Ser feminista es un privilegio

“Mediante la organización y la acción colectivas, podemos provocar el cambio de la estructura patriarcal, machista y racista en la que vivimos”, afirma la artista y activista Laura Vargas.

| Opinión | 08/12/2023
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“Privilegio”. Collage: Laura Vargas

Hoy, más que nunca, los feminismos se encuentran en un camino incierto. Por un lado, provocan divisiones y hostilidad, pero al mismo tiempo empoderan y ofrecen la oportunidad de cuestionar sus propias estructuras, de incluir y de involucrar a todas las personas. Creo firmemente en que los feminismos deberían ser para todas y todos. Sin embargo, es responsabilidad individual y colectiva cuestionar y reflexionar sobre la diversidad de ideas, conceptos, teorías, estrategias, acciones y corrientes que se han desarrollado y cómo han impregnado en el movimiento a lo largo de la historia. A partir de esta reflexión, decidimos cómo construirlo.

En los últimos años, el tema de los privilegios ha cobrado relevancia en los debates feministas. Se generan diversas reacciones, desde la negación y la ira hasta la aceptación y reflexión en espacios como Facebook, hilos de Twitter, reels de Instagram, y medios de comunicación en general.

Los privilegios ha cobrado relevancia en los debates feministas. Collage de Laura Vargas.
Ilustración: Laura Vargas

Me considero feminista y me ha llevado tiempo cultivar una práctica que me sostiene y alienta a una reflexión constructiva y enriquecedora constante. Esta es la esencia del feminismo que resuena en mí.

Mi camino hacia el feminismo ha sido paulatino. Durante mucho tiempo, creí que la lucha por la igualdad de género era un proceso gradual. Pensaba que el mero hecho de ocupar espacios históricamente dominados por hombres acabaría conduciendo a un equilibrio social. Mirando hacia atrás, no puedo evitar sentir lástima por mi yo del pasado. Estaba ciega ante las realidades de la opresión, ni siquiera podía ver la violencia que se ejercía sobre mí y otras mujeres como yo. En esa primera etapa, el concepto de privilegio me resultaba completamente ajeno. ¿Qué privilegios podría tener yo como mujer?

Los privilegios no son construcciones abstractas o subjetivas; son realidades tangibles en nuestra sociedad. El problema de nuestra comprensión de los privilegios es que a menudo consideramos que tener privilegios garantiza una vida cómoda y sin dolor. No vemos más allá de nuestras propias experiencias de sufrimiento, lo que limita nuestras perspectivas y nos impide ver el panorama general.

Como feminista, he llegado a comprender que el privilegio no consiste solo en tener acceso a recursos u oportunidades determinadas. Se trata de las ventajas invisibles que conllevan determinadas posiciones sociales, como ser blanco, hombre, sin discapacidad, cisgénero, heterosexual o rico. Estas identidades no son intrínsecamente malas, pero conllevan una serie de ventajas sociales que a menudo se dan por sentadas.

He llegado a comprender como mujer cisgénero, el privilegio que supone no tener que preocuparme por sufrir discriminación por mi identidad de género. Como mujer blanca, reconozco el privilegio de no ser objeto de racismo. Como mujer sin discapacidad, es un privilegio no tener que navegar por espacios inaccesibles o enfrentarme al capacitismo.

Durante algún tiempo negué todo esto porque significaba cuestionarme. Sin embargo, una de las ventajas de reconocer mis privilegios es ir aprendiendo a saber cuándo debo callarme. Ahora comprendo que hay momentos en los que mi voz no es necesaria, y que es importante escuchar las experiencias y perspectivas de otras personas. Como ser social que no ha experimentado el mismo nivel de opresión que otros, creo que es esencial reconocer y validar las experiencias de estos. Escuchar y observar son cruciales para comprender el impacto de la opresión en las distintas personas.

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Ilustración: Laura Vargas

No obstante, lo que sí considero mi responsabilidad es compartir las opresiones que he experimentado a través de mi propio cuerpo. Es relevante para mí hablar, validar mis experiencias y las lecciones aprendidas del acoso sexual, la violencia institucional, etc. También lo es situarme en mi contexto, esforzarme por ser coherente en mis acciones cuando me encuentro con mujeres que enfrentan opresiones que ni siquiera puedo imaginar.

No tenemos que disculparnos por tener privilegios, pero debemos dejar de intentar explicar las realidades de los demás cuando realmente no las entendemos. Debemos usar nuestros privilegios para servir a los demás cuando nos lo pidan y descartar nuestro individualismo. Abstenernos de discursos que no aportan nada, pero que sí violentan a otros.

Tenemos la oportunidad de reflexionar sobre qué acciones tomar para combatir el sistema patriarcal y racista, pero ¿qué pasa con los sectores más vulnerables, violentados y marginalizados? ¿Es un privilegio hablar de feminismos o no?

No basta con hablar simplemente de feminismos; también debemos considerar la interseccionalidad de la opresión. Es crucial que reconozcamos las experiencias de quienes han sido oprimidos históricamente. Los feminismos, en su esencia más profunda, buscan transformar una sociedad más justa e igualitaria. Es un medio por el que buscamos desmantelar estructuras de opresión e ideologías de dominación. Hablar de la posibilidad de lograr igualdad revela un privilegio que poseemos. Comprometerse con alguna forma de feminismo, crear el propio, desarrollar una capacidad reflexiva es un privilegio. ¿Qué podemos hacer con él?

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Ilustración: Laura Vargas

Es importante reconocer que es mediante la organización y la acción colectivas como podemos provocar el cambio de la estructura patriarcal, machista y racista en la que vivimos. Es fundamental reconocer la posición única que ocupamos cada una, abandonando las falsas ideas de igualdad y centrándonos en las diferencias existentes entre nosotras. Debemos alejarnos de los planteamientos que consideran problemas individuales opresiones como racismo, clase, identidad de género, orientación sexual, etc. En su lugar tenemos que dirigir nuestra atención hacia las estructuras que perpetúan y generan desigualdades y dichas opresiones.

Ante la complejidad y los desafíos de los privilegios en los movimientos feministas, es crucial recordar que reconocerlos es solo el primer paso. Dada esta actitud “reflexiva” hacia el privilegio, se plantea la cuestión de si reconocerlo es un primer paso para generar cambios estructurales más profundos o si, por el contrario, refleja una concepción del privilegio como una cuestión individual e ideológica que puede superarse mediante cambios en actitudes y comportamientos individuales. No se puede simplemente reconocerlos y considerar que es un gesto suficiente y “liberador”.

Los privilegios nos invitan a reflexionar sobre nuestras propias experiencias y reconocer las desigualdades que enfrentan otras personas. Reconocerlos no implica renunciar a ellos, ya que muchos son inherentes a nuestra identidad y circunstancias personales. Se trata de hacerlos conscientes y comprender cómo operan en nuestras vidas. Se trata de señalarlos y desafiarlos, como primer paso para desmantelarlos. No podemos permitir que nos cieguen ni que se conviertan en una forma de absolvernos de responsabilidad. Debemos utilizarlos para generar un cambio real y trabajar hacia un feminismo que sea verdaderamente inclusivo y transformador.

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