2019).
Franklin Álvarez: "Saturno devorando a su padre" (2019).

Por otra parte, el artista se ha detenido especialmente en esa “gente sin historia”: las amas de casa, deportistas ocasionales, obreros, la población hambrienta y marginada que hurga en los basureros para encontrar comida, por tanto, es obvio el silencio de la crítica oficialista.

Franklin Álvarez reside en Estados Unidos desde hace varios años. Tomó esa decisión después de recibir en el año 2005 la importante beca Pollock-Krasner como reconocimiento a su labor creadora. A partir de allí se produce un cambio para su quehacer artístico con exhibiciones de su obra en diferentes lugares de Europa, Estados Unidos y Medio Oriente. Sus obras están en colecciones particulares de diferentes partes del mundo, así como en instituciones como Akron Art Museum de Ohio, en Estados Unidos, y la Fundación Antonio Pérez en España. En Cuba, se ha mantenido vinculado a eventos como la Bienal de La Habana, nunca con exposiciones personales, y a la Galería de Arte “Servando Cabrera”.

En Camagüey expuso en varias ocasiones, incluso, su serie dedicada a José Martí tuvo su espacio en los noventa en una de las salas de la Biblioteca Provincial. Luego, en el año 2010, en la sala de exposiciones transitorias del Museo Provincial “Ignacio Agramonte” de Camagüey, montó una exposición en la que hizo énfasis en un discurso marcado por la violencia tanto visual como conceptual, a la que, con gran intensidad era también sometido el receptor. El artista sorprendió al público con paredes donde se veían reproducciones de grandes obras de la pintura universal, pero realizadas… con sangre de cerdo. En la puerta de entrada, unas palabras del artista advertían: “No parto del hecho de negar la historia por negarla, sino del hecho de tener la lucidez oportuna de prescindir de ella. Entiéndase aquí muerte por suicidio como manera intencionada de escapar, o desprenderse de un lastre”.

Así, pintó réplicas del Guernica, de Pablo Picasso, La danza, de Henri Matisse y La jungla de Wifredo Lam, entre otros textos artísticos que constituyen íconos de la historia del arte.

El haber empleado la pared parece haber sido un recurso que lleva el discurso artístico a los orígenes mismos de la historia. En el principio fueron… Lascaux, Altamira, Baja California del Sur, Fezzan y otros tantos puntos de un disperso, pero no cerrado escenario de los inicios de la geografía artística. En la pared como espacio, la sangre de cerdo es el material utilizado para dejar una huella que conscientemente será efímera. ¿Cúal es el juego? No es otro que violentar la realidad epidérmica en busca de la alteridad de lo real. De ahí el mensaje de replantear la historia del arte, de obligarnos a pensar la historia, incluso la del arte, desde perspectivas diferentes.

La serie Underwater kingdom

Franklin Álvarez: Obra de la serie "Underwater Kingdom" (2000).
Franklin Álvarez: Obra de la serie "Underwater Kingdom" (2000).

Franklin Álvarez ha trabajado el mar como ningún otro artista. Para él, es un espacio donde pueden establecerse múltiples relaciones. La isla está marcada por ese mar que la recorre a lo largo de toda su extensión. Es un mar que está prohibido para el cubano. Un mar por el cual no se puede navegar libremente. Un espacio del que ni siquiera se puede extraer nada de su riqueza alimentaria para una población que padece de hambre desde hace años.

Pero el mar es también aventura, esperanza de una travesía cuyo final no sea otro que cambiar su vida y encontrar un realidad donde la libertad no esté amordazada. El mar puede ser, por tanto, esperanza y muerte. El espacio en que se vive tiene un carácter heterogéneo donde se superponen múltiples relaciones y eso es lo que muestra Franklin Álvarez en su serie Underwater kingdom.

En esta serie el artista prioriza la superposición para establecer relaciones a través del emplazamiento de espacios marinos en los que coloca a hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos que intentaron llegar a las costas de los Estados Unidos en balsas improvisadas con los más diversos medios en un acto de absoluta desesperación.

Nunca se sabrá cuántos cubanos han muerto en ese estrecho de apenas 90 millas. Muertes provocadas por un régimen que empuja a muchos a correr el riesgo de esa travesía incierta. Devorados por tiburones, asesinados a mansalva por lanchas militares cubanas, ahogados por causa de las condiciones terribles de las balsas o barcos improvisados van a parar al fondo de un mar que los sepultó para siempre. El mar como alteridad, contrapartida del espacio concreto de la vida, se convierte en lo que Michel Foucault ha denominado heterotopía.

Franklin Álvarez creó un mundo especular con las no-vidas de esas personas. Reprodujo en el fondo marino las mismas relaciones y oficios que sostenían antes de la muerte. Es difícil no encontrar una determinada resonancia, aunque lejana, con el célebre texto poético El cementerio marino de Paul Valéry. El espacio soñado por estas personas ahora se alcanza en el fondo marino. La necrópolis, espacio que al decir de Foucault en su ensayo “De los espacios otros”, es también una heterotopía a través de la cual el hombre ha creado lo que el filósofo francés denomina la otra ciudad, en la cual cada ser humano tiene su propio lugar.

El agua, ese espacio de vida, se convierte en espacio de muerte. No se olvide la connotación mitológica del agua. El agua es considerada por los antiguos como parte de los jugos vitales del hombre. Pero también como peligro de muerte, como abismo y, en última instancia, como metáfora de la muerte. Las escenas plasmadas por Franklin Álvarez son de un dramatismo extraordinario. No es un reflejo de la realidad, es la horrible realidad la que nos pone delante el artista.

Niños aferrando sus juguetes miran al espectador con estremecedora inocencia. Mientras, otro niño cabalga tranquilo sobre el lomo de un desmesurado caballo de mar. No parece darse cuenta del peligro al ser mirado amenazadoramente por dos escualos. Obreros que intentan volver a sus faenas, mujeres que llevan sus ollas en las manos. Todos confundidos y erráticos, con sus miradas perdidas, angustiados, muertos. Y, también aquella muchacha que camina tranquilamente y que puede ser cualquiera que ayer veíamos en nuestras calles.

La atmósfera es opresiva. Al mirarlos, uno siente que se ahoga en ese espacio no creado para la vida humana. No hay nada sensiblero en estas escenas, como tampoco melodramático. Lo que estremece es la intensidad de los rostros que nos miran y, al hacerlo, parecen preguntar, indagar el por qué de sus destinos. Nunca, ni entonces ni ahora, se ha reflejado en la plástica cubana el tremendo drama de la emigración.

Los Castros y su camarilla no tienen cómo pagar tanto dolor, tanta pérdida, tanto vacío. Esta es parte de esa historia no contada. ¿Dónde están las voces de los historiadores cubanos ante este horror que se ha mantenido en silencio por más de sesenta años? ¿Dónde la de los periodistas de la isla? ¿Quién hablará de esto desde el desgarramiento real?

La cineasta Gloria Rolando, en una entrevista que se publicó en noviembre del 2022 en Cineverso, decía con exaltación:

La historia de los 90 en Cuba no está filmada, o muy poco. La historia en vivo. Y es verdad que había carencias, muchísimas, pero también cobardía. ¿Por qué no lanzarse a filmar a los balseros? ¿Por qué ese cine no se hizo? En ese período la tecnología del video era más fácil. ¿Por qué no se filmó la angustia que vivía este país? Ahora cómo se reconstruyen los noventa? ¿Cómo los reconstruimos los cineastas cubanos?¿Por qué fuimos tan cobardes?

Fuera de la isla solo recuerdo a Zoe Valdés escribir desde la angustia y la ira.

El drama de la isla

Franklin Álvarez: "Aquí y Ahora" (2009).
Franklin Álvarez: "Aquí y Ahora" (2009).

Las escenas llevadas al lienzo me hacen recordar, inevitablemente, a Virgilio Piñera y ese recio poema que es La isla en peso cuando expresa: “Confusamente un pueblo escapa de su propia piel / adormeciéndose con la claridad, / la fulminante droga que puede iniciar un sueño mortal / en los bellos ojos de hombres y mujeres, / en los inmensos y tenebrosos ojos de estas gentes / por los cuales la piel entra a no sé qué extraños ritos”.

La ciudad ha tenido también un relieve muy fuerte en la obra del artista. Franklin Álvarez coloca su mirada creativa en las márgenes resultantes de la crisis económica permanente de lo que la izquierda tonta llama “socialismo sostenible”. Ya no son los subalternos, sino aquellos que tienen una condición de vida mucho peor: los llamados “buzos” cuya presencia no se puede pasar por alto. Los que recogen la comida y todo lo que les pueda parecer útil de los basureros. Hoy una parte nada despreciable de las zonas más pobres del país viven en esta condición. Álvarez convierte a estos hombres, mujeres, niños y viejos en centro de meditación en su obra plástica. Atrás han quedado los paisajes citadinos llenos de quietud o de alegre efervescencia, que marcaron la figuración plástica de lo urbano en Cuba durante generaciones. La ciudad actual emerge con rostros que nunca antes habían tenido un lugar en la pintura cubana.

Franklin Álvarez ha continuado su obra fuera de Cuba. Pero este segmento de su creación llevada a cabo dentro de la isla lo sitúa, hoy más que nunca, en una voz imprescindible de las artes plásticas. Su mirada penetrante ahondó con en zonas de silencio para la historia insular. Solo alguien con una sensibilidad e ironía, unido a su profunda cubanía, nos podía colocar frente al drama de la isla. Esos son su mérito y su altura.

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