Cinco poetas cubanas
La historia de Cuba y de su cultura no pueden contarse sin reconocer el lugar central que ocupa en ellas la poesía escrita por mujeres.
A un árbol
Julia Pérez Montes de Oca (1839-1875)
Pasó el otoño y se llevó arrastrando
de tus ramajes el verdor divino;
siguió el helado invierno su camino
tus amarillas hojas arrancando.
El tallo altivo y el capullo blando
volaron con el loco torbellino,
y solo el dulce fruto purpurino
en la alta rama se quedó temblando.
Pero al fresco batir de la sonora
lluvia, tus hojas juveniles crecen,
y un ancho y verde manto te decora.
No así las ilusiones que fenecen
en el alma del hombre, aunque las llora,
con su frescura ¡oh árbol! reaparecen.
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A la bandera cubana
Nieves Xenes (1859-1915)
Te alzó con mano firme el heroísmo,
de patriótico amor enajenado,
sobre un pueblo oprimido y humillado,
como un rayo de luz sobre un abismo.
El yugo del odioso despotismo,
por crímenes sin cuento ensangrentado,
rompió bajo tus pliegues, denodado,
en desigual combate, el patriotismo.
Tú, que sólo ondulaste estremecida,
de la batalla al pavoroso estruendo,
sobre escenas de duelo, horror y muerte,
¡flota sobre la patria redimida,
cual talismán sagrado, protegiendo
a un pueblo libre, venturoso y fuerte!
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Íntima
Juana Borrero (1877-1896)
¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?
Allá en el fondo oscuro de mi alma
hay un lugar donde jamás penetra
la clara luz del sol de la esperanza.
¡Pero no me preguntes lo que duerme
bajo el sudario de la sombra muda…
detente allí junto al abismo, y llora
como se llora al borde de las tumbas!
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Isla
Dulce María Loynaz (1902-1997)
Rodeada de mar por todas partes,
soy isla asida al tallo de los vientos…
Nadie escucha mi voz si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme… Puedo, a veces,
morder mi cola en signo de Infinito.
Soy tierra desgajándose… Hay momentos
en que el agua me ciega y me acobarda,
en que el agua es la muerte donde floto…
Pero abierta a mareas y a ciclones,
hinco en el mar raíz de pecho roto.
Crezco del mar y muero de él… Me alzo
¡para volverme en nudos desatados!
¡Me come un mar batido por las alas
de arcángeles sin cielo, naufragados!
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Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
Fina García Marruz (1923-2022)
Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real.

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