Régimen cubano prohíbe al músico y preso político, Maykel Castillo, asistir al velorio de su abuela
Maykel Castillo se encuentran cumpliendo una sanción de 9 años en la prisión 5 y medio en Pinar del Río y ha sido sometido a golpizas, malos tratos y negativas de asistencia médica.

Las autoridades cubanas impidieron este martes 1 de abril de 2025 que el rapero y preso político Maykel Castillo Pérez, conocido como Maykel Osorbo, pudiera asistir al velorio de su abuela Hilda Rojas Mora, fallecida en la mañana a los 85 años en La Habana.
El entierro estaba previsto para las 8:50 de la mañana del siguiente. Su familia había solicitado que se le permitiera despedirse de Hilda Mora, figura materna para Maykel. “Lo que queremos es que mi primo la vea por última vez y se despida de ella”, rogó un familiar. Pero la represión oficial otra vez se impuso.
“No les duele nada”
Horas después del sepelio, se difundió un audio en el que Osorbo condenaba el cinismo de los agentes que intentaron “consolarlo” en la prisión de prisión 5 y medio en Pinar del Río, tras negarle el traslado:
“A los dos militares que vinieron aquí a darme las condolencias: conmigo no se conduelan. A ustedes no les duele nada. Ustedes no son personas coherentes, no son buenas personas. No vengan aquí a decirme que ‘tu abuela falleció y no te pudimos llevar’. Dejen la película, que si el reglamento… ¿qué reglamento si ustedes violan todos los reglamentos?”
La curadora y activista cubana Anamely Ramos también expresó su dolor e indignación en redes sociales:
“Ustedes saben muy requetebién que cuando les da la gana no hay ley, ni reglamento, ni siquiera ser humano que quede en pie ante su voluntad perversa. Cuando les da la gana arrasan con todo.
Los maldigo mil veces, arderán en todos los infiernos y ojalá en el de aquí también. Me va a encantar verlos. ¡Criminales de poca monta! ¡Cobardes!”
No es la primera vez que el régimen impide un acto de despedida a un artista disidente. En mayo de 2021, Luis Manuel Otero Alcántara tampoco pudo asistir al velorio de su abuela mientras permanecía retenido a la fuerza en el Hospital Calixto García, sin estar bajo ninguna sanción judicial.
El castigo extendido a las familias de los presos políticos
El caso de Maykel Osorbo forma parte de un patrón de castigo emocional sistemático que se extiende a las familias de los presos políticos. Tras las protestas del 11J, decenas de madres, esposas e hijas han asumido el rol de cuidadoras en condiciones extremas. La represión, la falta de recursos y el acoso institucional han dejado huellas irreparables en muchas de ellas.
Tres casos lo confirman:
- Ana Rosa Valdés, madre del preso político Carlos Paul Michelena Valdés, murió víctima del dengue en medio de un severo cuadro depresivo, según relató el activista Marcel Valdés.
- Ana María Conde Alemán, madre del prisionero Ramón Pérez Conde (Moncho), falleció de un infarto durante una huelga de hambre que su hijo realizaba en prisión. Tenía más de 80 años.
- Susana María González Fernández, madre de Juan Luis Sánchez González, murió en febrero de 2022 en Isla de la Juventud también por un infarto.
Estas pérdidas no son accidentes. Son la consecuencia directa de un sistema que prolonga la condena más allá del reo, extendiéndola a todo su entorno. El desgaste físico, psicológico y emocional de las familias cubanas que enfrentan la cárcel política es una forma de tortura invisible, pero devastadora.
Arrebatarles la despedida es otro tipo de violencia
Que Maykel Osorbo no haya podido decir adiós a su abuela no es solo una anécdota trágica, sino un síntoma de algo mucho más grave: la instrumentalización del dolor humano como castigo político. El régimen sabe que impedir un adiós es una forma de romper algo dentro de la persona. Es otro tipo de violencia política para amedrentar.
Como tantas veces, la crueldad no es un error, sino una estrategia.
Pero también hay otro patrón que se repite: la resistencia. La de Maykel, la de Eliannis Ramírez, madre de Damir Ortiz, la de las madres de los prisioneros del 11J. Mujeres y hombres que, aun en su duelo, se niegan a dejar de denunciar.
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