EE.UU. e Irán: negociaciones al borde de una guerra de efectos impredecibles
Las negociaciones en Ginebra son quizás la última oportunidad para la diplomacia antes de que Trump decida sobre el inicio de una guerra contra Irán.
La crisis entre Washington y Teherán ha alcanzado su punto de mayor tensión en más de veinte años. Con un despliegue militar sin precedentes frente a las costas iraníes, una tercera ronda de negociaciones nucleares en curso en Ginebra y un reloj diplomático que corre contra el tiempo, el mes de febrero de 2026 podría recordarse como el momento en que el mundo estuvo más cerca de un conflicto regional de consecuencias imprevisibles.
El mayor despliegue militar desde 2003
La espiral de tensión actual tiene su origen en las protestas que estallaron el pasado diciembre en Irán y que derivaron en una brutal represión con miles de muertos. El 13 de enero, Donald Trump amenazó con intervención militar si Irán continuaba “matando manifestantes pacíficos” y prometió: “la ayuda está en camino”. El régimen iraní reaccionó advirtiendo que estaba “listo para la guerra” y la respuesta estadounidense no se hizo esperar.
El 28 de enero, Trump anunció: “una armada masiva se dirige hacia Irán” y en menos de un mes se asiste a lo que los expertos describen como el mayor despliegue naval en la región desde la guerra de 2003: dos grupos de ataque de portaaviones, 16 buques de superficie, cientos de aviones de combate y sistemas de defensa antimisiles. El despliegue incluye además bombarderos estratégicos B-2 en la base Diego García, lo que apunta a una posible repetición de la operación que en junio de 2025 destruyó las instalaciones nucleares iraníes de Fordow, Natanz e Isfahán.
Estados Unidos: diplomacia y presión

En su discurso sobre el Estado de la Unión, el 24 de febrero, Trump fue claro: “Nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo tenga un arma nuclear”, dijo, acusando a Irán de desarrollar misiles que “pronto” podrían alcanzar territorio estadounidense. “Mi preferencia es resolver este problema mediante la diplomacia”, añadió, pero recalcó que “tiene otras opciones”.
Un día después el vicepresidente JD Vance insistió: “Irán no puede tener un arma nuclear”. Antes, el propio Vance había dicho: “No estamos en guerra con Irán, estamos en guerra con el programa nuclear de Irán”. Por su parte, el secretario de Estado Marco Rubio subrayó que los misiles iraníes son un obstáculo mayor que el programa nuclear. “Irán se niega a hablar con nosotros o con nadie sobre los misiles balísticos, y eso es un gran problema”, declaró, argumentando que esos misiles “están diseñados únicamente para atacar a Estados Unidos”.
El 20 de febrero, Trump había fijado un ultimátum de “10 a 15 días” para que Irán llegara a un acuerdo y admitió que estaba considerando la posibilidad de un ataque limitado como medida de presión.
Irán: amenazas y maniobras

El líder supremo Alí Jamenei ha advertido que si Estados Unidos ataca, Irán hundirá los buques de guerra estadounidenses y desencadenará una “guerra regional mayor”. El 17 de febrero, durante la segunda ronda de negociaciones en Ginebra, Irán cerró el estrecho de Ormuz para realizar maniobras de fuego real con misiles y drones. El canciller iraní Abbas Araghchi insistió que en un eventual conflicto “no habría victoria para nadie”.
En una entrevista con la cadena CBS, Araghchi afirmó que “tenemos una muy buena capacidad de misiles, y ahora estamos incluso en una mejor situación que antes de los ataques de junio”. Por su parte, el comisionado de seguridad Yahaya Safavi amenazó directamente con lanzar sus misiles a la Casa Blanca.
El 29 de enero, Irán, Rusia y China firmaron un pacto estratégico que establece un marco de coordinación política, económica y militar. En ese contexto, a mediados de febrero se desarrollaron en el estrecho de Ormuz las maniobras “Cinturón de Seguridad Maritima”, con participación de los tres países. Aunque según expertos esto no supone una amenaza operativa para las fuerzas estadounidenses, sí “introduce consideraciones adicionales” en la planificación de cualquier ataque a Irán.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu reiteró en enero que su país no permitirá que Irán reconstituya sus programas nuclear o de misiles. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, estimó que la guerra podría comenzar en un plazo de “dos semanas a dos meses” y el nivel de alerta militar se elevó al máximo mientras el jefe de inteligencia militar, el general Shlomi Binder, viajaba a Washington para hablar con altos cargos del Pentágono, la CIA y la Casa Blanca. Un informe de Politico reveló que los asesores de Trump favorecen que Israel “ataque primero y solo”, para dar una justificación más sólida a la intervención de Estados Unidos.
Ginebra: la última oportunidad diplomática
En Ginebra, mediada por Omán, la tercera ronda de negociaciones comenzó el 26 de febrero. Washington exige que Irán renuncie por completo al enriquecimiento de uranio, que reduzca su programa de misiles balísticos y que cese el apoyo a milicias en la región. Teherán acepta discutir solo su programa nuclear, a cambio del alivio de las sanciones, y rechaza negociar sobre sus misiles, que define como “defensivos”. Araghchi sostuvo que su país tiene derecho a enriquecer uranio y que su programa es una cuestión de “dignidad y orgullo nacional”.
Con todo, hay señales de movimiento. El ministro omaní Al-Busaidi señaló que las partes habían mostrado “una apertura sin precedentes a nuevas ideas”, y fuentes de Estados Unidos citadas por Axios indicaron que Washington podría estudiar una propuesta iraní que incluya “un enriquecimiento mínimo y simbólico”, siempre que existan garantías verificables.
La tercera ronda de negociaciones en Ginebra es quizás la última oportunidad real para la diplomacia antes de que Trump decida sobre el inicio de una guerra de consecuencias impredecibles.
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