¿Dónde está Ana María Borrero Pierra en la cultura cubana?

Periodista y asesora de las grandes casas de moda europeas, Ana María Borrero es una figura casi olvidada por la historia de la cultura cubana.

| Ensayo | Opinión | 30/04/2026
Ana María Borrero (La Habana, 1884-1947).
Ana María Borrero (La Habana, 1884-1947).

La familia de los Borrero Pierra reunió en su núcleo a diferentes figuras de relieve. Esteban Borrero Echeverría (1849-1906), padre fundador, dejó una huella profunda en la cultura insular del siglo XIX. Fue médico, pedagogo, narrador, ensayista, periodista que sostuvo relaciones con intelectuales, artistas y científicos de su tiempo. Figuras como Julián del Casal, Enrique José Varona, José Antonio Cortina y José Martí, entre otros, estuvieron presentes en la vida del autor de Cuentos de Navidad. Este libro, por cierto, es uno de los que abren el camino a la literatura para niños en Cuba.

En 1895, mientras estaba en el exilio, publicó un texto que organizó con su hija, la poeta Juana Borrero, y su hermano Manuel, al que llamaron Grupo de familia. Fueron, en efecto, una de las familias más cultas, finas y trágicas de la Cuba del XIX al XX.

La familia Borrero Pierra está cubierta también de un cierto halo de misterio que hace difícil el acercamiento y la reflexión cabal sobre ella. Nombres como los de Juana Borrero, la más conocida de las hijas de los Borrero Pierra, murió a los diecinueve años. No obstante, dejó una obra lírica extraordinaria y un epistolario (el que se ha salvado) imprescindible para conocer las redes culturales de la época. Pero lo más impactante de esta Borrero y que apenas se ha estudiado, es su pintura. Trazos tristes, fuertes, donde la muerte está presente, como si la joven hubiera sabido que iba a irse temprano… una pintura que adelanta la mirada que no tuvieron sus maestros de San Alejandro y que la convierte en una abanderada del modernismo.

La otra hermana conocida fue Dulce María Borrero de Luján, que vivió hasta entrada la República. Feminista vinculada a las luchas de las mujeres cubanas por sus derechos y parte importante de las polémicas generadas durante los dos primeros congresos de mujeres de la república, fue bibliotecaria y pedagoga.

Otras hermanas fueron Mercedes Borrero, de la que no hay registros ni documentación que permita hacer valoraciones, y Elena Borrero, que sí es mencionada en la Historia de la nación cubana, exactamente en el tomo VII. También escribió poesía y publicó en La Habana Literaria.

Hay referencias a una quinta hija cuyo nombre unas veces se consigna como Dolores y otras como Ana María, sin que haya consenso al respecto, como tampoco lo hay con las fechas de nacimiento. A esto se añade que en ocasiones se confunde a Dulce María Borrero con Ana María en cuanto oficio y vocación.

Hermanas Mercedes, Lola, Ana María, Dulce María, Consuelo, Elena y Juana Borrero.
Hermanas Mercedes, Lola, Ana María, Dulce María, Consuelo, Elena y Juana Borrero.

Ana María Borrero, figura casi desconocida de la cultura cubana

Lo cierto es que hubo una hija de este matrimonio llamada Ana María que tuvo una vocación por la moda, el periodismo y la cultura. Una hija de la que nada se dice en ninguna historia ni diccionario y que mantuvo correspondencia con Gabriela Mistral, por ejemplo, y que escribió sobre la moda como hecho político y cultural.

No parece haber datos precisos acerca de su fecha de nacimiento, pero quizás sí era más joven que Dulce María. Acerca de su muerte, solo he encontrado un dato que apareció en el periódico cubano Juventud Rebelde, en un artículo de 2005 titulado “Muertes insólitas”, donde se afirma lo siguiente:

A Ana María, una de las hermanas de Juana, la muerte la tomó por sorpresa. Cubría en México, como enviada especial de un periódico habanero, la visita a ese país del presidente norteamericano Harry S. Truman y perddió la vida apalastada por la muchedumbre de espectadores, en un motín circunstancial.
En Carteles, Vanidades, Ellas, Bohemia y en el Diario de la Marina… en casi todas las revistas y los periódicos cubanos había dejado Ana María Borrero su impronta. Estaba excepcionalmente dotada para hacer un poema de cada vestido de mujer.1

Cartas de Ana María Borrero a Gabriela Mistral

Carta de Ana María Borrero a Gabriela Mistral.
Carta de Ana María Borrero a Gabriela Mistral.

En la Biblioteca Nacional de Chile se conservan dos cartas de Ana María Borrero a Gabriela Mistral, ambas fechadas en 1943. La primera de estas misivas es de junio de ese año. Parece que hubo cartas anteriores por el tono ingenuamente familiar con el comienza: “Mi querida y tan admirada Gabriela Mistral”. Si no hubo cartas antes, la duda siempre quedará sobre si conoció a la Mistral en Cuba o fuera de ella.

La carta en sí misma mantiene ese matiz ingenuo, pero también en guardia, porque ambas han publicado sobre lo mismo. Pero la Borrero le advierte cómo ella prepara sus textos con meses de antelación, por tanto, no es un plagio lo que ha ocurrido, sino algo totalmente casual. Pero sí es evidente que se conocían personalmente:

Lo que me interesa decirle hoy es cuánta ha sido mi emoción en días pasados al encontrarme con que mi artículo “Buscando casa”, que le mando, salió en Vanidades el 1ero de mayo, y al día siguiente, día 2, sale en la Marina un pequeño apunte de usted, titulado “El jardín junto a la casa”, donde oh, coincidencia, dice Usted casi lo mismo que digo yo en mi artículo. Usted no podrá imaginar hasta dónde me ha impresionado el ver que he coincidido con Usted, en esa necesidad de verdor, que es hoy una real y positiva hambre de tierra […]. Y decir que hacía ya muchos meses que estaba yo ansiosa de escribirle, y al fin lo hice, y me fui a Usted como esas plantas que buscan el sol.2

El artículo publicado por la Borrero y que tituló “Buscando casa”, está dedicado al “Patronato Pro-Urbanismo, respetuosamente”. La autora con una prosa que destaca por un humor que posee no sólo una enorme carga de ironía, sino también de conocimiento y cultura, hace una fuerte crítica a las casas que se construyen para las familias obreras y de clase media pobre.

La autora señala cómo quienes han diseñado esas casas no tienen la menor idea de lo que es una familia y de sus necesidades de espacio y tiempo. Hace referencias a este tipo de construcciones y barrios en diferentes partes de Europa y cómo han devenido en zonas de peligrosidad y delincuencia por el tipo de diseño. La falta de espacio para vivir reduce, según la autora, el tiempo de descanso, de relaciones familiares, en fin, aniquila al ser humano. La carencia de patios no solo para colgar las ropas, sino también para tener plantas, color, verdor como algo tan necesario al hombre. ¿Qué hijos pueden crecer sanos en tales condiciones? La autora maneja la terminología del espacio, del urbanismo y el diseño habitacional con conocimiento cabal.

¿Cumplen las casas que se fabrican el objetivo que dio origen a eso, a la casa de vivienda? ¿Puede vivirse normalmente en las casas que se fabrican? ¿Puede trabajar en ellas el que quede en dentro? ¿Puede hallar descanso físico y moral en ellas el que vuelve exhausto de la calle? ¿Puede cocinar mañana y noche una persona sin sentarse ¿Pueden lavarse los platos en las puntas de los pies y extendiendo los brazos por encima de las hornillas? ¿Puede lavarse la ropa de la familia siempre, al sol o bajo la lluvia? ¿Puede vivirse sin tener en la casa un lugar donde colgar a secar un par de medias? ¿Puede mantenerse un cerebro normal entre dos radios a todo volumen?3

La segunda carta a la Mistral, Borrero la envió en diciembre, también de 1943. Quiero detenerme en el espacio que parece mediar entre una carta y otra. En la primera hay un tono que, más que ingenuo, es de respeto y afecto. Pero quizás Ana María Borrero desconocía el carácter de Gabriela Mistral. La autora de libros como Tala era sumamente ríspida y podía llegar a ser grosera. No más recordar el desplante que le hizo a su amiga Dulce María Loynaz, quien, con mucha razón, le puso el equipaje en la puerta de la casa.

Obviamente, la Mistral no conocía el trabajo de Ana María Borrero y no se molestó en leer su correspondencia. Eso se hace evidente en la otra carta que se conserva en el Archivo de Autor de la Biblioteca Nacional de Chile. Cuando desde la educación y decencia de sus raíces camagüeyanas la Borrero le escribe:

Yo no puedo pretender que Ud. lea cuanto he escrito. [...] Usted me dice que me forje una médula, o lo que yo creo entender, que me forje un propósito, una guía y lo siga. Yo he tenido dos grandes experiencias en mi vida de trabajo, y sin querer, esa experiencia, es la que se halla en el fondo de cuánto he escrito.4

La persona a la que Gabriela Mistral le pide que se haga un plan de vida para aprender a escribir es alguien que ya ha dejado una impronta como asesora de las grandes casas de moda europeas. La misma que ha creado talleres de costuras por todas partes del mundo para dar empleo a las mujeres menos favorecidas económicamente. La que ha impartido conferencias acerca de diversos temas no solo sobre la moda.

Una mirada a la moda como fenómeno cultural

Ana María Borrero tenía a su haber un trabajo también como periodista. Es cierto que no hay datos suficientes acerca de esta hermana de Juana Borrero, pero los que existen coinciden en advertir que se le considera una figura clave en el circuito de la moda europeo. Si se recuerdan las memorias de la escritora cubana Renée Méndez Capote, esta se refiere a la presencia de cubanas en los espacios de la moda en Europa.

Ana María Borrero Pierra formó parte de la famosa casa de modas parisense de Jean Patou. Fue su asesora y conectó a Patou con América. En su conferencia La crisis del lujo, dictada en el Lyceum y Lawn Tennis Club de La Habana, afirmó:

El propio Jean Patou, cierta vez, me preguntó asombrado: Pero qué es lo que ustedes pretenden? ¿Qué clase de vestidos esperan llevarse de París? Y se llegó a la fuerza a crear la doble colección; la de los compradores de América, y otra que se enseñaba en noviembre, a la que se llamó la colección parisiense.5

Y le refiere a la Mistral cómo su primera experiencia de vida fue salir de su casa a los 15 años a trabajar intensamente. Y añade:

Todos los éxitos, todos los dineros, todos los honores y satisfacciones que me han dado, no me compensan el hecho de no haber estado jamás en casa. Han nacido niños, se han muerto familiares, se ha sufrido, se ha reído y yo jamás he podido participar del palpitar diario del hogar.6

Su segunda experiencia, según le cuenta a Gabriela Mistral, estuvo centrada en el trabajo con las mujeres a las que ya me referí anteriormente. Y concluye su carta con afilada ironía: “No quiero lastimarle, pero cuando pienso en Gabriela Mistral en un Consulado, se me tuerce el corazón. La veo en la universidad, a la cabeza de un periódico, en la montaña o en la plaza pública, pero jamás firmando facturas. Pero así están de comprensivos los hombres”.

Buen cierre el de esta Borrero… tan Borrero y Pierra. No existen otras cartas de ella archivadas. ¿Dejaría de escribirle a la poeta chilena? ¿Le respondería ella? Son preguntas que quedan en el aire. Lo que sí es obvio que no fue solo la Loynaz quien puso en su lugar a Gabriela Mistral.

Aprovechó Ana María Borrero para enviarle una muestra de algunos de sus trabajos periodísticos. Uno de esos textos fue “El superobrero contra el perfecto empleado”, donde analiza cómo el trabajo fabril ha intentado reducir el hombre al personaje chaplinesco de Tiempos Modernos. Y con su ya mencionada ironía y sentido del humor dice: “Si hubiese existido ese símbolo de la decadencia espiritual, el Reloj de Entrada y Salida, cuando se levantaron las pirámides, no hubieran estas sobrevivido cargadas de misterio y de fuerza a través de los siglos”.7

Su conferencia “La crisis del lujo” está centrada en el impacto de la Segunda Guerra Mundial en el terreno de la moda. La ocupación de Francia por las tropas alemanas destruyó todo el espíritu de un mundo que tenía entre sus ejes la creación de la elegancia femenina:

Por primera vez en largo tiempo el mundo quedaba separado de su cerebro como un decapitado sin rumbo. El armario repleto de vestidos de París nos parecía un nido de fantasmas, y, cosa insólita, las vanidades se habían hecho trizas y los antiguos ídolos se habían convertido en polvo. Lo único que había quedado en pie, capaz de salvarnos, era una soledad inmensa.8

El cambio de las relaciones temporales y su impacto en la vida de los hombres borraron las fronteras entre la muerte y la vida. Pero la Borrero también advierte que lo frívolo, lo banal, adquiere ahora otra dimesión: la del sentimiento de culpabilidad. Esto tocaba la moda y se desplazaba hacia un espacio más profundo. La conferencista dice:

Si en siete días ha sido posible invadir y conquistar naciones enteras, es indudable que el concepto de semana ha dado un vuelco inverosímil. Y si en el par de horas que empleamos en colocarnos seis uñas postizas o un juego fresco de pestañas, en dos horas pueden exterminarse millares de seres humanos, destruirse cosechas, echar al suelo los más preciosos monumentos de los siglos, significa sin ningún género de dudas que en un par de horas pueden tener un valor extraordinario según se las use.9

Al hablar de la moda, no la vio como algo meramente frívolo, sino condicionada histórica y culturalmente. También advirtió que los cambios políticos y económicos influyen en las fluctuaciones del mercado de la moda. La moda era, entonces, un producto cultural y antropológico.

Ana María Borrero, el feminismo y la memoria cultural cubana

Otro de los sutiles cambios sufridos con la Segunda Guerra Mundial es que los conceptos de hombre y mujer también se están esfumando ante el imperativo de saberlos a ambos seres humanos, con iguales responsabilidades e idénticos riesgos:

Si las mujeres de esta época han sido capaces de poblar trincheras y fortalezas, de apagar incendios, guiar aviones y fabricar balas, quiere decir también que “la fragilidad femenina” es cosa del pasado. La nueva elegancia, como el nuevo sentido de la responsabilidad, estarán medularmente ligados a este más amplio concepto del valor del tiempo y del ser humano.10

¿Dónde está, pues, Ana María Borrero en la historia de la cultura cubana, o en la historia de la moda, si es que la hay? ¿Por qué no volver sobre sus pasos y darle el lugar que le corresponde en la cultura de la la nación? El feminismo fundamentalista y la mediocridad han hecho mucho daño a la memoria cultural de una isla que cada vez se ve más fragmentada en sus saberes y en su historia.

Familia Borrero.
Familia Borrero Pierra.

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1 “Muertes insólitas”, en: Juventud Rebelde, domingo 5 de abril de 2005.

2 Carta de Ana María Borrero a Gabriela Mistral del 13 de junio de 1943. Documento 2934.1 (Manuscrito) en: Biblioteca Nacional de Chile.

3 Ana María Borrero: “Buscando casa”, publicado en la revista Vanidades, La Habana, el 1 de mayo de 1943.

4 Carta de Ana María Borrero a Gabriela Mistral del 12 de diciembre de 1943. Documento 2935.1 (Manuscrito) en: Biblioteca Nacional de Chile.

5 Ana María Borrero: La crisis del lujo. Conferencia en el Lyceum y Lawn Tennis Club el 7 de mayo de 1942. Imprenta La Verónica, La Habana, 1942. pp. 12-13.

6 Ibídem.

7 Publicado en la revista Vanidades el 15 de junio de 1943.

8 Ana María Borrero: La crisis del lujo, ed. cit., p. 22.

9 Ibíd., p. 28.

10 Ibíd., pp. 36-37.

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