Libros │ Novela “Las malheridas” de Teodora Dimova, una purga para el dolor

Con una prosa emocional y poética, Teodora Dimova se enfoca en el dolor que dejó en las mujeres de Bulgaria la violencia estatuida por el comunismo.

| Escrituras | Opinión | 16/01/2026
Detalle de la cubierta de "Las Malheridas" (2024), novela de Teodora Dimova.
Detalle de la cubierta de "Las Malheridas" (2024), novela de Teodora Dimova.

La novela Las malheridas (CAAW Ediciones, 2024), de la autora búlgara Teodora Dimova, es una obra vigorosa, que explora el trauma colectivo de Bulgaria tras la Segunda Guerra Mundial. La autora es hija del célebre escritor búlgaro Dimitar Dimov. Se graduó en Filología Inglesa por la Universidad de Sofía, realizó estudios en el Royal Court Theatre de Londres, y es una de las escritoras y dramaturgas más premiadas y traducidas de la Bulgaria contemporánea. Entre sus reconocimientos destacan: el Gran Premio de Literatura de Europa del Este (Viena, 2006) por su novela Las madres (Maikite); y el Premio Nacional de literatura Hristo G. Danov (2010). Dimova considera que escribir es un trabajo arduo y un ejercicio de ascetismo espiritual, alejado de la visión romántica de la inspiración divina. Sus obras suelen abordar dilemas morales y las sombras del pasado político de su país.

Esta novela es más que un relato de ficción, es un acto de recuperación de la memoria histórica de Bulgaria. Denuncia que la sociedad búlgara quedó dañada por las décadas de represión. La trama gira en torno al 1 de febrero de 1945, el Jueves Sangriento, y fue una brillante idea que la autora se apropiara de esa fecha para imputar a los autores de la masacre, de la aridez a que se precipitó el corazón del pueblo. Pero para que el amigo lector pueda entrar armado a la lectura, es necesario poner en contexto el hecho en sí.

El Jueves Sangriento en Bulgaria

Bulgaria en 1945 se encontraba en un periodo de transición radical tras el golpe de Estado del 9 de septiembre de 1944. El país estaba bajo el control del Frente Patriótico, una coalición dominada por el Partido Comunista Búlgaro y apoyada por la ocupación de la Unión Soviética. Aunque técnicamente Bulgaria seguía siendo una monarquía con el joven zar Simeón II (que solo tenía 7 años) como jefe de Estado, el poder real lo ostentaban Kimon Georgiev, primer ministro y líder del gobierno del Frente Patriótico, y el Consejo de Regencia, debido a la minoría de edad del zar, que se había establecido para inicios de 1945, misma que se alineaba con los intereses soviéticos y comunistas.

El Jueves negro o Jueves sangriento como se conoce en la historia de Bulgaria, fue el día en que los Tribunales del Pueblo, instaurados por el nuevo régimen comunista, llevaron a cabo una ejecución masiva de la antigua élite política y militar del país. Con ejecuciones de alto nivel donde fusilaron a los tres regentes que habían gobernado en nombre de Simeón II (el príncipe Cirilo, Bogdan Filov y Nikola Mihov), pero no solo eso, hubo una purga política y junto a aquellos tres, ejecutaron a 67 diputados, 22 ministros, 40 generales y numerosos oficiales; también a figuras públicas, personas de la élite del país, una masacre a intelectuales, escritores y artistas, periodistas, sacerdotes y a todo aquel no sensibilizado con la tiranía que pasó por el detector político.

Las mujeres búlgaras durante la represión comunista

Donde Dimova se crece es en que no hace un drama por los muertos, no convierte a los personajes en una plañidera deseosa de morir también. En lugar de eso, centra su atención en lo que más duele (ya lo que pasó, pasado es), en las mujeres que sobrevivieron la terrible noche en que sus hombres: maridos, hermanos, padres, hijos… fueron ejecutados. A través de ellas la autora se enfoca en el vacío y el dolor que dejó la violencia estatuida. Sus relatos son confesiones punzantes, gritos de desahogo, con una prosa emocional y poética que transmite el desasosiego y el quebranto de sus almas:

Ranya: De repente una mujer grita: por acá, por acá. Allá vamos. Un círculo enorme, negro. Un círculo enorme como una fosa cavada por una bomba. Lleno de escoria. La nieve no se queda encima de la fosa. Se derrite al caer sobre ella. (…) Clavamos las velas apagadas en la escoria. Y nos volvemos a persignar. Nos enderezamos. Rezamos por esa decenas y decenas de años durante los cuales vuestros cuerpos permanecerán así, enterrados a poca profundidad bajo la escoria, hasta que un día hagan un monumento conmemorativo, hasta que inscriban en él vuestros nombres, la fecha de vuestra muerte, hasta que desentierren vuestros huesos y los laven y celebren una misa fúnebre, hasta que construyan un osario y los depositen en él. Porque no puede haber tumba sin un ante el que vuestros hijos y nietos puedan acercarse y rendir en silencio un homenaje y su afecto hacia vosotros, Nikola.

Ekaterina: Comenzaron a sacarlos en columnas de a tres, encadenados uno al otro. Las cadenas tintineaban en la escalera de piedra. El grupo de criminales y gitanos se arremolinó con abucheos, maldiciones, escupitajos y resoplidos, mientras los milicianos que supuestamente los custodiaban no hacían ningún intento para detenerlos. Las mujeres con pañuelos negros comenzaron sus cánticos siniestros. Nosotras, que estábamos sobre la escalinata, permanecimos en silencio. Conseguí ver a nuestro padre. No pude determinar de inmediato qué había cambiado en él. Demacrado, con la barba crecida, vestía ropa de presidiario. Pero de alguna manera era diferente a los demás. Nuestras miradas se cruzaron, y él apenas sonrió y me dedicó una leve inclinación de cabeza. Me dijo en sus pensamientos: no tengas miedo, Ekaterina, nunca tengas miedo.
Es aterrador cruzarse con la mirada de un condenado a muerte. Sus ojos se vuelven muertos, Si los tocas, se desintegrarán como flores secas, muy queridos, muy amados míos.

Alexandra es mi nombre, tengo cinco años y medio. La casa está llena de gente, mis familiares están vestidos de luto. A penas veo a mi madre, está llorando, rodeada de otras mujeres que moquean y aprietan sus pañuelos en las manos. Cuando estoy cerca ella llora más, así que intentan alejarme. Todo el tiempo alguien está hablando por teléfono. A menudo suena el timbre de la entrada, entran personas vestidas de oscuro, se dirigen a mi madre, susurran algo, se reúnen en grupos, hablan en voz baja y con aire inquieto, van de prisa a algún sitio, salen, susurran algo, hablan, pero muy bajo, apagado. Este silencio y sigilo entre tanta gente es fantasmal, me asusta más de lo que ha pasado. No sé dónde ir, voy de una habitación a otra, deambulo, no encuentro sitio, resulta que siempre estoy en el camino de alguien.

También echa una mirada al asunto desde diferentes generaciones testigos, que narran detalles de la situación violenta en que el régimen comunista los sumió. Este es otro de los múltiples ejemplos de ese tipo de comportamiento del sistema comunista, que no encuentra ni encontrará nunca un camino al desarrollo de la bonanza y la felicidad. No lo han logrado en ningún lugar del planeta, no lo lograrán jamás, porque los sistemas autoritarios erosionan los valores humanos y desintegran familias.

Esta historia se narra a través de las experiencias de las mujeres, cuyas vidas cambian drásticamente la nefasta noche. Sus relatos funcionan como confesiones íntimas que exploran el dolor, la pérdida, la culpa. Por si esto fuera poco, el título Las malheridas es más que un anuncio, se utiliza como metáfora personal y social del trauma colectivo que describe las laceraciones que dejó la represión en la sociedad.

Las malheridas, una lectura necesaria

Teodora Dimova (Sofía, 1960), escritora búlgara.
Teodora Dimova (Sofía, 1960), escritora búlgara.

Teodora Dimova utiliza la narración múltiple como arma para entregar a cada personaje la palabra, y no escatimar en el derecho a pensar y expresarse sobre las diferentes situaciones, y formas de verlas. A veces frases cortas marcando el paso de la sorpresa, del asombro, otras largas que invitan a zambullirse para empaparse con deseo de no olvidar jamás. Escribir para esta autora es disfrutar contando, comprometerse porque sabe muy bien lo que tiene que decir y cómo hacerlo, para que quede bien clara la verdad dentro de la ficción, para que el lector pueda verla y pensar en las coincidencias con su realidad, o ponerse sobre aviso frente a ella.

Las malheridas es una lectura necesaria, especialmente para las mujeres, porque rescata una parte de su historia que suele quedar en la sombra, menospreciada. Dimova sitúa el foco en la historia de las mujeres, porque es la misma historia que está llena de nombres de hombres, pero se necesita la otra mirada, la que se ha sesgado, menos parcial, menos plana, más honesta, en la que los sentimientos se mezclen obviando el heroísmo que tanto se exige en esas situaciones y tan poco ayuda en verdad para vivir. No hay heroísmo en la obra, es cercana, es valiente y cotidiana, como es la vida; por eso sobrevive apoyada en una narrativa que profundiza en los sentimientos que históricamente han sido callados por las mujeres.

La muestra pública del dolor y el llanto es necesaria y está bien, cuando se trata con pundonor, sin drama. Mostrar el valor de imponerse sobre la adversidad, cuando todo parece estar acabado, es lo que hacemos siempre las mujeres y se cuenta poco. Enfrentar la estigmatización, la pobreza, la persecución no es suficiente para frenar la dignidad.

Este es un libro inteligente, habla del dolor sin tapujos, explica cómo los traumas no resueltos de las abuelas y madres se transmiten a las siguientes generaciones, porque no pueden con el peso, y son esas próximas generaciones las encargadas de lijar la huella. Leerlo es un ejercicio de empatía que ayuda a entender los silencios profundos, pero también funciona como un acto de justicia poética. Al darles voz a estas mujeres, el lector, y especialmente la lectora, recibe una validación del sufrimiento femenino, y de la entereza de su voluntad.

Las malheridas, de Teodora Dimova, puede adquirirse en el siguiente enlace de Amazon.
Consulte también el catálogo de CAAW Ediciones.

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