Poesía cubana │ Natalí Llacsa: “Fuera”

Este poema de Natalí Llacsa da voz al malestar compartido por millones de cubanos que reclaman el fin de la tiranía.

| Escrituras | Poesía | 21/05/2026
Carlos Enríquez: "Combate" (1941), detalle.
Carlos Enríquez: "Combate" (1941), detalle.

Tu bastón no acallará mi voz.
De mi dolor saco la risa
y la risa me cobija del quebranto,
no por eso deja de sangrar mi herida.

Nadie habla del llanto de mi tierra
Mi pueblo en su gritar
“Viva Cuba libre”
pierde la voz
y la humanidad, vuelve la espalda.

Oídos caprichosos, nostálgicos...
mojan el habano en el café
y con ron enjuagan su garganta.
Hacen de mi desdicha su corona,
diamante de su vil trono.

Arrancan páginas,
páginas de historias grises,
decoradas con sangre
y lazos de niñas, de niños
ahogados por ocho, o doce,
o quien sabe cuántos virus
de mugre putrefacta,
esparcida en las calles de mi isla.

Bailo reparto, ¿y qué?
Me gusta porque es negro,
urbano, polvoriento,
hambriento, apaleado,
callejero.

Borracho de aguardiente
destilado en la manigua,
es auténtico, es cubano
es el desparpajo que merece
la sacudida feroz
de la bota que pisa mi cabeza.

¡A degüello!
susurran quienes viven en las fosas
descubiertas por Melissa.

¡A degüello!
dice la mueca joven
devorada por el químico.

¡A degüello!
dibujan tripas de cuerpos desnutridos,
costillas que apuntalan hogares.

¡A degüello!
mantra de mi pueblo roto,
rostro desdentado, ojos hundidos.

¡No acallarás la voz aunque des muerte!

Aún con tus millones,
tus yates y tu buena vida,
te perseguirá la sombra
de tus víctimas.

Retumbará
¡Fuera, no los queremos!
Martillará tu sien.
Fuera, no los queremos.
No los queremos.
¡Fuera!

Carlos Enríquez: "Campesinos felices" (1938).
Carlos Enríquez: "Campesinos felices" (1938).

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Nacido del malestar ante la opresión de un régimen que ha hundido a Cuba en la pobreza y la desesperación más absolutas, este poema de Natalí Llacsa da voz al dolor compartido por millones de cubanos que reclaman el fin de la tiranía y el regreso a la democracia. Retomando el espíritu de los mambises que al grito de “¡A degüello!” empuñaron el machete y lucharon por la libertad de la isla, Llacsa deja aquí testimonio de la frustración y la rabia, pero también de la esperanza de los cubanos de que habrá justicia y un futuro distinto para la isla.

Se ilustra este poema de Natalí Llacsa con dos obras del artista cubano Carlos Enríquez (Las Villas, 1900-1957), pionero de la vanguardia latinoamericana en la primera mitad del siglo XX y uno de los mejores pintores cubanos de todos los tiempos.

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