Arte │ Cordelia Urueta: pintar la esencia de las cosas
Distante tanto de los presupuestos del muralismo como de la estridencia de las vanguardias, Cordelia Urueta ocupa un espacio singular en el arte mexicano.
Cordelia Urueta ocupa un espacio singular en la historia del arte mexicano. Distante tanto de los presupuestos ideológicos del muralismo como de la estridencia de las vanguardias, desarrolló un estilo profundamente íntimo y reflexivo.
Nacida en un entorno de alta densidad intelectual —hija del escritor Jesús Urueta y sobrina de Justo Sierra—, Urueta creció bajo la influencia de una formación donde la sabiduría y el rigor ético eran valores fundamentales. Esta herencia cultural, sumada a una salud delicada que la obligó a largos periodos de aislamiento, fomentó en ella una mirada introspectiva. A diferencia de otros artistas que buscaban el impacto inmediato, Urueta ejerció una suerte de prudencia creativa, alejándose de las modas y los manifiestos para centrarse en una búsqueda personal que priorizaba la verdad del lenguaje pictórico sobre el reconocimiento social.
La evolución estética y conceptual de Cordelia Urueta
Su trabajo transitó de manera orgánica desde el realismo, influenciado por la tradición y el arte popular, hacia una abstracción lírica, donde su pincelada se volvió más densa y su paleta más oscura, enfocándose en la expresividad del trazo más que en la reproducción exacta de las formas físicas.
En su madurez, movida por el deseo de “pintar la esencia de las cosas”, Urueta se mueve cada vez más hacia la abstracción. Las figuras se disuelven casi por completo, convirtiendo el cuadro en un espacio de luz y sombra donde el espectador no encuentra ya una copia de la realidad, sino una experiencia subjetiva.
Calificada por la crítica de arte como “la Gran Colorista”, su obra fue siempre una celebración del color, pero el singular cromatismo que la distingue, lejos de ser un ornamento gratuito, era una fuerza viva y emocional. En sus lienzos, la materia pictórica adquiere una densidad casi táctil, donde los ocres, rojos y azules profundos parecen emerger de la tierra misma para dar forma a una abstracción que nunca rompe del todo su vínculo con la figura humana pero que busca más allá de lo visible e intenta mostrar o sugerir lo que los ojos no ven.
En este sentido, la obra de Cordelia Urueta se acerca, salvando las evidentes diferencias de estilo, a otras notables artistas del siglo XX, como Emily Carr y Leonora Carrington.
Vea a continuación una galería con once de sus obras más relevantes.
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