Venezuela entrega a la justicia estadounidense a Alex Saab, el hombre de confianza de Maduro

Alex Saab es un testigo clave en los procesos contra Maduro y Cilia Flores, y podría abrir líneas de investigación sobre redes que implican a Cuba y México.

| Mundo | Noticias | 17/05/2026
Alex Saab deportado a Estados Unidos. Foto: Antoni Belchi / EFE
Alex Saab deportado a Estados Unidos. Foto: Antoni Belchi / EFE

El empresario colombiano Alex Saab aterrizó el sábado 16 de mayo en el aeropuerto Opa-locka, en el condado de Miami-Dade, escoltado por agentes de la DEA. Su deportación pone fin a un capítulo de intrigas diplomáticas, canjes de prisioneros e impunidad negociada que se había extendido por más de una década.

La entrega de Saab a la justicia estadounidense ha encendido debates en La Habana, México y Washington sobre el alcance de las redes de corrupción que Alex Saab tejió al amparo del chavismo.

Alex Saab, de Barranquilla a Miraflores

Nacido en Barranquilla en 1971 y de ascendencia libanesa, Saab inició su carrera en el comercio internacional antes de desembarcar en Venezuela. Su primera gran oportunidad llegó con la “Misión Vivienda” de Hugo Chávez: en 2011 obtuvo un contrato para construir viviendas para sectores de bajos recursos que le reportó cientos de millones de dólares con una entrega ínfima de lo prometido. Entre 2013 y 2020 firmó contratos con el Estado venezolano por más de diez mil millones de dólares, canalizados a través de empresas en Panamá, Hong Kong, México, Turquía y Emiratos Árabes Unidos.

Pero su verdadero ascenso llegó con los llamados “Comités Locales de Abastecimiento y Producción” (CLAP), un programa creado por Nicolás Maduro en 2016 para distribuir alimentos subsidiados a la población venezolana. Las autoridades estadounidenses señalan que Saab dirigió una red que, bajo la apariencia de importaciones legítimas, permitió transferir aproximadamente 350 millones de dólares fuera de Venezuela hacia cuentas en el extranjero, incluyendo algunas en suelo estadounidense.

La primera vez que la justicia lo alcanzó fue en junio de 2020, cuando su avión hizo escala en Cabo Verde en ruta hacia Irán. Detenido por orden de la Interpol a solicitud de Washington, Saab era una pieza fundamental en una trama que implicaba directamente a Maduro, quien respondió calificando el arresto como un “secuestro” y llegó a nombrarlo “embajador” para intentar blindarlo con inmunidad diplomática.

El régimen cubano jugo entonces un papel clave en la campaña internacional para liberar a Saab, con el canciller Bruno Rodríguez acusando directamente a Estados Unidos por la “detención arbitraria” y el “proceso judicial políticamente motivado” en su contra.

La maniobra no prosperó, y en octubre de 2021 Alex Saab fue extraditado a Miami para enfrentar cargos por conspiración para lavar dinero. En diciembre de 2023, el presidente Joe Biden lo incluyó en un canje de prisioneros y lo liberó a cambio de diez ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela.

De regreso en Caracas, lo recibieron como un héroe. Maduro lo integró primero al frente del Centro Internacional de Inversiones Productivas y en octubre de 2024 lo nombró ministro de Industria y Producción Nacional.

El largo brazo de la justicia

El 3 de enero de 2026 una operación militar estadounidense capturó a Maduro, y el 16 de enero el gobierno interino de Delcy Rodríguez destituyó a Saab. Semanas más tarde, el 3 de febrero, una operación conjunta del SEBIN y el FBI concluyó con su reclusión en El Helicoide.

El sábado 16 de mayo, el organismo migratorio venezolano SAIME anunció mediante un escueto comunicado oficial que Saab había sido deportado en cumplimiento de la legislación migratoria venezolana, dado que “se encuentra incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos de América”.

Ante el Senado estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio ha descrito a Alex Saab como el “hombre del dinero” y el “testaferro” de Maduro, subrayando su papel como intermediario en la venta ilegal de reservas de oro venezolano a Irán. Ahora Saab comparece ante la Corte del Distrito Sur de Florida, donde los fiscales federales lo acusan de conspiración criminal, lavado de dinero, falsificación de documentos y pago de sobornos a funcionarios venezolanos. Su testimonio es esencial en los procesos contra Maduro y Cilia Flores por narcotráfico y narcoterrorismo.

Impacto en Cuba y México

Alex Saab junto a Nicolás Maduro. Foto: Jesús Vargas
Alex Saab junto a Nicolás Maduro. Foto: Jesús Vargas

La noticia provocó reacciones más allá de Venezuela. En Cuba, Michel Torres Corona, presentador del programa oficialista Con Filo, reaccionó con indignación en redes sociales y calificó el episodio de “vergonzoso”, resumiendo en una frase el desconcierto y la miopía del eje bolivariano: “O Maduro es un corrupto o los Rodríguez son unos traidores. En cualquier caso, aquello se jodió”. Torres, sin embargo, mantuvo su lealtad ideológica al régimen de la isla: “Seguimos siendo el único territorio verdaderamente soberano de América Latina”, escribió.

En México, investigadores y analistas recordaron que la red de Saab también pasó por ese país. Según una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), entre 2019 y 2020 operó una red de ocho empresas mexicanas que utilizaron importadoras en Hong Kong, Panamá, Uruguay e Islas Vírgenes Británicas para enviar alimentos a Venezuela, facturando más de 64 millones de dólares.

El analista Rubén Cortés, en declaraciones a MVS Noticias, señaló que el punto de inflexión de esas operaciones coincidió con la llegada al poder de López Obrador en 2018. Por su parte, el periodista Jorge Triana, en su columna “Saab: Eje México-Caracas”, advirtió que “el caso Saab no es pasado: es un archivo abierto que conecta corrupción, negocios y silencio político”, y que las investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera “nunca avanzaron hacia donde apuntaban los hechos”.

Con la deportación de Alex Saab, la fiscalía de Miami y la de Nueva York tienen ahora un testigo privilegiado sobre los mecanismos financieros del régimen chavista. Su caso podría abrir nuevas líneas de investigación sobre redes criminales transnacionales que implican a Venezuela, Cuba y México.

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