César Chávez, líder de los derechos de las personas migrantes, acusado de violencia sexual y abuso de poder contra mujeres y niñas
Los testimonios recogidos por The New York Times apuntan a un patrón de violencia sexual, silencio y abuso de poder ejercido por el histórico dirigente sindical.
Una investigación del periódico The New York Times ha puesto nombre y testimonio a décadas de silencio: César Chávez, cofundador de United Farm Workers (UFW) e icono histórico de los derechos laborales de las comunidades migrantes, abusó sexualmente de menores y mujeres vinculadas a su propio sindicato, según testimonios recogidos por el periódico.
Las denuncias llegan treinta años después de su muerte y cuestionan la impunidad de Chávez.
El trabajo del Times señala que al menos una docena de mujeres describieron haber sido acosadas, y algunas incluso agredidas sexualmente, por Chávez. Algunas optaron por hacer pública su historia, mientras que otras prefirieron permanecer en el anonimato.
Las víctimas: Ana Murguía y Debra Rojas
Crecieron sabiendo quién era era César Chávez: el hombre más poderoso del mundo en el que vivían. Ana Murguía y Debra Rojas, hoy de 66 años, pasaron su infancia en La Paz, el complejo sindical enclavado en las montañas de Tehachapi, a más de 160 kilómetros al norte de Los Ángeles. Sus padres eran organizadores veteranos de la UFW. Chávez no era una figura lejana: era el vecino, el jefe, el ídolo de la familia.
Él tenía alrededor de 40 años cuando comenzó a acercarse a ellas. Ya era una figura reconocida internacionalmente.
El silencio se mantuvo durante décadas, hasta que Rojas lo rompió en un grupo privado de Facebook integrado por antiguos organizadores y simpatizantes de Chávez.
Murguía conoció a Chávez a los 8 años. Cinco años después, según su testimonio, los abusos comenzaron en la oficina privada del dirigente. Chávez le pidió silencio y la advirtió de que otros podrían sentir celos. El abuso se prolongó, según declaró ella, hasta que cumplió 17. El daño psicológico fue de tal magnitud que antes de los 15 años ya había intentado quitarse la vida en varias ocasiones.
César Chávez, en el centro, y Ana Murguía, a la derecha. Imagen: Getty Images
En el caso de Rojas,según la legislación de California, aquello fue una violación: ella no tenía edad legal para consentir. Rojas tenía 12 años cuando Chávez la manoseó de manera inapropiada, en el mismo despacho donde también se reunía con Murguía. Tres años más tarde, durante una marcha de varias semanas por California, él organizó su alojamiento en un motel y la forzó a tener relaciones sexuales con él. En su testimonio, recordó que Chávez le dijo que sabía desde que ella tenía 9 años que estaban destinados a estar juntos.
Según el periódico, la mayoría de los episodios documentados tuvieron lugar en La Paz a lo largo de varias décadas.
El silencio se mantuvo durante décadas, hasta que Rojas lo rompió en un grupo privado de Facebook integrado por antiguos organizadores y simpatizantes de Chávez:
“Abran los ojos, señores. Este hombre por el que marchan todos los años abusó de mí”, escribió hace diez años.
El mensaje sacudió al grupo y se convirtió en el primer indicio público de una historia que la investigación del Times terminó de reconstruir: Chávez también acosó a otras mujeres que trabajaban o hacían voluntariado en el movimiento. Según el periódico, la mayoría de los episodios documentados tuvieron lugar en La Paz a lo largo de varias décadas, el mismo complejo donde Murguía y Rojas crecieron creyendo que estaban en un lugar seguro.
Dolores Huerta rompe su silencio
Pocas voces tienen tanto peso en la historia del movimiento campesino estadounidense como la de Dolores Huerta. A sus casi 96 años, la cofundadora de United Farm Workers decidió romper un silencio que había guardado durante seis décadas. Su declaración confirmó que la violencia también alcanzó a mujeres adultas del movimiento: no sólo habían sufrido abusos niñas de familias del sindicato, sino también una de las mujeres que construyó ese mismo sindicato junto a Chávez.
En su declaración oficial, Huerta describió dos episodios ocurridos en la década de 1960:
“Tengo casi 96 años y durante los últimos 60 años he guardado un secreto porque creía que revelar la verdad perjudicaría al movimiento de trabajadores agrícolas por el que he luchado toda mi vida. (...) En la década de 1960, siendo una joven madre, tuve dos encuentros sexuales con César. La primera vez, fui manipulada y presionada para tener relaciones sexuales con él, y sentí que no podía negarme porque era alguien a quien admiraba, mi jefe y el líder del movimiento al que ya había dedicado años de mi vida. La segunda vez, fui forzada, en contra de mi voluntad, y en un ambiente donde me sentí atrapada.”
Dolores Huerta. Imagen: AP
Al explicar por qué guardó ese secreto durante seis décadas, Huerta apuntó directamente a lo que estaba en juego:
“Guardé este secreto durante tanto tiempo porque construir el movimiento y asegurar los derechos de los trabajadores agrícolas era la obra de mi vida. La formación de un sindicato era el único medio para lograr y garantizar esos derechos, y no iba a permitir que César ni nadie más se interpusiera en mi camino.”
Las reacciones institucionales: fundación y sindicato
La UFW fue la primera en reaccionar. Antes de que el Times publicara su reportaje, el sindicato ya había cancelado sus celebraciones anuales en honor a Chávez al tener conocimiento de las pesquisas periodísticas.
La Fundación César Chávez, institución creada para preservar y proyectar el legado del dirigente, emitió un comunicado:
“Las revelaciones de hoy sobre César Chávez y sus abusos sexuales a mujeres y menores de edad son impactantes, sumamente decepcionantes y profundamente dolorosas. Esto contradice por completo nuestro compromiso con la justicia y el empoderamiento de la comunidad.”
La UFW, por su parte, fue más allá de la condena. Además de confirmar que no participaría en ningún acto de homenaje, el sindicato anunció la creación de un canal específico para que otras posibles víctimas pudieran hacer llegar su testimonio:
“Durante las próximas semanas, en colaboración con expertos en este tipo de procesos, trabajaremos para establecer un canal externo, confidencial e independiente para quienes hayan sufrido daños causados por César Chávez durante los inicios del sindicato (UFW). Este canal está dirigido a quienes deseen compartir sus experiencias, identificar sus impactos y necesidades actuales y, si lo desean, participar en un proceso colectivo para desarrollar mecanismos de reparación y rendición de cuentas.”
El apoyo de organizaciones, abogados y figuras políticas
Activistas, líderes comunitarias y figuras políticas se posicionaron públicamente junto a las víctimas.
Mónica Ramírez, fundadora de Justicia para las Mujeres Migrantes, señaló a través de un comunicado:
“Este momento nos llama a todos a garantizar que las personas que han sido dañadas reciban apoyo y que la rendición de cuentas no sea dejada de lado para proteger legados.”
La organización Comunidades Organizando el Poder y la Acción Latina (COPAL) publicó un posicionamiento en el que pone el foco en el sentido colectivo del movimiento:
Activistas, líderes comunitarias y figuras políticas se posicionaron públicamente junto a las víctimas.
“Esto duele, pero nos recuerda de qué se han tratado siempre nuestros movimientos: nuestras familias, nuestros vecinos, nuestras comunidades. Ningún líder, por muy reconocido que sea, es más grande que el pueblo.”
Karen Bass, alcaldesa de Los Ángeles, expresó su apoyo público a las tres mujeres y vinculó el caso con el problema estructural de la violencia contra las mujeres:
“La terrible realidad es que lo que sufrieron Dolores, Ana y Debra no es un hecho aislado ni pertenece al pasado. El verdadero progreso requiere más que momentos de reflexión; exige acciones sostenidas para desmantelar las estructuras sociales, culturales, económicas y políticas que han perjudicado a las mujeres a lo largo de nuestra historia.”
El rechazo se extendió también a Texas, donde distintas organizaciones latinas anunciaron la cancelación de marchas previstas en Austin y San Antonio. Sus portavoces encuadraron la decisión en la reacción nacional desencadenada tras conocerse los testimonios.
La caída del monumento: suspensiones y retiradas
Cubren monumento a César Chávez. Imagen: AP.
El peso simbólico de César Chávez en el espacio público estadounidense era enorme. Su nombre estaba grabado en más de 60 escuelas repartidas por todo el país, en plazas, avenidas, bibliotecas, parques, centros comunitarios, memoriales y en un buque de carga de la Armada. Tres presidentes lo habían homenajeado. El 31 de marzo era festivo en varios estados. Todo ese entramado simbólico comenzó a tambalearse.
En Washington D.C., el Departamento de Trabajo retiró el retrato del dirigente que presidía la entrada al auditorio que lleva su nombre y lo sustituyó por una bandera estadounidense.
California, el estado donde Chávez vivió la mayor parte de su vida y desarrolló su trabajo sindical, adoptó una de las decisiones más simbólicas: la legislatura estatal anunció que el 31 de marzo dejaría de llamarse Día de César Chávez para convertirse en el Día de los Trabajadores Agrícolas.
Décadas después, las voces que fueron silenciadas comienzan a ocupar el espacio público. Pero nombrar lo ocurrido no agota la justicia. Entre la memoria y la impunidad, queda abierto el camino hacia la verdad y la reparación, un proceso que no depende solo de los testimonios, sino de la voluntad de las instituciones y de la sociedad de no volver a mirar hacia otro lado.
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Revista independiente cubana, fundada el 16 de octubre de 2016. Desde el editorial inaugural, autodefinida como «un espacio para la expresión de las mujeres, para cubrir las problemáticas de género y las búsquedas de equidad».
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