Mujeres, madres y cuidadoras disputan derechos: pistas para un activismo feminista

“El rótulo de ‘mujeres que cuidan’ no tiene un sentido progresista per-se, porque eso es justamente lo que está previsto dentro del orden social normativo que impone esas mismas condiciones a las mujeres y las naturaliza”.

17/01/2024
en una pared escrito se lee la palabra feminismos
Imagen: Alas Tensas

No estoy aquí para osar desmerecer ningún tipo de reivindicación pronunciada desde ese lugar social que condensa una intersección nada desdeñable: ser mujer cisgénero, madre y reconocerse como cuidadora de otras personas (hijos u otros familiares). Tampoco me interesa la certeza del sentido común, muchas veces dogmático y por eso peligroso. Lo que me anima en este texto es justamente la contradicción, la posibilidad de acogerla sin simplificarla en soluciones binarias de esto o aquello. A la par de ello, intento pensar a partir de trayectorias acumuladas de análisis y luchas feministas para observar de forma crítica, las diferentes aristas de la intersección antes mencionada. Puede que mi argumento suene contraintuitivo, pero lo más importante es que, tal vez, podamos expandir los horizontes analíticos.

Actualmente es posible observar tanto en las redes virtuales como en espacios sociales cubanos, acciones protagonizadas por mujeres que o bien se proponen disputar derechos, desde ese lugar:  —madres y cuidadoras— o bien son colocadas por quienes producen contenidos en las redes, dentro de ese registro. Así, es posible constatar diversos contenidos (podcast, materiales periodísticos, etc.) que visibilizan acciones sociales (organizadas colectivamente o no) de mujeres que les exigen al Estado mejoras en la alimentación disponible para la infancia, soportes hospitalarios de calidad, entre otras cuestiones relacionadas con esa esfera del cuidado (que extrapola la casa). Concretamente: se trata de mujeres que ejercen el trabajo de cuidado y, a partir de ese lugar, enuncian sus peticiones de forma que el Estado las escuche y resuelva las mismas. 

Si la acción colectiva de mujeres que busca la transformación social de determinados aspectos de la realidad (como el propio trabajo de cuidado) ha sido históricamente el caldo de cultivo de las luchas feministas, vale la pena reflexionar sobre los fundamentos feministas de tales acciones.

El ejercicio analítico que estoy proponiendo en esta columna es que pensemos: de qué forma ese tipo de acciones sociales pudiera elevar su potencial transformador, si se basara en fundamentos feministas? Desde ya anticipo que no voy a ofrecer una receta, aunque sí algunas pistas para que pensemos en torno a esa pregunta. Al mismo tiempo, defiendo que la organización colectiva feminista posee un potencial altamente transformador de ese orden social hegemónico que hasta hoy, posiciona el trabajo de cuidado como un trabajo femenino e incluido en el paquete de la maternidad.

Es preciso explicitar algunos presupuestos (que no por evidentes son necesariamente bien comprendidos) del argumento que orienta mis reflexiones en este texto. Veamos: 

  • Ni toda acción social protagonizada por mujeres es feminista
  • Ni toda acción social tiene como horizonte la emancipación social y, consecuentemente la transformación de relaciones de opresión basadas en el género. Hay acciones sociales que se inscriben en el espacio de la catarsis social, del desahogo y no por eso, necesariamente, conllevan un potencial revolucionario y transformador. Eso no significa que tales acciones no sean importantes, pero debemos comprenderlas justamente dentro de sus límites y posibilidades. 
  • Si los feminismos, al menos sus vertientes más críticas, nos permiten construir horizontes de emancipación social, es precisamente porque han producido análisis consistentes y rigurosos sobre las opresiones de género. Tales análisis son el punto de partida para la construcción de estrategias y tácticas de lucha política feminista
  • La bandera de la maternidad, de madres protagonizando reivindicaciones en torno del cuidado, es de entrada, un movimiento legítimo, no obstante no es necesariamente un movimiento radical, a veces puede ser apenas reformista del orden de género. Tampoco es necesariamente feminista y, por contradictorio que parezca, puede servir para reforzar el orden social imperante que establece que las mujeres continúen siendo las principales cuidadoras. Al menos desde mi punto de vista, el horizonte más radical sería aquel en el que las mujeres no tuvieran un lugar central y protagónico en los trabajos de cuidado. Un camino mucho más radical sería la valorización de este trabajo como lo que es: —un trabajo y no una dádiva— y su descentralización de la figura de las mujeres/madres, lo que implicaría en una redistribución de ese trabajo. 

Al final se trata de una cuestión feminista pues lo que está en el centro del debate es: división social del trabajo, cuidado de la infancia, etc.  Estas son cuestiones que el feminismo de la reproducción social hace unos años, viene delimitando como trabajo, es decir, esa labor invisible y sistemáticamente desvalorizada de manutención de la vida (dar comida, dar baño, llevar al hospital, entretener y jugar con la infancia, apoyar en la realización de tareas escolares y un largo etcétera que no cabe en estas líneas) llevado a cabo por mujeres

Una cosa es que ese trabajo sea una cuestión feminista (objeto de análisis y de disputa política feminista). Otra cosa distinta es que el autorreconocimiento (o reconocimiento público de terceras personas) como mujer, madre y cuidadora sea, en sí mismo, por sí solo, per-se, una posición feminista. No lo es, y reforzar ese lugar como si fuera una fórmula feminista (a la hora de disputar la transformación de ese orden), puede acabar boicoteando propósitos feministas.

Para ser más explícita: no se trata de impedir o prohibir que nadie se reconozca como tal. Lo que quiero decir es que el rótulo de “mujeres que cuidan”, “madres que cuidan” no tiene un sentido progresista per-se, porque eso es justamente lo que está previsto dentro de un orden social normativo, que impone esas mismas condiciones a las mujeres y las naturaliza.

El feminismo problematiza y deconstruye esos lugares como “destinos femeninos”. Por tanto: ¿cómo estas clasificaciones ayudan en el avance de reclamos por justicia social? Precisamente por eso preservo una actitud de duda delante de la realidad: —“mujeres, madres y cuidadoras disputan derechos: ese es un activismo (necesariamente) feminista?” ; mi respuesta será: depende… Puede haber confluencias provechosas y puede también haber desencuentros entre esas dos agendas.

El desencuentro entre ese tipo de pautas puede ser, inclusive, un indicador de la presencia (o ausencia) y articulación del feminismo en la esfera pública. Las reivindicaciones por derechos humanos (comida, acceso a la salud, etc.) son legítimas en sí mismas; otra cosa es que se inscriban en un registro feminista. De lo que no quedan dudas es de que la confluencia entre ambas se moviliza el potencial transformador de esas reivindicaciones. 

¿Qué podemos aprender con el feminismo de la reproducción social?

Uno de los elementos más originales de lo que se ha consolidado como una Teoría de la Reproducción Social, es precisamente la crítica al trabajo doméstico dentro del contexto de una economía política capitalista. O sea, el feminismo de la reproducción social, diferente del feminismo de la igualdad, por ejemplo, fue incisivo al proclamar que no bastaba tomar a la sobrecarga femenina de trabajo doméstico como objeto de una crítica feminista; además de ello era necesario escrutinar la conexión de este trabajo masacrador de las mujeres, con el sistema de producción capitalista. 

No es coincidencia que la Teoría de la Reproducción Social sea una afiliada del marxismo aún cuando ella se delinee como una teoría feminista pues las reflexiones Clara Zetkins y Alexandra Kollontai, Lisa Vogel, entre otras, fueron esenciales para su consolidación.

En resumen, una de las lecciones que podemos extraer de la crisis del cuidado es que ella expone contradicciones enraizadas en un orden socio-económico desigual. Por tanto, podemos sugerir que la solución a esa crisis no estaría apenas una política social, sino en superar la subordinación del trabajo de manutención de la vida al trabajo que se considera “productivo”. Sin pretensiones de renunciar a políticas de protección social, parece mucho más prometedor reimaginar esa relación entre trabajo productivo y reproductivo, lo que implica necesariamente reimaginar o hasta destruir el orden de género como lo conocemos hoy.

...

Psicóloga por la Universidad de Oriente, Cuba. Máster en Intervención Comunitaria (CENESEX). Doctora en Ciencias Humanas (Universidad Federal de Santa Catarina). Investigadora de Post Doctorado vinculada a la Universidad de São Paulo, Brasil. Feminista, con experiencia en varias organizaciones y movimientos sociales.