Marco Rubio y el nieto de Raúl Castro hablan sobre el futuro de Cuba
Washington mantiene conversaciones con el poder real en Cuba, al margen de las estructuras oficiales del régimen. La Habana lo niega; Trump lo confirma.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, mantiene conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y cuidador personal del ex presidente cubano Raúl Castro, según reveló el miércoles 18 de febrero el portal estadounidense Axios. El diálogo elude deliberadamente los canales formales del régimen cubano y al dictador Miguel Díaz-Canel, a quien Washington considera un mero funcionario del aparato —un apparatchik, según lo describen las fuentes citadas por Axios— sin capacidad real para negociar cambios estructurales en la isla.
Las conversaciones, descritas como “sorprendentemente amistosas” por una fuente familiarizada con ellas, representan uno de los primeros indicios concretos de que la administración Trump está explorando vías de transición política en Cuba al margen de las instituciones formales del régimen castrista. Su lógica se asemeja a la que Washington siguió en Venezuela antes y después de la captura de Nicolás Maduro en enero: cultivar interlocutores dentro del sistema que puedan facilitar —o no impedir— un cambio de poder.
“El Cangrejo”
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 41 años, es conocido en los círculos políticos cubanos como “Raulito” o, por su apodo más singular, “El Cangrejo”, un mote que alude a la deformación en uno de sus dedos. Es el nieto favorito de Raúl Castro, de 94 años, cuida de él y fue durante años su guardaespaldas personal. Su padre, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, fue hasta su muerte el presidente del conglomerado militar-empresarial GAESA, que controla buena parte de la economía cubana. Su madre es Deborah Castro Espín.
Para la administración Trump, Raulito reúne varias condiciones que lo hacen valioso como interlocutor. Es, según una fuente citada por Axios, “la niña de los ojos” Raúl Castro, a quien Washington considera el verdadero poder en la isla aunque ya no ocupe ningún cargo oficial. Tiene además acceso a los sectores que controlan los recursos estratégicos del país. Y representa, en la lectura del equipo de Rubio, a una generación más joven y pragmática para la cual el comunismo ha fracasado y que ve con buenos ojos un acercamiento a Estados Unidos.
“No hay diatribas políticas sobre el pasado. Se trata del futuro”, señaló a Axios una fuente familiarizada con los contactos.
Lo que Washington busca y lo que no

Un alto funcionario de la administración Trump dejó clara la intención final: “Nuestra posición —la posición del gobierno de Estados Unidos— es que el régimen tiene que irse”. Pero ese mismo funcionario reconoció que los detalles de cómo se materializará ese cambio son una decisión que el presidente Trump aún no ha tomado.
“Rubio sigue en conversaciones con el nieto”, añadió el funcionario, que prefirió no definir los contactos como “negociaciones”, sino solo como “discusiones sobre el futuro”. Es una distinción importante, porque admitir que se trata de negociaciones formales implicaría reconocer al régimen como un interlocutor legítimo, algo que Washington no está dispuesto a hacer públicamente.
Otra fuente con conocimiento de los contactos los describió en clave venezolana: “Están buscando a la próxima Delcy en Cuba”. La referencia a Delcy Rodríguez, vicepresidenta venezolana que se convirtió en pieza clave de la transición tras la captura de Maduro, apunta a la posibilidad de que Estados Unidos esté dispuesto a hacer acuerdos con sectores del sistema, no necesariamente a desmantelarlo por completo.
Trump lo confirma; La Habana lo niega
Donald Trump ha confirmado en varias ocasiones la existencia de conversaciones con Cuba, aunque sin ofrecer detalles. A bordo del avión presidencial, declaró el 16 de febrero: “Estamos hablando con Cuba ahora mismo. Marco Rubio está hablando con Cuba ahora mismo, y deberían totalmente llegar a un acuerdo, porque es... realmente, una amenaza humanitaria”. En días previos había descrito a Cuba como un “Estado fallido” y no había descartado una acción militar similar a la de Venezuela.
El gobierno cubano ha negado que existan conversaciones. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, fue rotundo al decir: “No existe ningún diálogo de alto nivel entre el gobierno de Estados Unidos y Cuba. Ni siquiera hay diálogo a nivel intermedio”. El Ministerio de Relaciones Exteriores envió a Axios, en respuesta a su solicitud de comentario, un comunicado dirigido originalmente a un periodista mexicano: el texto negaba los contactos con otro miembro de la familia Castro, Alejandro Castro Espín, pero no abordaba los que se describen en el reportaje.
Fernández de Cossío había calificado los rumores de negociaciones como “chismes” y “cortinas de humo” destinados a desviar la atención sobre lo que La Habana denomina un “criminal e inhumano estrangulamiento energético”. Cuba, insistió el viceministro, no está dispuesta a discutir cambios a su sistema constitucional ni a su modelo político: “No estamos listos para discutir nuestro sistema constitucional, así como suponemos que Estados Unidos no está listo para discutir el suyo”, dijo en declaraciones a CNN. Al mismo tiempo, reconoció que ha habido “algunos intercambios de mensajes” con los más altos niveles del gobierno cubano.
Por su parte, el presidente Díaz-Canel declaró que Cuba está dispuesta a un diálogo “sin presiones” y “en igualdad de condiciones”, pero rechazó cualquier conversación sobre un cambio de régimen. El Departamento de Estado estadounidense no negó los contactos revelados por Axios, aunque declinó hacer comentarios públicos al respecto.
La lógica del canal paralelo

La estrategia descrita por Axios sugiere que Washington no parece creer que Díaz-Canel tenga poder real para tomar decisiones de peso. Él y otros altos funcionarios del Partido Comunista son vistos, según fuentes citadas por el portal, como burócratas sin margen de maniobra, engranajes de un sistema cuya palanca de mando sigue estando en manos del anciano Raúl Castro. De ahí que los contactos se establezcan con su círculo inmediato.
La estrategia tiene precedentes en la historia de la diplomacia informal estadounidense. Antes de la captura de Maduro, Rubio y otros funcionarios de la administración Trump tuvieron intercambios con élites venezolanas al margen del gobierno formal. El resultado —una transición negociada que preservó a ciertos actores del sistema— es el modelo que algunos analistas ven reflejado en los movimientos actuales hacia Cuba.
Lo que todavía está por verse es si ese canal paralelo puede conducir a un cambio real y en qué posición quedarían entonces las estructuras oficiales que públicamente lo niegan.
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