La administración Trump tiene listo un plan para Cuba, según “The Atlantic”
La política de Trump hacia Cuba combina el bloqueo energético como palanca de presión, la diplomacia y la intervención militar como último recurso.
La administración del presidente Donald Trump tiene preparado un plan para promover un cambio de régimen en Cuba que combina presión económica, maniobras legales y contactos políticos directos con el círculo íntimo de Raúl Castro, según reveló el domingo 22 de marzo la revista The Atlantic en un extenso reportaje basado en testimonios de cuatro fuentes con conocimiento directo de las deliberaciones en Washington.
Según The Atlantic, el plan para una transición en Cuba ya está listo y podría activarse en cualquier momento. “El cambio de régimen ya está preparado”, afirmó un funcionario de la administración, indicando que solo falta la decisión de presidente.
Trump ha buscado oportunidades en Cuba desde sus días en el sector inmobiliario. En octubre de 2008 solicitó una marca comercial en Cuba, que obtuvo su aprobación en 2010, y durante su primer mandato buscó oportunidades de negocios en la isla. Una persona que se reunió con él en aquella época recordó a The Atlantic que Trump estaba interesado en la posibilidad de abrir hoteles, casinos y campos de golf con su marca en el país. “Le interesa Cuba como mercado, y es completamente agnóstico sobre la política”, dijo esa fuente y aseguró que la cuestión política “no le importaba”.
La crisis cubana como oportunidad
El gobierno de Estados Unidos sabe que la grave crisis que atraviesa Cuba la hace vulnerable. Los cortes generalizados de electricidad, la escasez de alimentos y combustible, el deterioro de los servicios básicos y el descontento popular colocan al régimen de la isla en una posición insostenible. Esta situación es, para Washington, una excelente oportunidad para impulsar cambios políticos en la isla.
El lunes 16 de marzo, Cuba sufrió un apagón total, el sexto en un año y medio. Trump aprovechó el momento para aumentar su presión sobre el régimen: desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, junto a su secretario de Estado, declaró: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”.
Según The Atlantic, más allá de la presión política, la estrategia de la administración Trump contempla abrir la isla a una era de inversión y control económico bajo condiciones favorables para Estados Unidos. “Hay miles de millones de dólares en juego”, dijo un funcionario a ese medio.
Conversaciones secretas

Otro de los factores en el plan de Washington para Cuba es la estrategia diplomática. El 18 de febrero, Axios reveló que el secretario de Estado, Marco Rubio, mantenía conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro (El Cangrejo), nieto favorito de Raúl Castro, y que las conversaciones habían evitado deliberadamente los canales oficiales: “Nuestra posición es que el régimen tiene que irse, pero cómo se logrará eso depende del presidente Trump, que aún no ha decidido”, dijo una fuente a Axios.
Rubio y su equipo ven en el nieto de Castro a un interlocutor pragmático, representante de una generación de cubanos para quienes el comunismo revolucionario ha fracasado y que consideran oportuno un acercamiento con Estados Unidos.
El propio 16 de marzo, The New York Times reportó por su parte que la administración Trump había sugerido la salida del dictador Miguel Díaz-Canel como condición para avanzar en cualquier acuerdo. El diario basó su reportaje en otras cuatro fuentes anónimas familiarizadas con las negociaciones, según las cuales la administración Trump no estaba buscando un cambio político profundo en Cuba ni erosionar el poder de la familia Castro. Marco Rubio descartó la información, calificándola de “noticia falsa” y cuestionó al medio por apoyarse en “charlatanes y mentirosos”. El Times respondió señalando que la redacción se había puesto en contacto con el Departamento de Estado antes de la publicación y que este no había negado la veracidad de su información.
Lo cierto es que Rodríguez Castro mantiene vínculos con el conglomerado militar-empresarial GAESA, que controla los principales sectores económicos del país, y fuentes cercanas al equipo de Trump lo ven como representante de una generación de cubanos más jóvenes con los cuales Washington podría llegar a un acuerdo favorable.
El modelo venezolano y la transición gradual
Sin embargo, The Atlantic advierte que la vía diplomática es frágil y puede colapsar en cualquier momento, pues el historial de las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba no es alentador.
Los intentos de diálogo de la administración Trump con los regímenes de Irán y Venezuela en los últimos meses tampoco llegaron al resultado que se esperaba, lo que desencadenó intervenciones militares en ambos países. Por eso, los funcionarios consultados por The Atlantic piensan que probablemente el enfoque de la Casa Blanca hacia Cuba reproduzca el modelo de Venezuela, y varios de ellos calificaron la operación que condujo a la captura de Maduro como un “ensayo general” para La Habana.
Trump ha sugerido que busca una solución amistosa en el caso cubano, pero su discurso se ha endurecido en los últimos meses, llegando a decir que “se ocupará” de Cuba cuando concluya la guerra en Irán. Dentro de su círculo, sin embargo, existe el interés de evitar un colapso desordenado que desencadene otra crisis migratoria. Este enfoque favorece una transición gradual que combine estabilidad interna con apertura económica, negociando con figuras pragmáticas del régimen.
Una política de máxima presión con final abierto

Lo que revelan tanto The Atlantic como Axios, The New York Times y otros medios, es que la política estadounidense hacia Cuba se mueve en varios planos: el bloqueo energético como palanca de presión, las conversaciones secretas como vía diplomática, y la amenaza de intervención militar como último recurso.
Trump no parece buscar el desmantelamiento total del sistema político cubano, sino una apertura de la isla a la inversión estadounidense —sobre todo en turismo, bienes raíces e infraestructura—, para lo cual intenta eliminar obstáculos, como Díaz-Canel, y encontrar actores que compartan sus intereses.
En ese sentido, la elección del nieto de Raúl Castro como interlocutor es reveladora, aunque las fuentes consultadas por The Atlantic manejan otros dos nombres: Manuel Marrero Cruz, el primer ministro actual, a quien algunos ven como un tecnócrata pragmático; y Óscar Pérez-Oliva Fraga, familia de los Castro y viceprimer ministro, quien declaró recientemente que Cuba estaba abierta a una “fluida relación comercial” con empresas estadounidenses.
El paralelismo con Venezuela es obvio para las fuentes de The Atlantic: la operación en Caracas fue, según ellos, un “ensayo general” para La Habana. Aunque advierten que Cuba tiene características muy particulares: carece de una oposición política estructurada, su economía es precaria, y la hostilidad mutua entre el régimen y el exilio es intensa, sobre todo en Miami. Por eso, un acuerdo que mantenga a figuras del aparato castrista provocaría frustración entre los cubanoamericanos, que son un electorado clave en Florida.
La incógnita sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba, según The Atlantic, es lo que pueda decidir Trump. Con un plan ya diseñado en sus manos, todo depende de si quiere o no abrir otro frente en el Caribe mientras sigue enredado en el conflicto con Irán.
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