Jeffrey Epstein y sus archivos: poder, impunidad y justicia (parte 1)
El caso del depredador sexual Jeffrey Epstein desnuda las fallas en los sistemas de justicia, la impunidad de las élites y la corrupción del poder.
Durante años, el magnate estadounidense Jeffrey Epstein dirigió una red de tráfico sexual de menores que involucró a algunas de las figuras más poderosas del mundo. Su caso ha provocado escándalo no solo por ser la historia de un connotado depredador sexual, sino también porque desnuda las profundas fallas en los sistemas de justicia, la impunidad de las élites y los oscuros vínculos entre poder, dinero y corrupción.
Primeros indicios del comportamiento depredador
Las primeras evidencias documentadas del comportamiento depredador de Jeffrey Epstein se remontan a 2005, cuando los padres de una niña de 14 años en Palm Beach, Florida, denunciaron a Epstein por abusos sexuales contra su hija. La investigación reveló un modus operandi consistente: Epstein reclutaba a sus víctimas, casi siempre de familias vulnerables, con la promesa de que ganarían dinero por darle masajes en su mansión.
La investigación del FBI identificó inicialmente a 34 menores, número que luego aumentó a 40. Sin embargo, en 2018 la periodista Julie Brown identificó a unas 80 víctimas y localizó a cerca de 60 de ellas. Los detalles revelados fueron escalofriantes: según las acusaciones, unas trillizas de 12 años fueron llevadas en avión desde Francia para el cumpleaños de Epstein y regresaron al día siguiente después de que este abusara de ellas.
Una característica central del sistema de Epstein era su esquema piramidal de reclutamiento. Abusaba de las menores, pero también pagaba a algunas de sus víctimas para que reclutaran a otras, creando así lo que los fiscales han descrito como “una vasta red de víctimas menores de edad”.
En 1996, una década antes de que este caso saliera a la luz, Maria Farmer había presentado una declaración jurada en un tribunal federal de Nueva York, alegando que ella y su hermana de 15 años, Annie, habían sido agredidas por Epstein y Ghislaine Maxwell en 1996. Maria conoció a Epstein y Ghislaine en la Academia de Arte de Nueva York, en 1995, y fue contratada para trabajar en un proyecto de arte en la mansión de Leslie Wexner en Ohio, donde fue abusada sexualmente. A pesar de su denuncia, la policía y el FBI no tomaron acciones.
El caso de las hermanas Farmer demuestra que las autoridades sabían del comportamiento de Epstein desde mediados de los años noventa, mucho antes de que comenzaran las investigaciones formales en 2005.
Dinero, relaciones de élite y acumulación de poder

El rápido ascenso de Jeffrey Epstein y la naturaleza exacta de su fortuna son en gran medida un misterio. Según The New York Times, Epstein hizo parte de su riqueza ofreciendo servicios fiscales y patrimoniales a multimillonarios. Sin embargo, varios investigadores señalan que la opacidad de sus operaciones financieras y la magnitud de su capital implican que sus ingresos no provienen de la simple gestión financiera.
Lo cierto es que, sin formación universitaria, Epstein logró insertarse en los círculos financieros más exclusivos del mundo. Leslie Wexner, magnate de la moda y propietario de Victoria's Secret, le entregó la gestión de su negocio de 1.4 mil millones de dólares en 1989, con un poder notarial que lo autorizaba a cobrar sus cheques y disponer de su dinero.
Por otra parte, Epstein creó una red de relaciones con figuras muy influyentes. Entre sus “amigos” había políticos como el príncipe británico Andrew Mountbatten-Windsor y los presidentes Bill Clinton y Donald Trump; tecnólogos como Bill Gates, Elon Musk, Larry Summers y Larry Page; académicos como Alan Dershowitz y Noam Chomsky; y celebridades como Naomi Campbell, Kevin Spacey y Chris Tucker.
Ghislaine Maxwell, hija del magnate mediático británico Robert Maxwell, fue una pieza clave de su red. Según testimonios de sobrevivientes, ella lo ayudó a reclutar y preparar a niñas, facilitó viajes y a veces participó en el abuso. Maxwell fue arrestada en 2020 y condenada por múltiples cargos, incluyendo conspiración y tráfico de una menor para actividades sexuales ilegales.
Maxwell y Epstein habían sido pareja en los años noventa, pero siguieron siendo amigos hasta la muerte de él. Ella le proporcionó acceso a redes sociales de élite y actuó como la “cara respetable” de la operación, dando una apariencia de normalidad a actividades criminales muy graves.
La isla Little St. James

En 1998, Epstein compró por 7.95 millones de dólares la isla Little St. James en las Islas Vírgenes, y la convirtió en el epicentro de su operación de tráfico sexual. Utilizando aviones privados, helicópteros, barcos y otros vehículos, Epstein llevaba a mujeres jóvenes y niñas a su residencia en la isla. Allí, las víctimas eran coaccionadas y sometidas a servidumbre sexual.
Estas operaciones continuaron, mucho después de la primera condena de Epstein en 2008. Todavía en 2018, los controladores de tráfico aéreo y el personal del aeropuerto reportaron haber visto a Epstein salir de su avión con niñas que parecían tener entre 11 y 18 años.
Según los testimonios de sus víctimas y empleados, Epstein había instalado cámaras de seguridad de 24 horas en cada habitación de sus residencias. Este sistema de vigilancia no era solo para seguridad; muchos han especulado que servía para recopilar material comprometedor sobre sus invitados, aunque la afirmación no ha sido probada definitivamente en los tribunales.
Las víctimas relataron que había reglas estrictas en la isla: se les decía cuándo comer, qué ponerse, y el personal las monitoreaba todo el tiempo. Algunas niñas reportaron que les quitaban los pasaportes y que escapar era imposible debido al aislamiento y la vigilancia.
Los documentos judiciales revelan intentos desesperados de huir. Una víctima de 15 años intentó escapar a nado, pero Epstein y sus aliados la localizaron, le quitaron el pasaporte y la mantuvieron cautiva. Otra víctima que intentó huir fue atrapada por una partida de búsqueda organizada por el propio Epstein, quien la amenazó con daños físicos si no cooperaba.
La operación de Epstein en las Islas Vírgenes se sostuvo, en parte, gracias a la complicidad local. JPMorgan Chase declaró ante una corte de Nueva York que la principal distribuidora de fondos de Jeffrey Epstein a políticos y funcionarios de las Islas Vírgenes fue Cecile de Jongh. Entre otros muchos, Cecile obtuvo fondos de Epstein para que Stacey Plaskett resultase electa al Congreso de los Estados Unidos.
El acuerdo de no enjuiciamiento y el Mossad
En 2008, tras una investigación federal que identificó a 40 víctimas menores de edad, el fiscal federal Alexander Acosta ―que luego sería Secretario de Trabajo en la administración Trump― llegó a un acuerdo de no enjuiciamiento muy favorable para Epstein, permitiendo que se declarara culpable de solo dos cargos estatales relacionados con la prostitución en Florida y evitando así cargos federales por tráfico sexual. Epstein cumplió 13 meses en una institución penitenciaria privada, con autorización para trabajar seis días por semana fuera de la prisión. El acuerdo también garantizó inmunidad a todos los posibles co-conspiradores.
Una revisión posterior del Departamento de Justicia concluyó que Acosta había juzgado pobremente a Epstein, pero no lo consideró su juicio como una mala conducta profesional. Sin embargo, el propio Acosta admitió más tarde que le habían dicho que Epstein “pertenecía a la inteligencia” y que debía dejarlo en paz.
Una de las teorías más controvertidas sobre Epstein es su supuesta conexión con los servicios de inteligencia israelíes, el Mossad. Aunque no existe evidencia verificada al respecto, hay múltiples elementos circunstanciales que han alimentado esta especulación: su conexión con Robert Maxwell, el padre de Ghislaine, que según revelaciones posteriores a su muerte en 1991, trabajó secretamente para el Mossad, y a cuyo cepelio acudieron varios primeros ministros israelíes, con Shimon Peres dando el elogio fúnebre; los testimonios de Ari Ben-Menashe, un exoficial de inteligencia israelí, quien afirmó que Epstein y Ghislaine dirigían “trampa de miel” del Mossad para chantajear a élites globales; y la cercana relación de Epstein con Ehud Barak, exprimer ministro de Israel y figura clave de la inteligencia militar israelí.
Un memo del FBI de 2020 incluye alegaciones de que “Epstein era un agente cooptado del Mossad”, señalando que “Epstein estuvo cerca del exprimer ministro de Israel, Ehud Barak, y fue entrenado como espía bajo él”. Además, algunas investigaciones recientes revelaron que Epstein jugó un papel importante como mediador en acuerdos para la inteligencia israelí, incluyendo el establecimiento de un canal secreto entre Israel y Rusia durante la guerra civil siria.
Los funcionarios israelíes han negado categóricamente estas alegaciones y el exprimer ministro Naftali Bennett declaró: “La acusación de que Jeffrey Epstein de alguna manera trabajó para Israel o el Mossad dirigiendo un anillo de chantaje es categórica y totalmente falsa”.
Visita de Epstein a Cuba y encuentro con Fidel Castro

En marzo de 2003, en medio de las investigaciones sobre sus actividades criminales, Epstein hizo un viaje a Cuba. El expresidente colombiano Andrés Pastrana reveló que viajó en el avión de Epstein desde las Bahamas a La Habana por invitación de Fidel Castro. Pastrana declaró: “El Sr. Jeffrey Epstein dejó Cuba un día o dos después; yo me quedé en la isla”.
El contexto del viaje es significativo porque el día antes de que Epstein volara a La Habana en su “Lolita Express”, 75 disidentes, periodistas independientes y bibliotecarios fueron arrestados en toda la isla en una serie de redadas brutales que se conocieron como la Primavera Negra cubana.
En 2025, The New York Times reveló imágenes y documentos incautados por el FBI en la mansión de Epstein que incluían una foto de Fidel Castro y Epstein posando juntos en Cuba. La autenticidad de la foto fue confirmada por el testimonio de Pastrana.
¿Cuál fue el propósito del viaje? Según la periodista Fabiola Santiago del Miami Herald, Epstein probablemente ya estaba buscando lugares rápidos para huir de las investigaciones que habían comenzado en 2002. Cuba era y sigue siendo un oasis para fugitivos estadounidenses, cerca pero fuera del alcance de la ley estadounidense. Sin embargo, no hay evidencia de que Castro le ofreciera protección y el régimen cubano ha permanecido en silencio sobre el asunto.
Segundo arresto y muerte de Jeffrey Epstein

El 6 de julio de 2019, tras la investigación de la periodista Julie Brown del Miami Herald que reavivó el interés público en el caso, Epstein fue arrestado otra vez por agentes federales en el aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey, a su regreso de París.
Epstein fue acusado de conspiración y tráfico sexual de menores entre 2002 y 2005, período en que explotó sexualmente y abusó de docenas de niñas en sus residencias en Manhattan y Palm Beach. Los fiscales alegaron que trabajó con empleados y asociados para asegurar un suministro constante de víctimas y pagó a algunas de ellas para reclutar a otras.
Epstein enfrentaba una posible condena de hasta 45 años de prisión, pero nunca llegó a juicio. El 10 de agosto de 2019, apenas un mes después de su arresto, Epstein fue encontrado muerto en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan. Fue transportado al New York Downtown Hospital, donde se lo declaró muerto a las 7:36 a.m. La médica forense Barbara Sampson dictaminó que fue un suicidio por ahorcamiento.
La muerte de Jeffrey Epstein, que algunos consideraron “oportuna”, estuvo rodeada de irregularidades. Epstein estaba en vigilancia para evitar un posible suicidio desde el 23 de julio de 2019, tras un aparente primer intento de quitarse la vida, pero la vigilancia se retiró días antes. Su compañero de celda tuvo que acudir a una audiencia judicial el día anterior y no regresó ni se le asignó a Epstein otro compañero, a pesar de que no se le debía dejar solo. Los guardias encargados de vigilarlo no hicieron sus rondas y, además, las cámaras en su unidad no grababan la noche en que Epstein murió.
El Inspector General del Departamento de Justicia, Michael Horowitz, concluyó que la negligencia, la mala conducta y las fallas en el desempeño laboral contribuyeron al suicidio. El examen forense encontró que Epstein tenía el hueso hioides fracturado, un hallazgo que algunos patólogos independientes consideraron más consistente con estrangulamiento que con ahorcamiento por suicidio.
A pesar de que las conclusiones oficiales aseguran que se trató de un suicidio, el escepticismo público ha sido abrumador y una encuesta de Rasmussen Reports encontró que solo el 29% de los adultos estadounidenses creían que Epstein realmente se suicidó, mientras que el 42% pensaba que fue asesinado para evitar que testificara contra personas poderosas. La frase “Epstein didn't kill himself” (“Epstein no se suicidó”) se convirtió en un meme viral en 2019.
El proceso de divulgación de los archivos de Epstein, que contienen más de seis millones de páginas de documentos, imágenes y vídeos donde se detallan las actividades de él y sus asociados, ha sido largo y polémico. Mucho más escandaloso que el historial criminal del propio Epstein, lo ha sido la complicidad y la participación de figuras públicas muy conocidas, desde políticos de alto nivel en toda la gama del espectro ideológico, hasta empresarios, intelectuales y artistas de prestigio.
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