Mientras Cuba se apaga, el “Convoy Nuestra América” festeja en La Habana

La presencia de la "flotilla solidaria" coincidió con una nueva caída del sistema eléctrico y provocó críticas de activistas y periodistas, que denuncian desconexión con la crisis, cercanía con el poder y silencio sobre los presos políticos y las demandas de libertad en Cuba.

| Noticias | 23/03/2026
Acto de recibimiento a los integrantes de la flotilla.

Mientras Cuba enfrenta la segunda caída del Sistema Energético Nacional en menos de una semana, la presencia del “Convoy Nuestra América” continúa generando indignación ciudadana. En medio de la oscuridad y la precariedad cotidiana, imágenes difundidas en redes sociales muestran actividades festivas en el Pabellón Cuba, incluidos conciertos y estructuras recreativas como parques inflables.

La crisis energética que atraviesa el país no es un fenómeno coyuntural. Responde a décadas de deterioro de la infraestructura termoeléctrica, falta de inversión sostenida y dependencia de combustibles importados. En las últimas semanas, los apagones prolongados —que en algunas zonas superan las veinte horas diarias— han intensificado el malestar social y provocado protestas nocturnas en distintos puntos de la isla.

En este contexto, las actividades de los miembros del convoy han suscitado interrogantes sobre la naturaleza real de su apoyo al pueblo cubano. La distancia entre la crisis material que enfrentan amplios sectores de la población y las imágenes de celebración difundidas por los participantes ha sido uno de los principales focos de crítica.

La puesta en escena del convoy ha suscitado interrogantes sobre la naturaleza real de su apoyo al pueblo cubano.

La activista Salomé García denunció en redes sociales:

“En Cuba hay raperos y artistas presos por una canción o por cubrirse con una bandera, los niños no están yendo a la escuela porque no tienen qué desayunar, el sistema eléctrico colapsado, y a estos payasos de Kneecap y Chris Smalls (ex líder del sindicato de Amazon) les montaron un inflable en el Pabellón Cuba.”

El contraste se hizo aún más evidente mientras barrios enteros permanecían sin electricidad y el Gran Hotel Bristol Habana Vieja Meliá Collection, donde se hospedan algunos miembros del convoy, se mantenía plenamente iluminado.

Propaganda política y circuito mediático

El “Convoy Nuestra América”, impulsado por organizaciones y figuras de izquierda, es presentado como una iniciativa de apoyo al pueblo cubano. Según sus promotores, ya se han enviado cargamentos con alimentos, medicamentos e insumos básicos, y se preparan nuevas entregas desde distintos países.

Actividad de los miembros del Convoy “Nuestra América” en el Pabellón Cuba.

Sin embargo, las imágenes de los activistas que han llegado desde México a bordo del barco bautizado como “Granma 2.0” cantando y celebrando durante la travesía, son interpretadas como una muestra de desconexión con la gravedad de la crisis cubana.

Para Amelia Calzadilla, el problema va más allá de las formas:

“Una flotilla que no va a solucionar los problemas fundamentales de nuestra nación, sino que más bien viene a apoyar al tirano que los ha ocasionado. Además de esto, quiero que quede muy claro que el pueblo de Cuba, lo que ha estado pidiendo por las últimas dos semanas de manera sostenida cada noche, es su libertad.”

Y añade:

“Nosotros como pueblo no queremos ninguna forma de caridad, nosotros como pueblo no queremos que vengan a humillarnos, nosotros como pueblo queremos ser escuchados, nosotros no somos tan ingenuos de creer que la situación de nuestro país, que la crisis humanitaria que está enfrentando Cuba es resultado de unas sanciones que comenzaron hace alrededor de un mes.”

Voces críticas y acusaciones de desconexión

El rechazo también se articula desde el periodismo independiente. La periodista Luz Escobar afirmó

“Hay algo profundamente indignante en ver cómo esta gente organiza una flotilla internacional hacia Cuba «en solidaridad con su pueblo», mientras se ignora, o se decide ignorar, una realidad básica: a los propios cubanos se nos ha impedido durante años hacer exactamente eso. Y más: se nos ha impedido construir un país a nuestra imagen y semejanza.”

Numerosos usuarios cubanos han expresado su rechazo en las propias publicaciones de los integrantes del convoy. Es el caso de varios comentarios en un video publicado por el exvicepresidente español Pablo Iglesias durante su llegada a la Plaza de la Revolución.

Numerosos usuarios cubanos han expresado su rechazo en las propias publicaciones de los integrantes del convoy.

“¿Vas a preguntar a Díaz-Canel por los presos políticos (que quedan más de mil) en la isla? ¿Vas a preguntarle si habrá elecciones libres y una democracia de múltiples partidos con libertad de expresión y de asociación así como separación de poderes? Y si no, ¿por qué no? ¿Te gustaría ese sistema autoritario de partido único para España?”, le preguntó el usuario José St.

Encuentros oficiales disfrazados de solidaridad

Aunque se presenta como una iniciativa solidaria, hasta el momento los integrantes del convoy han sostenido principalmente encuentros con representantes del poder en la isla. Dinámicas más cercanas a una visita oficial que a un intercambio con la ciudadanía.

En este contexto, el cineasta Pavel Giroud también expre sus críticas a los privilegios que tienen miembros del convoy como Pablo Iglesias:

 “Como mismo dijo que nunca saldría de Vallecas, y bastó la primera nómina de diputado para que se agenciara, junto a la diputada consorte, un chalet con piscina en Galapagar. (...) Asimismo dice apoyar al pueblo cubano: viajando en primera clase, hospedado en un hotel de cinco estrellas (...) En España, una acampada de protesta lo llevó a la vicepresidencia. En Cuba sería uno de los mil y tantos presos políticos que agonizan en las cárceles por «delitos» similares.”

Un relato que no convence

En medio de una crisis social y deterioro estructural del sistema eléctrico, la presencia del convoy es percibida por diversos sectores como un intento de construir un relato ajeno a la experiencia cotidiana de los cubanos.

Más que un gesto de solidaridad, diversos sectores interpretan la iniciativa como una operación de propaganda política. El espectáculo desplaza la escucha y una narrativa externa intenta imponerse sobre las vivencias directas de quienes atraviesan la crisis en la isla.

Las críticas al convoy revelan una fractura más amplia: la distancia entre las narrativas internacionales de la izquierda sobre Cuba y la experiencia concreta de quienes habitan el país.

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